Publicado el viernes 9 de junio de 2006 - Edición No. 849 | Inicio | e-mail | Foros | Favoritos | Buzón | ? |
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EL PERSONAJE
Sabina Barone
Psicóloga de joyas

La joyera italo-sueca pasó de trabajar en lo que le apasiona, con una de las empresas más importantes de Europa, a crear su línea homónima y diseñar a su gusto. Le encanta el calor de estas tierras latinas, las cuales visitó para presentar sus tres colecciones.

PATRICIA ARAMBURÚ
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Cuando Sabina Barone era niña soñaba con ser grande y poder usar las joyas que encontraba en el cofre de su madre, una italiana casada con un sueco establecido en Suiza.

Siempre sintió ese apego por las piedras que brillaban. Mientras crecía, como no podía lucirlas, se limitaba a ‘tomarlas prestadas’ para jugar con ellas.

Uno de esos días de juego, cuando tenía cuatro años, tomó un anillo de diamantes que puso en su pequeña mano. Jugando, lo dejó caer en el inodoro y a los desagües fue a parar.

Sabina no dijo nada, sintió miedo. Su madre, desesperada, al no encontrarlo en su joyero, culpó hasta a su sombra de haber tomado el anillo; su hija no abría la boca, no entendía la magnitud del asunto.

El diamante era herencia de la abuela y pesaba 15 quilates. Quince años después, Sabina decidió confesar el ‘crimen’ a su mamá. Ella la perdonó.

Pero este incidente no hizo que la niña que soñaba con tener todas las joyas del mundo truncara su sueño.

Al graduarse del colegio confesó a sus padres que quería estudiar algo relacionado con joyería, pero su papá, dedicado al negocio de la construcción, no le permitió hacerlo. Antes tendría que estudiar ‘algo serio, algo que le daría qué comer’, por lo que Sabina, para satisfacerlos y solamente por eso, estudió psicología y administración.

>Encontrando el camino

‘Aquí está su sueño, ahora déjenme cumplir el mío’, fue como Sabina les ‘regaló’ el diploma a sus padres y a partir de ese momento pudo emprender su viaje rumbo al mundo de la joyería.

‘Estudié en GIA (Instituto de Gemología de América, por sus siglas en inglés) la mejor escuela de joyería del mundo; ahí te enseñan sobre las piedras, la calidad del diamante, de dónde vienen. . . ’, cuenta Sabina en español con un acento italiano afrancesado, sentada en el restaurante de su hotel, con un café en la mano y unos aretes de su colección debut ‘Butterfly’ en las orejas.

En 1993, ya graduada del GIA, le ofrecieron dos trabajos. Uno en la casa Cartier, ordenando piedras –que es lo que empiezan haciendo los novatos–, que no le llamó la atención.

Otro se lo ofreció Fawaz Gruosi, un magnate en la industria de la joyería mundial (trabajó con Harry Winston y Bulgari, y luego estableció su propio negocio en Europa, y diseña joyas para los más famosos y adinerados del mundo) a quien conocía por sus padres. Ese trabajo sí le llamó la atención y aceptó sin pensarlo dos veces.

‘Nadie tan importante en la industria contrata a una recién graduada sin experiencia, pero él me dio la oportunidad’, afirma Sabina, quien trabajó siete años en la casa De Grisogono, en compra de piedras, producción y ventas alrededor del mundo, en especial en el Medio Oriente.

‘Fue muy interesante, porque él [GruosiI tiene una manera muy distinta de trabajar, se guía por el instinto, hace cosas que otros nunca van a hacer, no le importa. . . y con razón tiene éxito’, anota Sabina, quien siente que le debe mucho a este hombre y es la razón por la cual hoy puede tener su propia línea.

>Finos acabados

Siete años después de haber empezado a trabajar con Gruosi, en el 2000, Barone tomó la decisión de parar. Estaba cansada de tanto ajetreo. Mientras planeaba su boda en el sur de Francia, también lanzaba su línea ‘Sabina Barone Joaillerie’.

Decidió ubicar su fábrica en Ginebra (al igual que Gruosi) por ser la cuna de los finos acabados y calidad en el mundo de la joyería, aunque no vive allá, a menudo viaja para supervisar la producción y promocionar su línea. Desea adquirir puntos de venta en la mayor cantidad de lugares que pueda, pero solamente en una tienda por país. Tras seis años de haber lanzado su línea, ya la ha ubicado en cinco países del Medio Oriente –donde más vende–, París, Londres, Nueva York y Panamá.

‘Mi primera colección es sencilla, fina. . . porque al principio me daba miedo hacer lo que quería’, explica Barone, quien la bautizó como ‘Butterfly’ (mariposa). ‘Fue como una prueba de una principiante tímida’, añade recordando en voz alta la impresión que le causó la receptividad de un público exigente.

La calidad y originalidad de sus diseños cautivaron y fue el alimento para que el motor de esta italiana siguiera hacia sus sueños. Escogió la mariposa por ser un símbolo de suerte, que expresa intensidad de color, es elegante y cambiante como la mujer, y funcionó. Modelos con diamantes, rubíes, esmeraldas y turquesas fueron los escogidos para esta colección que, según Sabina, atrae a cualquier mujer en búsqueda de complementar con una fina joya su diario vivir.

Luego presentó las colecciones ‘Extravaganza’ y ‘Euphoria’.

>La ruta hacia Panamá

Ariana Arias, de Joyería Barakat, se encontró con los diseños de Sabina en una tienda del extranjero y fue amor a primera vista. Inmediatamente la contactó para traer la línea a Panamá. Al enterarse que Barone planeaba un viaje a Suramérica para visitar amistades, le propuso parar en estas tierras para presentar sus colecciones. Sabina aceptó fascinada, cuenta, y a las pocas semanas conoció el calor de los panameños.

‘Panamá me encanta, la naturaleza, la gente que está llena de vida, la seguridad que uno siente aquí, me gusta el clima húmedo y caliente. Vivo en un país muy frío y no aguanto. Odio el frío’, expresa Sabina, quien adora las tierras latinas y planea mudarse a vivir entre su país de origen y América.

Además viene a Latinoamérica a inspirarse para diseñar; busca la tranquilidad que no encuentra en Suiza, lugares donde considera que la gente vive muy estresada. ‘Me inspiro acá y trabajo vía e-mail. . . pero claro que tengo que ir a la fábrica a atender a mis clientes también’.

Sabina se considera perfeccionista y sencilla; diseña para que la mujer se sienta más bella. Para ella una joya tiene un valor que nunca se pierde. Irónicamente asegura que ser joyera es despegarse de lo material porque aunque se enamore de una pieza que diseñe la tiene que vender, y eso muchas veces da satisfacción pero otras veces es muy difícil.

‘Si tienes buenas joyas no necesitas más nada, al fin y al cabo duran para toda la vida, si son de buena calidad. . . ’, concluye Barone.

Sabina se encuentra en una etapa de transición en su vida. Está encontrando el camino para diseñar otra colección y viene a inspirarse al otro lado del charco. Es feliz con lo que hace y no duda haber escogido la ruta correcta.

Por ahora, Panamá es el único país en Latinoamerica que vende su línea, pero su plan es expandirse, que las mujeres latinas luzcan lo que ella diseña.


 
 
ESTA SEMANA
Psicóloga de joyas
El primer diploma
La torre vuelve a mirar
 
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