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Envejecer o vejez
José Canto A.
joseca@cwpanama.net
El envejecimiento de una población es considerado tanto un signo como un resultado del desarrollo económico y social de un país.
No hay unidad de criterios en torno al envejecimiento entre las Naciones Unidas, que considera los 60 años de edad como el inicio de la ancianidad, y otras organizaciones como la OMS (Organización Mundial de la Salud) o su paralela OPS (Organización Panamericana de la Salud) que la establece a partir de los 65 años. Este último límite, tan arbitrario como otros, es el que ha sido comúnmente aceptado en las sociedades occidentales y tiene profundo impacto en toda la ideología o enfoque relativo a planes y programas estatales de pensiones, retiro laboral, servicios para las personas mayores y demás.
La moderna concepción dinámica del envejecimiento humano concibe esta etapa de la vida, no como un período definido en el tiempo, sino como un proceso. Por eso es mejor, a juicio de los expertos, hablar de envejecimiento o envejecer antes que de “vejez”. Hablar de vejez hace caso omiso del concepto de proceso, de algo continuo que conlleva cambios biológicos, psicológicos y sociales que exigen un enfoque multidisciplinario, y por otra parte, dicha noción nos puede inducir a creer que una vez hemos llegado a dicho punto, pues no pasa nada más y solo resta esperar, como escribió Shakespeare, “el acto final”.
Uno de los indicadores más utilizados en el análisis de las tendencias demográficas de un país es el índice de envejecimiento, que resulta de dividir el número de personas con 60 o más años entre los que no alcanzan la edad de 15 años. Valores por encima de 0.5 corresponden a poblaciones en proceso de envejecimiento y si son superiores a 0.6 la población está envejecida. Panamá aún no tiene una población envejecida, pero va camino a ello, según los expertos.
Según la OMS, la vejez podría definirse a partir de la edad en la que la esperanza de vida libre de discapacidades alcance un determinado número de años. Este concepto de vejez corre paralelo a lo que se entiende por "edad funcional" determinada por la capacidad de adaptación del individuo a los requerimientos necesarios para desenvolverse de manera autónoma en la vida.
En nuestro país, la jubilación, el retiro laboral, está plagado de concepciones negativas. Muchos piensan que si estás jubilado ya no debes trabajar; que es obligatorio que te quedes en casa cuidando perros , pericos o a los nietos. Pero lo cierto es que muchos “jubilados” pueden, quieren y necesitan trabajar por razones sociales, económicas y psicológicas. Muchas de estas personas jubiladas pierden calidad de vida al ver repentinamente disminuidos sus ingresos, al tener que cambiar su estilo de vida, al perder los ambientes sociales en que funcionaban, al percibir la disminución de funciones y roles sociales, al tener que reestructurar su tiempo sin haberse preparado para ello. Envejecer es algo muy personal y todos lo hacemos de forma diferente.
Nuestras recomendaciones fundamentales, sin soslayar otras, ante estas realidades, serían las siguientes:
1- Si tiene 18 años y ha empezado a trabajar o si ya terminó su formación y es un profesional con 24 ó 26 años; pues empiece a pensar que debe ahorrar, invertir dinero para asegurar su jubilación, pues aún le falta trabajar mínimo 40 años hasta jubilarse o pensionarse con el sistema de jubilación estatal; si antes, claro, gracias a su trabajo, previsión o ingenio no se retira y se dedica a trabajar en lo que le gusta o decidió hacer como “independiente”.
2- Haga un buen presupuesto, ajústese a él y busque cómo puede incrementar sus ingresos, reducir razonablemente sus gastos de vida diarios, controlar sus deudas y formar un capital que luego sumará a todo lo que haya acumulado para jubilarse.
3- Piense en comprar un plan privado de jubilación y sígale mes a mes la pista a empresa que le vende el plan. Averigüe dónde y cómo están invirtiendo el dinero que usted le entrega mes a mes.
Si ya usted pasó de los 50 años, busque un plan privado de jubilaciones, piense en ahorrar más, en no endeudarse innecesariamente. Piense más en usted y en su pareja, y un poquitín menos en sus hijos. Usted no tiene que matarse para dejar una herencia a sus hijos. Su mejor herencia sería la educación que les facilitó, los principios, creencias y el espíritu emprendedor que les logró inculcar de niños. Después de todo, usted no siempre la tuvo fácil. Deje que ellos luchen por lo suyo y no se angustie tanto. Viva y disfrute luego su vida, habiendo tomado las previsiones del caso.
• EL AUTOR ES ASESOR FINANCIERO PERSONAL
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