Publicado el viernes 9 de diciembre de 2005 - Edición No. 825 | Inicio | e-mail | Foros | Favoritos | Buzón | ? |
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EL PERSONAJE

La incansable
Susan Sarandon

Es hermosa y madura, aunque no recurre a cirugías quitaarrugas; no le falta trabajo pero todo tiene que adaptarse a la escuela de sus hijos; y la veremos pronto en una nueva película. Ferran Viladevall | Los Angeles

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En una ciudad donde la arruga lo es todo menos algo bello, esta mujer de casi sesenta años es un ejemplo de cómo vivir contracorriente. No ya por su conocido activismo anti-establishment, sino por cómo ha conseguido mantener su carrera en la cúspide sin necesidad de venderse a la prensa sensacionalista.

Según ella admite, es la vida familiar ­al lado del también actor Tim Robbins-, llena de trivialidades una de las fuentes de esa longevidad en el efímero mundo de la farándula. Eso y papeles que dejan huella, claro. Como el que la actriz borda en Elizabethtown, la última pieza de Cameron Crowe. Un drama cómico que estudia los difíciles lazos familiares en situaciones de conflicto máximo como la pérdida de un ser querido.

¿Por qué decidió hacer el proyecto?

Porque me gustó el personaje. Una mujer curiosa y divertida a la vez que interesante. Una mujer a quien la triste noticia de la pérdida de su marido todavía no ha hecho mella en ella y se dedica a hacer todo tipo de actividades para escapar hacia adelante, para evitar lidiar con la noticia.

También me gustó la historia. Cuando te imaginas que vas a tener una escena triste, te sorprende con algo totalmente opuesto. Es como la vida, vaya.

Piensas que todo va a ir bien y de repente te pasa algo como en la película y te hundes. En cambio, hay veces que por ejemplo cuando tienes que decir a alguien que su perro ha muerto, no puedes contener la risa. No sabes por qué, pero es como sale. Me gusta esa idea de que no sabes qué va a salir.

En una entrevista reciente dijo que le preocupaba que Cameron Crowe cortara más de su escena final por temor a que perdiera la intención inicial. Para evitar sentirse así y después de tantas películas, ¿hace algo para proteger su actuación de los directores?

Eso no me importa. Es lo bueno. Cada vez es como adentrarse a un mundo diferente con vocabulario nuevo y gente nueva. Quizás puedas construir cierta cantidad de autoconfianza después de trabajar durante muchos años porque has cometido tantos errores que conoces el camino adecuado para evitarlos. Es la consecuencia de hacerse mayor, en todos los aspectos. Te caes y te levantas tantas veces que al final tienes la sensación de que todo te saldrá bien incluso cuando te encuentres ante una situación difícil. Pero cada película es como empezar de cero.

En el caso de Cameron es además un tipo muy agradable. Siempre con la música a todas partes. Muy entusiasta. Pero es muy específico. Ni se te ocurra cambiar una palabra. Puedes contribuir con ideas y sugerencias, pero no hay que confundirse con que es un rodaje de Bob Altman. Trabaja de una forma similar a Billy Wilder con quién trabajé y que no dudaba en despedir a alguien el primer día de rodaje si no seguía el guión a rajatabla. En definitiva, como actriz, lo que tienes que hacer es someterte a la idea de que el director es el que construye toda la pieza.

¿Cómo mantiene el equilibrio entre seguir trabajando y disfrutar de sus hijos?

Procuro, por ejemplo, no aceptar trabajos que caen en medio de la temporada escolar. Este año ha sido la primera vez que me he ido, a Australia concretamente, para trabajar cuando hay colegio. Fue porque mis hijos me animaron a aceptar el proyecto (Irresistible). Pero tampoco fue muy largo.

Estuve fuera dos semanas, ellos me visitaron durante una semana coincidiendo con la Semana Santa y me quedaba entonces sólo otra semana antes de volver.

Ahora que hablamos de colegios, acabo de pasar por la vuelta al “cole” y es terrorífico. Me estresó mucho. Además Tim (Robbins) estaba todavía en Suráfrica trabajando así que tuve que hacerlo todo sola. Me agobian sobre todo los detalles, las pequeñas cosas. Algo que viene a colación en esta película, por cierto, en la que vemos que si nos concentramos mucho en esos pequeños detalles, al final puede que perdamos de vista la totalidad. Como pasar tiempo con tus hijos y ver la tele con ellos o hablar con ellos mientras les llevas al colegio. Porque es precisamente en esos momentos que la vida ocurre. No son los eventos en sí, sino lo que pasa entre ellos.

¿Le han recriminado en alguna ocasión sus hijos el hecho de que sea famosa?

Todos llegan a un punto, cuando cumplen 10 u 11 años en el que les fastidia enormemente ser los hijos de alguien famoso. No creo que importa qué tipo de famoso seas. Se empiezan a preguntar si la gente que los rodea está con ellos por quien son sus padres o por quienes son ellos. Temen ser utilizados. Imagínate que a esa edad alguien te dice que tu madre está buena. ¿Te imaginas lo horrible de la situación cuando precisamente en esa época pretendes pensar que tus padres ni siquiera practican el sexo?

También les asusta el tema del activismo político, especialmente ahora. Porque les molestaron mucho e incluso yo recibí amenazas.

¿Qué les contesta a sus hijos cuando sale el tema de la fama?

Entiendo que tenerme como madre tiene que ser horrible, pero les pregunto que me digan en una escala del 1 al 10 lo importante que son los agasajos o ventajas que conlleva la fama de sus padres. Y me dicen, un 8. Lo mismo para los problemas e incomodidades de llevar un apellido popular. Y me dicen que un 5. Así que estamos 3 puntos arriba. No sé que más decirles. Y la verdad es que toda la vida la gente te va a apreciar por las razones equivocadas. Por los pechos que tienes, por el coche que conduces, porque tienes dinero.

Tu trabajo, incluso sin una madre famosa, es encontrar a la gente que te entiende. No va a haber muchos. Es difícil. Pero una vez los encuentras tienes que agarrarte a ellos. Ese es uno de nuestros trabajos en la vida.





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