¿Heredar bienes a los hijos?
José S. Canto A.
joseca@cwpanama. net
En Panamá, y quizá en otros países desarrollados y no tan desarrollados, el horizonte de emancipación y alejamiento de la casa paterna se ha retrasado hasta un límite simbólico que podría oscilar -aquí especulo un poco- entre los 32 y los 36 años.
El resultado para adultos jóvenes de ambos sexos ha sido una prolongación de la adolescencia y el desinterés relativo por su futuro como adultos autónomos, rasgos que se manifiestan en la tendencia a relegar las elecciones definitivas en la vida y el temor a comprometerse.
Esta renuencia de los hijos a independizarse se debe principalmente a las dificultades para entrar en el mercado laboral y la inestabilidad del mismo; el alto costo del inicio de una vida familiar, las dificultades de acceso a la vivienda y el deseo de mantener un estilo de vida que sólo se puede lograr en la casa de los padres.
Esta situación lleva a muchos padres a considerar bajo una nueva óptica todo lo relativo al manejo de los bienes y dinero logrado en años de intenso esfuerzo y esto es difícil, pues está ligado muy íntimamente a sus expectativas de vida, sus valores personales, sociales y familiares.
La experiencia de muchos padres ha demostrado que si no se ha dado a los hijos oportunidades de ser emprendedores, de correr algunos riesgos calculados y no calculados y de asumir responsabilidades; es decir, si como padres les facilitamos todo sin obligarles a esforzarse por nada, la herencia material que les pudiéramos dejar podría ser dilapidada, destruida y mal empleada. Si los hijos no son maduros, educados o con personalidad bien definida, también podrían ser víctimas de personas inescrupulosas o deshonestas que les harían tomar decisiones que lleven a la destrucción de una gran o pequeña herencia.
Esta es una de las grandes preocupaciones de muchos padres. Para reducir el riesgo de que a nuestros hijos les faltase algo cuando no estemos, existen los seguros de vida, los fideicomisos, las cuentas conjuntas y/o los plazos fijos, las inversiones en activos tangibles como terrenos, apartamentos, joyas, las fundaciones de interés privado, los testamentos y la sólida educación en valores y actitudes de emprendimiento.
Aunque la mayoría de los padres ven en las herencias una muestra de amor, algunos sienten que deben hacerlo porque así lo espera la familia o comunidad. Esto los somete a mucha presión y a preguntarse si deben dejarles herencia.
¿Se puede lograr que los jóvenes emprendan desde cero su proyecto de vida? o ¿es necesario apuntalar a los hijos con herencias que garanticen la continuidad de un proyecto laboral iniciado por los padres?
En la mayor parte de los países latinoamericanos, los hijos viven con sus padres hasta que se casan e incluso casados, dada la precariedad y costos de las viviendas y la situación de trabajo de las parejas jóvenes.
‘En los países del norte es más común que los hijos abandonen el hogar familiar a partir de los 18 años, donde la emancipación juvenil viene en gran parte fomentada por la política de ayudas familiares, inexistentes en los países menos desarrollados’, dice una experta.
Un modelo ecléctico quizá sería el más adecuado hoy, que incluya la posibilidad de aceptar como algo normal que nuestros hijos sean independientes. Ahora que los hijos son adultos, luego de haberles brindado apoyo y las oportunidades para que crezcan capacitados para enfrentar los retos del mundo, ¿debemos los padres renunciar a disfrutar de viajes, poseer cosas que nos hagan la vida más cómoda o nos brinden alegría, porque los hijos esperan que les dejemos en herencia algo o todo de lo que tenemos?
Solo usted podría responder a esta pregunta tan importante.
Quizá los padres debamos fomentar más, desde temprano en nuestros hijos, el espíritu emprendedor, la creatividad, enseñarles el valor de la realización personal a través del esfuerzo, dándoles, al mismo tiempo, albergue afectivo más que material.
El autor es asesor financiero personal
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