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Voces centroamericanas
Teresa Anta San Pedro
Vino a Panamá como jurado del concurso
Ricardo Miró, y terminó afirmando aún más su admiración
por las letras centroamericanas, sobre todo por el trabajo de las mujeres.Ileana
Pérez Burgos
“Su primer encuentro con Centroamérica
fue en 1993, cuando fue invitada al Congreso
Internacional de Literatura Centroamericana (CILCA) en El Salvador.
“Quedé tan impresionada y me molestó tanto que el resto del
mundo no conociera esa literatura que he decidido dedicarme a Centroamérica”,
cuenta Teresa Anta San Pedro, doctora especialista en literatura hispanoamericana
del siglo XX.
Cuando Teresa dice dedicarse, de verás lo ha hecho. Ha incluido escritores
centroamericanos en los cursos que enseña en el College of New Jersey,
y también en las conferencias que dicta en Europa y América. Se
hizo miembro de la organización europea Los Hispanistas, que se dedica
a la cultura hispanoamericana, y logró que esta incluyera paneles sobre
las letras centroamericanas en sus congresos.
“Tuve
que luchar enormemente porque me lo rechazaron. Escribí al presidente del
Congreso, hablé con él y hemos tenido cuatro paneles dedicados a
la literatura centroamericana”, cuenta esta crítica literaria.
Ella estuvo en Panamá el mes pasado como jurado de la sección de
ensayo del concurso Ricardo Miró. Era su segundo viaje, el anterior había
sido para otro encuentro de CILCA donde dedicó su conferencia a Consuelo
Tomás. Su gran pasión dentro la literatura de esta región
son las voces femeninas.
Lo que ellas
dicen
Teresa comenzó leyendo a la poeta nicaragüense Cristian Santos. Luego
escribió sobre Ana María Rodas. “Nunca había visto
una poesía tan abierta, una poesía que realmente se apoderaba del
lenguaje masculino”, comenta de la poeta guatemalteca. Sus escritos sobre
las poetas centroamericanas han ido calando en su natal España, en otros
países de Europa y también en Estados Unidos, donde reside. Al punto
que la poesía de Rodas ya ha sido traducida al alemán y al inglés.
Luego escribió sobre Carmen Naranjo, de Costa Rica, y Consuelo Tomás,
de Panamá.
“Hay un poemario en especial que a mí me ha atraído muchísimo
porque nunca he visto nada semejante”, dice de la obra de Consuelo. “En
ese poemario le canta a lo feo pero con una belleza impresionante y con una sensibilidad
que yo nunca había visto antes”.
Por
ello, está intentando conseguir la publicación de un libro sobre
la obra de Tomás “porque se lo merece”.
¿Qué tiene de particular la voz de las centroamericanas? ¿Qué
las hace diferente al resto y tan cautivantes? La critica literaria afirma que
“la franqueza” sobre todo cuando las escritoras se refieren al sexo.
“Hablar abiertamente de la relación sexual, hablar abiertamente de
la anatomía de la mujer, como decimos en España ‘sin pelos
en la lengua’. Eso no es muy común, incluso en Estados Unidos hay
un puritanismo impresionante”.
Anta San Pedro agrega que no sabe con certeza a qué se debe esa apertura.
Por un lado cree que, según le han expresado algunas escritoras, ayudó
la revolución nicaragüense que si bien no logró mejorar la
condición del país, sí liberó a las mujeres y ese
espíritu se contagió a los otros países de la región.
Por otro lado, considera que la mujer ha alcanzado un grado de madurez particular.
“Han llegado a la conclusión muy sabia de que la mujer no tiene por
qué avergonzarse de nada, de que su cuerpo es tan bello o más bello
que el del hombre y que hay que cantarle a ese cuerpo y que hay que cantarle a
esa sexualidad y hacerlo abiertamente, igual que lo ha hecho el hombre”,
comenta. “¿Por qué la mujer tiene que ser siempre la inspiración
y no la creadora?”.
Teresa también ve en las escritoras mujeres un grado de compromiso mayor
hacia la sociedad. “A mí me parece que la mujer es mucho más
sensible a la problemática que existe en Centroamérica en cuanto
a la niñez, la juventud, la violencia familiar. Yo veo que hay una relación
muy grande de la mujer con esa sociedad en la que vive”.
Su justo lugar
Anta
San Pedro ha enfocado su trabajo en las mujeres, aunque aclara que los hombres
le parecen encantadores y está felizmente casada. Pero considera que a
la mujer todavía no se la da su espacio justo, y ella sencillamente trata
de procurárselo en la rama que conoce mejor: las letras.
“Primeramente por hacerle justicia y porque me molesta la forma en que el
hombre ha creado la imagen de la mujer. Por ejemplo, hay un escritor al que todos
admiramos, yo no le quiero quitar el mérito, Gabriel García Márquez,
sin embargo su caracterización de los personajes femeninos me molesta muchísimo.
Sus mujeres son el estereotipo femenino que ha sido creado por los hombres a través
de los siglos y no se ha salido de ese encasillamiento”. Así lo expresó
en una conferencia en Bogotá que causó escándalo. Hasta las
feministas saltaron enojadas con ella.
“Ahora la mujer se está apoderando de la pluma y está diciendo
‘no, no es verdad esto, es algo que nos habéis creado”, afirma.
“Además me parece que la mujer si no hace algo se ofrece como víctima...”.
Actualmente, Teresa está trabajando para traer a la luz a otro olvido de
la literatura latinoamericana, “la presencia africana”.
“Un grupo totalmente marginado de la literatura y de la historia universal
en todos los aspectos ha sido el negro”, dice la crítica literaria.
Por eso, ha creado un curso que está dictando en este momento sobre la
literatura afrohispanoamericana.
Además, acaba de publicar un libro en Guatemala titulado El porvenir de
los recuerdos de las desdibujadas criaturas de Elena Garro, sobre la intención
de esta escritora de mostrar que la mujer no puede ser encasillada en una fórmula.
También está trabajando en un volumen de teatro sobre dramaturgas
centroamericanas.
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