Publicado el viernes 11 de noviembre de 2005 - Edición No. 821 | Inicio | e-mail | Foros | Favoritos | Buzón | ? |
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Cuatro décadas de ballet

La escuela de danza de la bailarina Teresa Mann cumple 40 años. Ella se siente satisfecha pero no muy optimista sobre el futuro del ballet en Panamá.Ileana Pérez Burgos

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¿Qué ha cambiado en el ballet en estos 40 años?

Lastimosamente tengo que decir que ha sido para peor. Yo soy muy terca y eso me sirvió mucho y mientras más la gente me dice que no se puede, yo digo que sí: ‘yo me voy a quedar aquí y para bailar necesito otras personas que bailen”. La Escuela Nacional de Danza, que se fundó en el 48, en la época de Cecilia Pinel de Remón, tuvo una época dorada y de allí salió un montón de gente que bailaba bien, y esta gente andaba flotando y yo pensé vamos a unirnos, vamos a hacer algo en serio y resultó. Ese fue el inicio del Ballet Nacional de Panamá, después conseguimos el apoyo oficial que yo pensé que iba a ser la salvación para la compañía, pero no ha sido, aunque al menos existe. En esa época el nivel artístico estaba muy bueno, y después poquito a poco fue decayendo. Ahora me parece que está surgiendo un poquito con la directora que tienen, pero considerando los comienzos que tuvo ya debería ser una compañía de ballet de primera y debería haber mucho, mucho más apoyo.

¿Qué opina de las nuevas compañías de danza como Momentum y Gramo Danse?

He tenido menos relación con Gramo Danse porque comenzó con las hermanas Newsamm que las conozco bien y sé que han trabajado con mucha seriedad. Pero las de Momentum estuvieron tan cerca de mí aquí (se formaron en su escuela), son casi como hijas mías, son peores que yo porque trabajan con mucha seriedad y mucha disciplina y lo que más me sorprende -y esto es a favor de Panamá, de que sí se pueden hacer las cosas- es que esas muchachas entrenan hasta las 10:00 de la noche todos los días y allí están.

¿Fue difícil tomar la decisión de dejar de bailar?

Para mí fue muy fácil. La vida tiene sus etapas. Yo tenía la escuela y me gustaba más enseñar, sobre todo dirigir presentaciones y ya no quería bailar. Tomé la decisión en una presentación específica que decidí que iba a ser mi última, pero no le dije a nadie por si acaso me arrepentía. Pero ese día yo me acuerdo que estaba en el camerino y me estaba poniendo las pestañas falsas, que es un plomo, y pensé: ‘no voy a hacer esto más nunca en mi vida, qué alivio’, y así fue.

¿Qué falta por cambiar?

A pesar de aquí en Panamá hay un Ballet Nacional la gente no entiende eso, piensan que es lo mismo que una escuela. No entienden que esto es una profesión, ningún padre de familia quiere que sus hijas y mucho menos sus hijos bailen ballet. El sueño mío era tener un grupo que bailara aquí afiliado a la escuela a otro nivel y con miras a poder hacer una compañía, pero eso lo veo imposible por un buen rato por lo menos.



 
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