Psiquiatra de niños
María Silvia Amaya es coautora, junto a Dennis Cardoze, del Texto Básico de Psiquiatría Pediátrica, primer libro panameño de esta rama.
Vannie Arrocha
¿De qué tienen sed los niños?
Nuestros niños necesitan afecto, reconocimiento, protección, esparcimiento y mantener una comunicación abierta con sus padres y tutores. Pero también es importante que cuenten con una disciplina coherente, consistente y con límites bien claros que los ayude a crecer seguros, con una buena autoestima y, por supuesto, educación, así como un ambiente estable y saludable tanto familiar como social.
¿A qué obstáculos se enfrenta la psiquiatría infantil?
Tal vez, el mayor de los riesgos es que se trata de una población altamente vulnerable que no puede buscar ayuda por sí sola, que requiere vencer la resistencia familiar a creer en su problema y que sufre la falta de aceptación social de las enfermedades mentales. Además, Panamá no cuenta con una cobertura a nivel nacional para la atención de niños, concentrando sus especialistas y recursos en la capital y estos son muy limitados.
¿Cuáles son los capítulos que se deben subrayar de este libro?
Al público en general, le recomendaría el primer capítulo donde hacemos referencia a qué es la psiquiatría pediátrica, y la segunda sección sobre las necesidades para el desarrollo de un niño normal y lo que ocasiona su enfermar psíquico y cómo prevenirlo. A los colegas de otras disciplinas, la última sección donde enfocamos nuestro trabajo en relación a otras situaciones mórbidas y médico-legales. Este es un enfoque diferente y, sobre todo, basado en lo que se hace en nuestro país.
Los textos de psiquiatría en general vienen del extranjero, por tanto, están basados en otra realidad, este libro, ¿cambia la historia?
Ese fue nuestro principal objetivo, crear un texto, el primero en su género, que incluyera las patologías que comprende la psiquiatría infantojuvenil, pero además, hiciera énfasis en los aspectos inherentes a Panamá.
¿Qué lugar ocupa en su vida la profesión?
En estos momentos ocupa un gran porcentaje de mi vida, puesto que le dedico unas 12 horas del día. Sin embargo, considero que la vida es un conjunto de experiencias y que no puedo atribuirle a esa única actividad el 100% de mi persona. Disfruto las clases con los estudiantes de medicina y me apasiona, también, la literatura donde me gustaría incursionar algún día; la música y la pintura que ocuparon un espacio importante en mi formación y, aunque parezca poco usual, mirar los partidos de fútbol en compañía de mi hijo Rafael de 9 años y, sobre todo, disfruto de los momentos de conversación que compartimos.
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