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Hasta los huesos
El problema de la anorexia azota a muchas
mujeres, víctimas de una enfermedad que parece nunca poder exterminarse. Elke
Silberer 1 DPA
Claudia
conoce todos los trucos para esconder su comida. Claudia sufre de anorexia. Mide
1.70 metro y en sus peores épocas ha llegado a pesar 37 kilos, mucho más
cerca de la muerte que de la vida.
La joven tiene 20 años y terminó recientemente los estudios de secundaria.
Acaba de enamorarse y piensa en lo que va a estudiar, quizá turismo. Pero
sabe lo rápido que pueden desvanecerse sus sueños a causa de su
deseo de adelgazar.
“Cuando empiezo a bajar de peso, no puedo parar”, confiesa.
“Casi todas las niñas hacen dieta alguna vez. Pero un 1% de las que
tienen entre 14 y 19 años es anoréxica”, asegura la psicóloga
alemana Beate Herpertz- Dahlmann, especializada en niños y jóvenes.
Por lo general las chicas son las más afectadas y los científicos
creen que puede haber causas genéticas de la enfermedad, aunque no se sabe
qué es lo que activa ese gen.
Llama la atención el cuadro tan parecido que muestran las pacientes: tienen
falta de autoestima, son miedosas, temen a los conflictos, se adaptan y muestran
problemas psicológicos.
“Pero muchos adolescentes tienen problemas psicológicos, y no todos
se vuelven anoréxicos”, señala Herpertz-Dahlmann, por lo que
los expertos creen que se trata de una combinación de factores.
Cuando Claudia enfermó, pasaba por una época muy mala. A los 15
años era una deportista de competición y tras una pelea con el entrenador
decidió abandonar.
Como ya no hacía deporte, empezó a engordar, por lo que se puso
a dieta. Y al final ya no quería comer. “Todos me decían que
estaba enferma. Pero yo pensaba que eran estupideces”, asegura, y añade
que se seguía viendo gorda pese a su bajo peso.
Cuando no era más que piel y huesos, terminó en el hospital, y a
continuación en la consulta psicológica juvenil, un lugar al que
no quiere volver. Hoy está en una vivienda comunitaria para jóvenes
anoréxicas, en su ciudad, y debe comer seis veces al día.
Al principio tenía que volver todas las veces del instituto y comer bajo
supervisión. El año pasado, Claudia subió 25 kilos. “Me
odio por todo lo que como”, explica, y mira con melancolía una foto
desde la que mira a la cámara esquelética y con unos ojos oscuros.
“Yo me veo guapa así”, asegura.
Un 70% de las jóvenes se cura, según Herpertz-Dahlmann, pero es
necesaria una terapia psicológica con la familia además de los esfuerzos
para que las chicas suban de peso. Los expertos tienen una regla de oro: cuanto
más larga la enfermedad, más larga la terapia. Pero incluso años
más tarde puede haber recaídas.
“Ya no tengo esperanzas de estar sana”, afirma Claudia. Porque el
deseo y la tentación de bajar de peso son muy grandes. Pero sabe que cuando
empieza con la dieta ya no puede parar. Y tiene miedo de tener que dejar la vivienda
compartida porque ha superado el límite de edad para permanecer allí.
Tiene depresiones y a veces piensa en suicidarse, pero quiere vivir: “Quiero
vivir bien pese a esta enfermedad”.
>Un desorden alimentario
Las personas con desórdenes alimentarios, como anorexia y bulimia, muestran
diversos síntomas. Sin embargo, todas tienen un denominador común:
la comida se ha convertido en un problema para ellas que va asociado a consecuencias
físicas, mentales y sociales.
Las causas de la anorexia nerviosa y la bulimia pueden ser la presión para
tener éxito, el sometimiento, o problemas familiares o de pareja.
Los desórdenes alimentarios son considerados una enfermedad “típicamente
femenina”, pero cada vez más hombres están desarrollando los
síntomas.
La mayor parte de las cifras que se manejan son solo estimaciones, pero los especialistas
hablan de cientos de miles de afectados.
Aproximadamente 100 mil personas de 35 años o menos tienen anorexia y entre
un 10% y 15% de los enfermos mueren a causa de esta enfermedad, caracterizada
por la extrema delgadez, la sensación del paciente de que está gordo,
el comer muy lentamente y de forma restrictiva y un exceso de práctica
de deporte.
La anorexia aparece sobre todo entre los 14 y los 18 años. A los afectados
les lleva tiempo admitir su problema y suelen tener una fuerte negación.
En Alemania, donde se hizo el estudio, unas 600 mil jóvenes y mujeres tienen
bulimia. En su caso experimentan ataques de hambre al menos dos veces a la semana,
a menudo todos los días, que duran entre 15 minutos y cuatro horas. Una
vez pasados los atracones, los pacientes se provocan el vómito para no
engordar.
Otro desorden alimentario es el atracón. Se diferencia de la bulimia en
que no es seguido de intentos por bajar de peso mediante el deporte, dietas, el
vómito autoprovocado o el uso abusivo de laxantes. En este caso, se trata
de personas que suelen tener problemas de obesidad.
La anorexia nerviosa y la bulimia, así como otros trastornos alimentarios,
pueden prevenirse precozmente.
• La autora es presidenta de la
Fundación Psoriasis de Panamá
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