Publicado el viernes 25 de febrero de 2005 - Edición No. 776 | Inicio | e-mail | Foros | Favoritos | Buzón | ? |
Secciones  
Sólo para ellas
Sólo para ellos
Ventana abierta
La vida en fucsia
Esta semana
Rostros
Finanzas
Belleza
Salud
Lista de Ellas
Diario de mamá
Moda
Evento
De la cocina
Horóscopo
Ediciones anteriores
Suplementos  
Martes Financiero
Pulso de la Nación
Recetario
AprendoWeb
LA VIDA EN FUCSIA

Despedida de soltera

Esther M. Arjona

PUBLICIDAD

¿Quién inventó las despedidas de soltero? A saber. Lo cierto es que en un principio, una despedida de solteros y una de solteras tenían funciones muy diferentes:

Los hombres llevaban a su amigo a aquella última noche de desahogo en la que podría divertirse, beber como un cosaco y si había oportunidad, tener un encuentro con una mujer hermosa (contratada específicamente para eso).

En cambio, para la futura esposa, la situación era diametralmente opuesta: la reunión era usualmente en casa de alguna tía y toda la parentela femenina (sobre todo las casadas y con experiencia), se reunía para darle consejitos útiles a la jovencita, sobre cómo llevar su nueva vida. Luego de eso, era de rigor abrir los regalitos y por supuesto, tomar té.

Ha pasado el tiempo y ya ninguna de estas versiones originales –me atrevo a decir– son las más populares. Sin embargo, de todo hay. Algunos hombres siguen con la costumbre de beberse todo el bar, unos se concentran en la compañía femenina (no necesariamente pagada) y otros prefieren reunirse a ver el juego de fútbol, o la pelea de turno o jugar dominó sin que las mujeres los interrumpan (cosas de hombres). Pero estamos desviándonos del tema. Vamos a ocuparnos del que nos interesa: las despedidas de solteras.

En la actualidad, son muy variadas, hasta la fecha no he ido a dos iguales. Unas son reuniones familares donde se llevan a cabo largas conversaciones con todas las tías y el resto de la parentela de la novia. Sirven unos bocadillos deliciosos y los postres son una cosa del más allá. No hay presiones de participación. La idea es sencillamente pasar un rato de lo más agradable y escuchar a la novia hablar sobre sus planes futuros.

Otras prefieren celebrar la ocasión en una pequeña sala de hotel, allí no hay que preocuparse por nada, todo el servicio está incluido. Se saludan a las viejas amistades, se conocen nuevas y claro, se hacen esos jueguitos que pocas disfrutan. Mientras unas se mantienen con el tradicional té, otras prefieren pasar la velada con un coctelito (esos que sirven con paraguas) o sencillamente con el licor que esté a mano.

Las más atrevidas (y no hablo de las novias sino de las organizadoras) alquilan habitaciones de hotelitos discretos y allí organizan un espectáculo a lo “Chippendale’s”, solo que no esperen ver a los chicos guapos que se presentan en Las Vegas. La realidad podría ser un poco diferente.

Pero lo cierto es que aunque el encargado de la diversión a veces no dé la talla, ninguna de las presentes dejará de gritar, ya sea alentando al bailarín de ropas ligeras a aligerarse más o por tratar de escapar de una situación embarazosa.

Algunas se deciden por una actividad abierta y terminan celebrando los últimos días de su soltería con todos sus amigos –mujeres y hombres– en la pista de baile de una disco, o pueden también invitar a unas expertas en consejos de aquellos que mencioné al principio. Barbie y La Belleza, (conocidos travestis) les dirán hasta lo que no quieren oír. Con ellas podrían reír hasta el día siguiente.

Sí, las despedidas de solteras pueden ser muy variadas, pero todas tienen algo en común: son reuniones de mujeres que muestran su apoyo a una futura esposa en su nuevo proyecto de vida. Son una manera de decir “puedes contar conmigo cuando lo necesites”, ya sea con una receta de cocina, la dirección de la tienda de lencería, un efectivo quitamanchas o la fórmula para que un día te rinda 36 horas.

Para las casadas, es una forma de dar la bienvenida a esa nueva etapa llena de retos, responsabilidades y aventuras y para las solteras, la forma más efectiva de decir, te vamos a extrañar, pues aunque sigas en el mismo empleo y no te mudes de ciudad, muchas cosas van a cambiar, pero esperamos que disfrutes tanto de esta nueva etapa como lo hiciste de tus gloriosos días de soltera.



 
Corporación La Prensa - Todos los Derechos Reservados 2003