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Despedida de soltera
Esther M. Arjona
¿Quién inventó las
despedidas de soltero? A saber. Lo cierto es que en un principio,
una despedida de solteros y una de solteras tenían funciones muy
diferentes:
Los hombres llevaban
a su amigo a aquella última noche de desahogo en la que podría
divertirse, beber como un cosaco y si había oportunidad, tener
un encuentro con una mujer hermosa (contratada específicamente
para eso).
En cambio, para la
futura esposa, la situación era diametralmente opuesta: la reunión
era usualmente en casa de alguna tía y toda la parentela femenina
(sobre todo las casadas y con experiencia), se reunía para darle
consejitos útiles a la jovencita, sobre cómo llevar su nueva vida.
Luego de eso, era de rigor abrir los regalitos y por supuesto,
tomar té.
Ha pasado el tiempo
y ya ninguna de estas versiones originales –me atrevo a decir– son
las más populares. Sin embargo, de todo hay. Algunos hombres siguen
con la costumbre de beberse todo el bar, unos se concentran en
la compañía femenina (no necesariamente pagada) y otros prefieren
reunirse a ver el juego de fútbol, o la pelea de turno o jugar
dominó sin que las mujeres los interrumpan (cosas de hombres).
Pero estamos desviándonos del tema. Vamos a ocuparnos del que nos
interesa: las despedidas de solteras.
En la actualidad,
son muy variadas, hasta la fecha no he ido a dos iguales. Unas
son reuniones familares donde se llevan a cabo largas conversaciones
con todas las tías y el resto de la parentela de la novia. Sirven
unos bocadillos deliciosos y los postres son una cosa del más allá.
No hay presiones de participación. La idea es sencillamente pasar
un rato de lo más agradable y escuchar a la novia hablar sobre
sus planes futuros.
Otras prefieren celebrar
la ocasión en una pequeña sala de hotel, allí no hay que preocuparse
por nada, todo el servicio está incluido. Se saludan a las viejas
amistades, se conocen nuevas y claro, se hacen esos jueguitos que
pocas disfrutan. Mientras unas se mantienen con el tradicional
té, otras prefieren pasar la velada con un coctelito (esos que
sirven con paraguas) o sencillamente con el licor que esté a mano.
Las más atrevidas
(y no hablo de las novias sino de las organizadoras) alquilan habitaciones
de hotelitos discretos y allí organizan un espectáculo a lo “Chippendale’s”,
solo que no esperen ver a los chicos guapos que se presentan en
Las Vegas. La realidad podría ser un poco diferente.
Pero lo cierto es
que aunque el encargado de la diversión a veces no dé la talla,
ninguna de las presentes dejará de gritar, ya sea alentando al
bailarín de ropas ligeras a aligerarse más o por tratar de escapar
de una situación embarazosa.
Algunas se deciden
por una actividad abierta y terminan celebrando los últimos días
de su soltería con todos sus amigos –mujeres y hombres– en la pista
de baile de una disco, o pueden también invitar a unas expertas
en consejos de aquellos que mencioné al principio. Barbie y La
Belleza, (conocidos travestis) les dirán hasta lo que no quieren
oír. Con ellas podrían reír hasta el día siguiente.
Sí, las despedidas
de solteras pueden ser muy variadas, pero todas tienen algo en
común: son reuniones de mujeres que muestran su apoyo a una futura
esposa en su nuevo proyecto de vida. Son una manera de decir “puedes
contar conmigo cuando lo necesites”, ya sea con una receta de cocina,
la dirección de la tienda de lencería, un efectivo quitamanchas
o la fórmula para que un día te rinda 36 horas.
Para las casadas,
es una forma de dar la bienvenida a esa nueva etapa llena de retos,
responsabilidades y aventuras y para las solteras, la forma más
efectiva de decir, te vamos a extrañar, pues aunque sigas en el
mismo empleo y no te mudes de ciudad, muchas cosas van a cambiar,
pero esperamos que disfrutes tanto de esta nueva etapa como lo
hiciste de tus gloriosos días de soltera.
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