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¿Para quién nos vestimos?
Esther M. Arjona
!Qué divina esa cartera!, o podrían ser zapatos, un collar o un traje. En fin, solo hacemos caminar frente a las vitrinas de una tienda —mejor si es de diseñador— para imaginarnos con esas hermosas prendas, y todavía si nuestra mente va más lejos, a un montón de gente admirando el resultado final del experimento en los probadores.
Si hay una mejor expresión ¡qué divina esa cartera!, es ¡qué bien te luce esa cartera!. O, ¿me equivoco?
Así mismo ocurrirá con los zapatos, los pantalones, los tops, los aretes, ustedes solo mencionen.
Ahora, vamos a hilar un poco más delgado. Todas, absolutamente todas soñamos con ese momento en que abres la puerta de tu casa y tu acompañante, quien te ha ido a buscar, queda boquiabierto y sin palabras. Para eso pasamos tiempo en el salón de belleza y en las tiendas, sobre todo para el fin de año.
Es la oportunidad propicia para lucir un traje de noche (o varios), sandalias brillantes, accesorios llamativos, carteritas donde solo cabe la cédula y el lip stick.
Pero también nos enfrentamos a una apabullante realidad: todos y cada uno de esos pequeños detalles, al pasar por las retinas masculinas se convierten en un solo conjunto y al llegar al cerebro se registra como “lo que veo me gusta”. ¿por qué? en eso no detallan.
Y no se trata de despiste o falta de atención. La naturaleza masculina funciona de esa manera. Nosotras podemos diferenciar mil tonalidades entre el blanco y el naranja y nos cuesta trabajo comprender cómo es posible que ellos no sepan cuál es la diferencia entre el peach, el melón y el salmón.
En cuanto a la moda, ellos no encontrarán mayor diferencia entre Roberto Cavalli y Valentino, mientras que nosotras sabemos que sus estilos son diferentes del cielo a la tierra.
Claro, hay sus excepciones como Luis, quien en la oficina detecta inmediatamente quién se cortó el cabello y cuándo estás estrenando alguna pieza.
“Esos aretes te quedan muy bien”, una oración que llena de motivos. Y hasta te pregunta dónde haces las compras para ver si en un chancecito pasa y le hace un regalito a su esposa.
Pero que no se les vaya la mano en pollo. Recuerdo que en una ocasión me encontré con un conocido que apenas llegué no hizo más que alabar mis nuevos zapatos. Que si el estilo, el tacón el material... Eso me hizo sospechar.
Y es que sabemos que exceptuando los estilistas y diseñadores, los hombres interesados tanto en la moda no lo están tanto por las mujeres.
Otra gran verdad es que una mujer sabe cuánto puede estar interesada en la moda otra mujer. Ergo, son ellas mismas (o he de decir nosotras), el objeto de tanto cuidado y detalle.
¿Quién más se va a enterar si ese wallet es de esta temporada y no de la pasada? ¿quién más está al tanto de los tonos y estilos de moda? ¿quién más va a saber de qué diseñador es el vestido que se puso Halle Berry para ir a la alfombra roja?
Al mirarnos al espejo y arreglarnos con tanto detalle estamos seguras de que otra mujer va a darse cuenta de nuestro buen o mal gusto, envidiará nuestra última adquisición y dirá en un tono irónico “puesto no se ve tan bonito”.
Sí. Es para las demás mujeres para quien nos arreglamos con tanto esmero. Es para ellas para quien nos vestimos. Para los hombres, en la mayoría de los casos, es más efectivo hacer exactamente lo contrario.
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