Publicado el viernes 18 de noviembre de 2005 - Edición No. 822 | Inicio | e-mail | Foros | Favoritos | Buzón | ? |
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EL PERSONAJE

Defensora de la niñez
Mariana Ciaschini

Esta periodista se ha tomado el trabajo de aprender, conocer y divulgar las situaciones y las necesidades que viven los niños y los adolescentes en este siglo. Lineth o. del cid t.

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Mañana, sábado 19 de noviembre, en el escenario del Teatro Nacional se dará a conocer a los ganadores de la IV Convocatoria de los Premios Iberoamericanos de Comunicación por los derechos de la Niñez y la Adolescencia, organizado por Unicef.

A la convocatoria llegaron trabajos de América Latina, con el eje principal de descubrir a los lectores de sus regiones las vivencias y sobrevivencias de niñas y niños y adolescentes de sus ciudades.

Y para escoger a los finalistas un grupo de periodistas y expertos se reunió en Panamá, en las instalaciones de la oficina dedicada a la niñez de la ONU. En el grupo se encontraba la periodista argentina Mariana Ciaschini, quien ha dedicado muchas horas al estudio y desarrollo laboral en el tema de Derechos de la Niñez.

Una opinión

A Ciaschini la encontramos rodeada de grabadoras y máquinas digitales, pues le tocó escuchar programas de radio y televisión, además de notas de prensa y trabajos gráficos, dirigidos especialmente a un público infantil y adolescente.

Le planteamos que en nuestra entrevista, buscamos más bien conocer su opinión acerca de realidades panameñas con este grupo poblacional, las que bien pueden ser trasladadas a cualquier otra ciudad.

Trabajo infantil

Hace un mes los supermercados abrieron sus puertas sin los habituales empacadores infantiles. Se alzaron voces en favor y en contra; los primeros satisfechos con la imposición de la ley que estipula que ningún niño debe trabajar, y los segundos, preocupados por esa cantidad modesta de dinero que los pequeños llevaban a su hogar.

-Me parece que es un tema bastante complejo, que no podemos reducir a la ligera. Por un lado, si a los supermercados les hacen falta empacadores, pues hay muchos adultos con necesidad de trabajo, tanto aquí como en la mayoría de los países latinoamericanos.

Respecto al ingreso que estos chicos tenían por ese trabajo, si bien es comprensible la dificultad económica, esta debe ser una garantía por parte del Estado que estos chicos tengan lo necesario para vivir.

Cada legislación local tiene distintas evaluaciones, pero en general no es hasta los 14 ó 15 años cuando se permite a los niños/niñas trabajar, y este límite es justamente porque ellos deben asistir a la escuela y necesitan tiempo para desarrollarse plenamente en otras formas.

Si el Estado pudiera aplicar políticas para garantizar bienestar a las familias de estos niños empacadores, así como otras políticas de contención, sería el objetivo hacia el cual apuntar.

Está mal que los chicos (los niños/niñas) tengan que trabajar. Está mal que la polémica se centre en si faltan empacadores, pues lo que sobra es mano de obra, y tampoco lo es qué hacen los niños en ese tiempo libre, pues ahí tenemos una cantidad de cosas que ellos desearían querer hacer. Solo requieren un empujoncito para que descubran actividades placenteras, recreativas, de aprendizaje y solidarias, inclusive.

¿Existe el trabajo para niños y para adultos?

-Creo que todos nos hemos acostumbrado a verlo y está bien que no lo condenemos, pues existe, es real y mientras sea necesario para una cantidad de niños/niñas llevar un ingreso a sus casas, cuanto mejor sean las condiciones en las que esos niños/niñas trabajan, pues, mejor.

Pero tampoco podemos naturalizar y decir “trabajo para niños”, pues el único “trabajo”, y ponlo entre comillas, para los niñas y las niñas es ir a la escuela. Es ser niño, ser niña.

Ciertamente habrá alguna tarea, pero no hay trabajo para chicos o para adultos, ahí ya estamos en un terreno peligroso.

Pero por qué el empacador no puede ser una persona mayor, que no puede hacer mucho esfuerzo físico y que desea un extra para su jubilación o que no tiene jubilación.

¿Por qué no?

El que los niños/niñas conozcan sus derechos, le preparará para ejercer cívicamente sus deberes de adulto.

-Si podemos lograr que ellos incorporen estos conceptos, que sientan que no están en un libro, una ley, una convención firmada por casi todos los países del mundo, y puedan ver que atañe a cada aspecto de su vida, si pueden sentir que son sujetos de derecho, a lo que apunta la Convención, yo creo que sí.

Saber que todo lo que hacen tiene, en algún momento, implícito un derecho. No es solamente ir a la escuela, ir a un hospital, es estar en una familia, tratarse bien con la gente, poder elegir a dónde ir un día y a la vez tener el cuidado consigo mismo y con los otros.

Le ayudará, además, entender a sus pares como personas, como sujetos de derecho.

De los derechos del niño/niña, ¿por cuál sientes más preocupación? ¿El que sientes que está atrasado?

-Hay muchos derechos que los niños/niñas no pueden ejercer. En particular siento que hay uno al que no siempre se le da la debida atención, el derecho a ser escuchado.

Es tener en cuenta lo que el niño y la niña quiere, necesita o pide. O simplemente siente necesidad de expresar, y eso en muchísimos aspectos, no solamente a través de los medios de comunicación masiva, sino también en las instituciones dentro del ámbito escolar, de la familia, en su barrio, en la asociación a la que concurra, más allá de los ámbitos judiciales.

A nivel escolar, por ejemplo, una situación de conflicto podría ser una diferencia con una maestra, quien dice: Juanita o Josecito, hizo esto o lo otro y el estudiante lo niega. En esta escena tienen valor las pruebas, pero a falta de ellas cambia todo. Pero que la palabra de la maestra valga más que la del alumno o alumna, porque ella es adulta y ellos son niños, no debería ser así y esto es muy frecuente.

Violencia estudiantil

La escena se está haciendo habitual en Panamá. Estudiantes de colegios secundarios como universitarios salen a protestar, cierran las calles, tiran piedras. Esgrimen su derecho a protestar.

-Me gustaría tener más datos sobre la legislación local. En Argentina, así como en muchos países, las manifestaciones son un derecho constitucional. Es el reclamo público a las autoridades por ciertas demandas que pueden implicar mejoras a la vida de los ciudadanos, pero con el tema de la violencia la protesta es otra cosa.

El derecho a reclamar de los estudiantes es similar al de los adultos y a los de los niños, por un lado. Por el otro lado, el respeto y el cuidado que deben tener en la forma de hacerlo, consigo mismos, con el lugar donde vive y con sus vecinos.

Señala Ciaschini que es “vital que el tratamiento de los temas de los derechos de los niños y niñas, por parte de los medios de comunicación, sea desde una perspectiva de derecho. Debe comunicar todos los aspectos de la vida de los adolescentes, no solamente el aspecto de la delincuencia juvenil, además de las causas y las posibles soluciones”.





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