Publicado el viernes 7 de julio de 2006 - Edición No. 853 | Inicio | e-mail | Foros | Favoritos | Buzón | ? |
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Garantías y otros animales en peligro de extinción

Julieta de Diego de Fábrega
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¿Tiene garantía? Suele uno preguntar cuando compra algo, generalmente un aparato, sea mecánico, eléctrico o electrónico. La respuesta siempre es sí. A veces el vendedor detalla los tiempos de garantía de cada una de las partes del chéchere, porque no todas están garantizadas por la misma cantidad de meses o años.

Lo que no explican es cuál es el procedimiento a seguir para lograr que la garantía sea honrada en caso de un daño. Muchísimas veces los aparatos deben llevarse a los centros de servicio que tienen en Panamá los distribuidores de distintas marcas y allí es donde la Pelona empieza la quejadera.

Como ahora corro peligro de que me lleven a la cárcel por calumnia e injuria, voy a contarles algo que me pasó, no un incidente de esos que uno escucha a diario de terceras personas. A mi hija le regalaron uno de esos aparatos de escuchar música que pronto, en vez de llevarlos al centro de servicio, tendremos que llevarlos al médico, pues son como una parte del cuerpo de toda persona entre los ocho y los treinta años.

Muy bien, ella feliz pasaba todo el día con los cablecitos saliendo de sus orejas y totalmente sorda al mundo exterior, hasta que un día –como el reloj del abuelo de la canción infantil- sin motivo ni causa, se paró. Nos fuimos volandito para el centro de servicios pues, amigos, esto era una urgencia notoria. Nos sentamos pacientemente por casi una hora esperando que uno de los dos chicos que atendían llamara nuestro número.

Era sábado, el personal estaba escaso y lento. Finalmente nos llegó el turno. Nos sentamos frente al cristiano quien, antes de hacer nada, nos pidió la factura. ‘Señor’, le dijimos mi hija y yo al unísono, ‘esto fue un regalo, no tenemos la factura’. Lo que sí teníamos era la caja. Pregúnteme usted por qué hay que guardar las cajas de los aparatos, no lo entiendo, pero es así y la gente joven lo sabe. Me pregunto qué pasará cuando uno compra una refrigeradora. ¿También hay que guardar la caja?

Mi hija sabía en qué almacén le habían comprado el regalo y se lo dijo al joven que nos atendía. Yo le pregunté que si por los números de serie y demás que aparecen en la caja no podían ellos determinar qué almacén había vendido el aparato. Me contestó que sí, pero que de todas maneras necesitaba la factura. Bueno, joven, le dije, entonces porqué cuando una persona compra algo y pide que se lo envuelvan para regalo, el dependiente no le indica que tiene que pedir que aparte le envuelvan la factura para que el comprador pueda ponerle al paquete un letrerito que diga ‘abrir en caso de daño’, porque hasta donde yo sé, es de mal gusto que quien recibe el regalo sepa cuánto uno se gastó en él.

Mandé a llamar al supervisor, al supervisor del supervisor y casi pido que me trajeran al japonés. Todo fue inútil. Finalmente, como la gran concesión, me dijeron que me iban a recibir el aparato, pero que no lo podían mirar hasta que llevara la factura o una copia. Yo lo que quería era ahorrarme el viaje a casa del rayo a buscar el papel, pues las copias de las facturas no las entregan en la sucursal donde uno compró el regalo, sino en otro lugar. Suerte la mía.

Allá me tuve que sentar miles de horas más mientras buscaban entre todas las fechas posibles de compra. Lo que no entiendo es para qué los distribuidores tienen tanta tecnología, tanta computadora, tanto registro de a quién le venden las cosas, si al final el cliente tiene que perder todo un día rastreando información que ellos tienen en su sistema. Los productos tienen garantía, sí, garantía de sufrimiento.


 
 
 
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