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Cuatro décadas de ballet
La escuela de danza de la bailarina Teresa
Mann cumple 40 años. Ella se siente satisfecha pero no muy optimista sobre el
futuro del ballet en Panamá.Ileana Pérez Burgos
¿Qué
ha cambiado en el ballet en estos 40 años?
Lastimosamente tengo que decir
que ha sido para peor. Yo soy muy terca y eso me sirvió mucho y mientras
más la gente me dice que no se puede, yo digo que sí: ‘yo
me voy a quedar aquí y para bailar necesito otras personas que bailen”.
La Escuela Nacional de Danza, que se fundó en el 48, en la época
de Cecilia Pinel de Remón, tuvo una época dorada y de allí
salió un montón de gente que bailaba bien, y esta gente andaba flotando
y yo pensé vamos a unirnos, vamos a hacer algo en serio y resultó.
Ese fue el inicio del Ballet Nacional de Panamá, después conseguimos
el apoyo oficial que yo pensé que iba a ser la salvación para la
compañía, pero no ha sido, aunque al menos existe. En esa época
el nivel artístico estaba muy bueno, y después poquito a poco fue
decayendo. Ahora me parece que está surgiendo un poquito con la directora
que tienen, pero considerando los comienzos que tuvo ya debería ser una
compañía de ballet de primera y debería haber mucho, mucho
más apoyo.
¿Qué
opina de las nuevas compañías de danza como Momentum y Gramo Danse?
He tenido menos relación con Gramo Danse
porque comenzó con las hermanas Newsamm que las conozco bien y sé
que han trabajado con mucha seriedad. Pero las de Momentum estuvieron tan cerca
de mí aquí (se formaron en su escuela), son casi como hijas mías,
son peores que yo porque trabajan con mucha seriedad y mucha disciplina y lo que
más me sorprende -y esto es a favor de Panamá, de que sí
se pueden hacer las cosas- es que esas muchachas entrenan hasta las 10:00 de la
noche todos los días y allí están.
¿Fue difícil tomar la decisión
de dejar de bailar?
Para mí fue muy fácil. La vida tiene
sus etapas. Yo tenía la escuela y me gustaba más enseñar,
sobre todo dirigir presentaciones y ya no quería bailar. Tomé la
decisión en una presentación específica que decidí
que iba a ser mi última, pero no le dije a nadie por si acaso me arrepentía.
Pero ese día yo me acuerdo que estaba en el camerino y me estaba poniendo
las pestañas falsas, que es un plomo, y pensé: ‘no voy a hacer
esto más nunca en mi vida, qué alivio’, y así fue.
¿Qué falta por cambiar?
A pesar de aquí en Panamá hay un
Ballet Nacional la gente no entiende eso, piensan que es lo mismo que una escuela.
No entienden que esto es una profesión, ningún padre de familia
quiere que sus hijas y mucho menos sus hijos bailen ballet. El sueño mío
era tener un grupo que bailara aquí afiliado a la escuela a otro nivel
y con miras a poder hacer una compañía, pero eso lo veo imposible
por un buen rato por lo menos.
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