Un dinero para arrancar
En todo el mundo, las mujeres han demostrado ser las clientas más fieles y productivas del microcrédito. En el mes de la mujer, el tema se trató en diferentes esferas de Panamá, tanto por propios como extranjeros. Vannie Arrocha y
Lineth O. Del Cid T.
Hace 30 años, Muhammad Yunus creó, en la aldea de Jobra, el Banco Grameen de Bangladesh, mejor conocido como el ‘Banco de los pobres’.
Este banco que, durante su primer cuarto de siglo enfrentó muchos problemas operativos y organizacionales, ha ganado una gran experiencia a través de sus éxitos y sus fracasos, los cuales han servido de ejemplo para muchas naciones, que se han iniciado en el esperanzador microcrédito como una vía para mejorar la calidad de vida de sus pueblos.
Actualmente, el microcrédito es promovido por varias ONGs y gobiernos que se han dado a la tarea de esparcir esta semilla en el resto del mundo. ‘El Grameen Bank de Blangadesh es el programa más exitoso en la historia del microcrédito’, explica Bernardino Kliksberg, doctor en economía y asesor internacional de las Naciones Unidas. ‘El 98% de los préstamos ha sido devuelto, el programa se ha replicado en 80 países en el mundo y el 95% de los préstamos ha sido a mujeres, quienes los han administrado ejemplarmente’, señala el especialista en pobreza latinoamericana, quien estuvo la semana pasada en Panamá como uno de los expositores en la XLII reunión del Consejo de Ministros de la Integración Social (CIS).
Semilla local
Un artículo publicado en La Prensa a mediados del mes de julio en 1996 causó una gran expectativa que sirvió como motor a que Panamá también tuviera su banco para los pobres. Mi Banco fue fundado en 1998 por un grupo de panameños que creían en el poder de las microfinanzas, luego de muchos meses de trabajo desde 1996. Aunque en sus ocho años no ha alcanzado toda la república, cuenta con una casa matriz en San Miguelito y sucursales en Pedregal, La Chorrera, Calidonia, David (Chiriquí) y en La Terminal Nacional de Transporte, en Albrook. ‘De los 34 millones que se han prestado se ha hecho un repago histórico del 97.22%, lo que es bueno’, dice Leydi Hibbert, vicepresidente de crédito.
‘Las mujeres representan el 64% de sus clientes y son mujeres en su mayoría de 40 años y más’, comenta Cathia Palmer de Gómez, vicepresidente ejecutiva y gerente general de Mi Banco.
Sin embargo, ‘el microcrédito tiene diferentes realidades, para algunos panameños significa subsistencia y para otros un negocio del cual en el momento no dependen para vivir, pero al que desean hacer crecer’, señala Palmer. ‘Hay personas que los ingresos que reciben sólo son para subsistir; lo que ganan lo gastan en el súper y gastos básicos del hogar’.
El ejemplo de la mujer
A inicios de marzo, como parte de la celebración del Año Internacional del Microcrédito (que fue 2005) y el Día Internacional de la Mujer, la embajada de Estados Unidos presentó en Panamá la experiencia de Janet Cronick, Carolina Camacho y Silvia Ichar, tres mujeres de raíces latinoamericanas en el ámbito empresarial estadounidense.
Cronick, Camacho e Ichar defienden y promueven el deseo de mujeres y hombres de establecer una empresa donde desarrollar sus capacidades y sueños. Ya sea que el crédito sea de 500 o de cinco mil dólares, el empuje y la dedicación para establecer las bases de una nueva empresa son los mismos, concuerdan estas tres empresarias, que son miembros activos de la Asociación de Mujeres Latinas de Negocios, del Condado de Orange en California, desde donde ofrecen a otras mujeres consejos, ideas y apoyo para el desarrollo de la pequeña empresa.
Según Janet Cronick, el microcrédito, en los últimos años, se ha puesto de moda, aunque ‘siempre ha estado presente en la cultura latina’. Su experiencia le ha enseñado que las mujeres y los hombres latinos son ‘muy empresariales, tenemos ese espíritu. Estamos pendientes de qué hacer para luchar por la familia, para salir adelante’.
Cronick ve más allá. Ofrecer un préstamo de microcrédito significa que ‘las ganancias se invierten en el negocio y, por lo tanto, se reinvierte en la comunidad y se usa, además, para buenas causas’.
Para Carolina Camacho el desarrollo del microcrédito con rostro femenino en el mundo nace del trabajo en el hogar. ‘La mujer dentro del hogar hace el papel de administrador de las finanzas y eso prepara. Por mucho que otros piensen que estar en casa significa no trabajar, pero en realidad estamos trabajando tres o cuatro veces más’.
Cuando llega el momento, la mujer ‘aplica lo aprendido en el hogar en una empresa y eso combina bastante bien. Una fortaleza que le da seguridad a la persona que presta el dinero, de que su inversión será devuelta’, señala Camacho.
‘Las mujeres hemos nacido auténticamente negociantes’, dice con seguridad Silvia Ichar, además ‘somos más cautelosas. Por esa misma condición de mujer debemos medir en qué gastar, qué hacer para reproducir los panes. Por ello, el microcrédito es imprescindible’.
Para Ichar ese préstamo es valioso, pues es un empuje que promueve el desarrollo y sostenimiento del negocio. ‘El microcrédito es la respuesta para el éxito de cualquier pequeño negocio, pues serán muy bien distribuidos y reinvertidos’.
En la última década, Panamá ha avanzado mucho en dirección al microcrédito. Actualmente, hay más instituciones bancarias, financieras y ONGs que ofrecen la oportunidad de que los panameños puedan hacerse microempresarios. Aunque han habido resbalones, las historias de éxito son muchas.
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