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A coro y corriendo
Electra Castillo
Dirige el Coro Polifónico, también el Coro de Niños de la Fundación San Felipe, sin hablar de sus intervenciones en el Coro Arquidiocesano. Con razón, para Electra, la Navidad es una época de mucha música y corredera. Ileana Pérez Burgos
El jardín interior de la Fundación San Felipe estaba serenísimo. Todavía no había llegado Electra Castillo, la directora del coro, con los niños. Estaban en una fiesta de Navidad que les ofrecían en Extreme Planet. Al rato llegó Electra corriendo, sonriente y arrastrando un maletín.
Decir que una anda en corredera en diciembre, no es nada nuevo, más bien es natural, pero en el caso de Electra el corre-corre parece mayor, aunque a juzgar por su cara, es súper divertido.
“¿Un día normal?” repite la pregunta antes de contestar que a las 8:30 a.m. está ensayando con la Banda Republicana donde es oboísta, acaba a las 11 a.m. y a la 1 p.m. está en la Fundación ensayando con los niños hasta las 3:30 p.m. Entonces ensaya con los solistas hasta las 5 p.m. y de allí se va a ensayar con los miembros nuevos del Coro Polifónico, y a la 7:30 p.m. comienza el ensayo de todos, que acaba a las nueve de la noche.
Pero no siempre es así, a veces hay reunión del personal del coro después del ensayo, a veces hay ensayo de la banda en las noches, y por estos días, muchas veces hay presentaciones tanto de los coros como de la banda a diferentes horas del día, y los horarios comienzan a chocar.
“A veces tengo eventos muy seguidos. Dos presentaciones en el mismo lugar (una con banda y otra con coro), entonces tengo que decidir qué uniforme usar”, ríe Electra contando sus andares.
Ante todo esto, cero estrés. La llegada de la Navidad, con sus muchas presentaciones, sigue siendo especial para ella.
“Aunque suene cursi, la Navidad para mí es lo representativo de todo lo que es el año, de poder dar. Cuando entra octubre, noviembre y diciembre siempre estamos haciendo todo tipo de actividades navideñas, practicando para algún concierto”.
“Realmente toda mi vida ha sido así, desde que yo empecé la música ese ha sido mi trajín, para mí, esto más que un trabajo es una diversión, quizás por eso no tengo un buen carro. Yo pienso primero en lo que voy a hacer, en cómo lo voy a hacer y en último pienso en cobrar. Esa es la parte mala del asunto”.
Su energía es desbordante, todo lo que dice lo termina con una sonrisa o una carcajada, y una de verdad se convence de que su trabajo -entre dirigir, cantar y tocar- es divertidísimo.
Del oboe a la voz
Cuando Electra comenzó a estudiar el oboe, ingresó al Plan Juvenil porque el Conservatorio Nacional de Música no enseñaba ese instrumento. Luego de un tiempo le dijeron que si quería ser músico tenía que estudiar música y “la única manera de estudiar es estar en el Conservatorio pero no hallaba qué estudiar porque no me gustaba nada”.
De niña, había grabado canciones para comerciales, así que decidió irse por el canto.
“No había que comprar instrumento, allí está el instrumento en la boca, y allí fue donde comencé a estudiar canto con el profesor Arnold Walter que casualmente fue mi profesor de dirección y el que hizo el Coro Polifónico de Panamá”.
Un buen día el profesor le dijo que si entraba al Coro Polifónico no tenía que ir al coro del Conservatorio pues le chocaban los horarios de materias. Así fue como Electra llegó al Coro, hace más de 15 años, y lleva siete dirigiéndolo. El próximo año este coro, que es una asociación sin fines de lucro adscrita al Instituto Nacional de Cultura, cumplirá su 40 aniversario.
“La carrera musical la hice cantando y estudiando el oboe con el profesor Efraín Castro; y yo le debo mucho a la Asociación Nacional de Conciertos por los talleres de los artistas que venían de afuera, pues tuve acceso a ellos”.
Como oboísta, trabajó en la Orquesta Sinfónica del Zulia y en la Orquesta Sinfónica de Maracaibo durante los meses que vivió en Venezuela. “Me dio una muy buena experiencia como oboísta pero también me abrió los ojos para ver trabajos corales en otras partes y enamorarme mucho más de lo que era el canto coral”.
Regresó a Panamá porque dice que está enamorada de su país, y desde entonces trata de estar en cuanto coro puede.
“Siempre estoy tratando de estar con diversos coros porque si tengo una partitura, tengo afán de que la gente la vea, la toque, me entusiasma mucho eso”, cuenta.
Cuando le preguntamos qué prefiere, si el oboe o el canto, la respuesta no es ninguna de las anteriores.
“El oboe es un instrumento bellísimo pero no hay nada más hermoso que tener una partitura en tu mano, llevarla a un grupo de personas, sea que canten o toquen, y que tú sientas y escuches cómo se va desarrollando lo que tienes en tu mente”.
Sí, dirigir es su respuesta, aunque conlleve más responsabilidad.
“Si los niños van a cantar a algún lugar y cantan mal, todo mundo me mira mal. ‘Esa directora ¡uf! qué horrible’. Pero si cantan bien, nadie mira al director, dicen ‘los niños cantan bien”, comenta Electra, en broma y en serio.
Camino a Belén
La Navidad la tiene agitada y a los dos coros que dirige. Los niños del coro de la Fundación San Felipe se unieron con el grupo de teatro, y crearon unas estampas navideñas, donde unos cantaban y otros actuaban. Además, por estos días al coro de niños lo invitan a cantar villancicos en diferentes eventos a beneficio social.
El Coro Polifónico tendrá un concierto de Navidad el 21 de diciembre en la Biblioteca Nacional a las 7:45 p.m., con un amplio repertorio de Navidad desde canciones populares como “Joy to the world”, hasta música latinoamericana del periodo barroco.
“Mucha gente no conoce los villancicos latinos sino que tenemos la tendencia de escuchar villancicos europeos, que son los más famosos”, agrega, al recalcar que no todo lo que se escuchará esa noche será conocido, pero sí navideño.
En ese momento llegan los niños a la Fundación con juguetes en mano y vestidos de azul. Electra comienzan a llamarlos con su fuerte voz, y se van acomodando y siguiendo sus manos y sus indicaciones, comienzan a cantar quedito como si susurraran al oído de una abuelita. A coro, aquellos susurros melódicos suenan como vocecitas de ángeles en aquel sereno patio interior.
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