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Novio escondío
Ileana Pérez Burgos
Las chicas fucsia somos muy discretas,
discretísimas... Ni nos enteramos cuando una anda medio enamorada. De vez
en cuando notamos que el rubor dura más en las mejillas o que el guardarropa
fue renovado y con colores vivos, y cómo no notar los ramos de flores o
el bronceado consecuencia de la escapada de fin de semana de la que no se habla...
Uhhhhh, gozamos el misterio y cuando pillamos pistas le gritamos a la sonrojada:
“Tú como que andas enamorada”.
Por estos días han saltado por allí rumores de que hubo o hay novios
escondíos. Mmm... Así que el otro día invité a una
de las fucsia —ni me tuerzan el brazo, no diré cuál—
a tomar un capuchino para que me hablará del tapao.
Entre
sorbo y sorbo, pregunté de todo, como buena periodista, y todo pinta bien,
con sus toques de pimienta. Pero fue en el momento en que ella me dijo que estaba
“muerta de miedo”, que abrí los ojos, solté el sonrisón
y pensé “¡Wao!”, entonces esto sí vale la pena.
Estoy convencida de que cuando sentimos miedo de que funcione o no, de equivocarnos
otra vez, de sufrir, de lo nuevo, de enamorarnos, entonces es que la cosa se pone
buena, o viene una gran lección que nos reenfocará la vida, o viene
un gran amor.
Y ese miedo es la principal razón por la que “escondemos” a
algunos marchantes. Lo sabrá la amiga inmediata, pero ni el combo de friends
ni la gente en la oficina ni los papás —esos menos— saben que
“estamos saliendo”. Es como que de pronto te encontraste con una receta
totalmente nueva y deliciosa, pero que no estás del todo segura que saldrá
bien. Tiene ingredientes que nunca pensaste que te gustarían pero resulta
que te encantan, y también notas que hay otros que creías importantes
que no lo son tanto. Bates las emociones, saboreas las nuevas especias, el estómago
se encoge... pruebas y pruebas la receta a solas hasta que estás convencida
de que sí te gusta, de que sí te sale bien, de que sí impresionará
a las personas que te quieren y entonces la sacas de la cocina a la mesa, bien
acompañada por ti. ¡Tarán!
No creo que este modus operadi sea común, pero es el estilo de las tres
fucsias, se acelera el corazón y aún así seguimos calladitas
como los conejos. Hay una que ya está comenzando a sacarle las gafas oscuras
a su galán. Lo presentó a las amigotas —big step— y
ya tiene nombre. En esas también anda Sonia, pluma invitada de esta columna,
que niega “tener novio” pero me la he encontrado bien acompañada
en cenas y conciertos, y cuando le preguntas por el hombre-guapo-en-cuestión,
responde “ah, el mito”. Mmm... Me late que ese de mito no tiene nada.
A que si lo pellizco chilla, porque es de carne y hueso.
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