Publicado el viernes 9 de diciembre de 2005 - Edición No. 825 | Inicio | e-mail | Foros | Favoritos | Buzón | ? |
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LA VIDA EN FUCSIA

Y llegó el amigo secreto

Roxana Muñoz

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Cuándo empezamos con el amigo secreto? Esta era la pregunta que flotaba en el departamento a finales de octubre. Sí, octubre. Pero, se entiende el apuro, el jueguito del amigo secreto -que suele hacerse en diciembre- causa mucha ilusión, lo cual rompe con la monotonía de la oficina.

Este consiste en escribir los nombres de los participantes en papelitos, meterlos en un cartucho, lapicero, canastita o lo que haya disponible, y que cada quien saque un nombre. Ese será en adelante su amigo secreto, al cual deberá llevarle regalitos en secreto - que allí está la gracia- durante todo lo que dure el juego. En un intercambio de regalos al final, se revela todo.

Esa pastillita que amanece de sorpresa en el puesto o ese telefonazo de la recepcionista avisando que el amigo pasó por allí y dejó tres mandarinas le cambia el día a la gente. “¡Mira lo que me regaló!” “¿Y a ti, ten han dado algo?”, “Amigo, si me escuchas no me traigas dulces, que estoy a dieta”. Con estos comentarios todos ríen y el ambiente se hace más ameno.

No todo es color de rosa. Qué estrés tener que obsequiar a una persona a quien apenas se conoce o a un superior de la oficina ¡ay! ¿qué le regalas a alguien que parece tenerlo todo? Casi siempre toca mandar espías para averiguar sus gustos.

Los obsequios del diario suelen ser comida (como si en diciembre se comiera poco). Es lo más económico, y aunque una diga que no, un chocolatito a las cuatro de la tarde viene bien.

Por supuesto, no faltan las quejas cuando el susodicho no da señales de vida y durante días y días se olvida de traer aunque sea un mafá.

Con anécdotas del jueguito podría hacerse desde la versión número 18 de Chocolate Caliente para el Alma, hasta la segunda parte de “Una serie de eventos desafortunados”. Conozco a una muchacha que se gastó 25 dólares en un regalo final y a ella le regalaron un desodorante. Tengo una amiga que tuvo que soportar las quejas de su amigo secreto, siempre inconforme con lo que ella le regalaba ¡hay que ver! Y oí de una chica a la que le regalaban cosas horribles (piedras, papel, centavos), solo porque usaron el juego para vengarse de ella. Por supuesto, el infeliz nunca reveló su identidad.

Aunque yo no me considero una amiga así que digan qué bruta, qué buena es (ya me comí dos de los regalos que iba a dar) aprovecho este espacio para decirle a mi amiguito que me gustan los libros, no me vaya a regalar carteras, perfumes raros, ni suéteres que no me quedan.



 
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