La mortificación del arreglo personal
ROXANA MUÑOZ
Francamente me molesta, a mí y a mi bolsillo, que por el hecho de ser mujer tenga que depender de tantas otras gentes para verme medianamente bien. Hay que ir al peluquero, depilarse en la estética, arreglarse las uñas con la manicurista, limpiarse el rostro con el cosmetólogo.
Sí, yo sé que algunas mujeres maravilla se resuelven en casa con sus propias tijeras de peluquero, mayonesa, aguacate y navajas de 30 centavos. Pero, la mayoría, y allí estoy, tenemos que recurrir a gente profesional para obtener resultados decentes.
Por un tiempo intenté arreglarme yo misma las cejas. Nunca me ha gustado ir a depilármelas porque aún no encuentro a la especialista que me complazca; las veces que he ido generalmente salgo con la expresión de Cruela Devil, con unas cejas delgaditas que son un espanto, y el daño a las cejas es uno de los más irreparables y avergonzantes que hay, pues una no se puede poner un pañuelo en la cara y ningún diseñador ha logrado poner de moda el antifaz. Esta vez tuve que rendirme al hecho de que las tenía horriblemente disparejas, que mis pinzas caseras ya no eran suficientes y que debía buscar ayuda profesional urgente. Cuando, algo nerviosa, al fin me encuentro frente a la especialista, lo primero que me dice es ‘¿solo las cejas o también se va a hacer el bigote?’. Caramba, lo que me faltaba ¿cuándo me salió ese bigote? Y porque las gentes éstas del mundo de la belleza se empeñan en estresarla a una más.
Y no es la primera vez, si voy a arreglarme el pelo me dicen ‘tiene que hacerse un tinte para esas canas’ o cuando voy saliendo de la cosmetóloga –digo yo que regia- me despiden con: ‘a usted le vendría de maravilla un tratamiento para las manchas’.
Yo me pregunto, ¿será que no hay un alto en estos tratamientos, o será que yo, en especial, necesito tanta chapistería?
Lo peor de esto es que no se acaba nunca, usted se arregla hoy y ya mañana crecen las raíces, y pasado mañana aparecen los puntitos negros de la nariz, las uñas enterradas vuelven a la vida y las cejas se vuelven a poner disparejas. Otra vez a gastar tiempo y plata en esto.
En cambio, a los hombres hasta las cejas disparejas se les ven hermosas y el vello en las piernas no es algo que cause escalofríos. Casi no necesitan nada de esto, con bañarse y cortarse el pelo ya tienen, es por ello que deberían ponerle multas a los que ni eso quieren hacer, una sanción más enérgica debería aplicársele a aquellos que se niegan a cortarse los pelos de la oreja.
Creo que esto que nos pasa a las mujeres es como un tipo de penitencia, porque cuando una es niña y adolescente se muere por pintarse las uñas, por sacarse las cejas y depilarse las piernas.
Entonces, las mamás, abuelas y tías que no nos permiten poner en práctica estas proezas nos parecen unas brujas malvadas. Lo cierto es que ellas saben que en el momento en que empecemos nos metemos en un círculo vicioso de belleza que no acaba. Aquí entre nos, añoro cuando en secundaria podía darme el lujo de llevar mis cejas a lo Ronald McDonald.
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