Publicado el viernes 14 de julio de 2006 - Edición No. 854 | Inicio | e-mail | Foros | Favoritos | Buzón | ? |
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Como helicópteros

Julieta de Diego de Fábrega
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Recibo un correo electrónico. Lo leo pues proviene de una de esas personas que sólo usan el medio para enviar cosas importantes y no interminables cadenas que serán responsables de mi condena eterna.

Veo dos párrafos cortos en los que se describe a los padres ‘helicóptero’. Palabras más, palabras menos, dice que son aquellos que están obsesionados con sus hijos y especialmente con su rendimiento escolar. Se mantienen sobrevolando alrededor de sus vástagos y al menor signo de ‘peligro’ llegan al rescate.

Aclaro que peligro puede ser haber dejado un trabajo en casa, junto con el uniforme de educación física. Hay una subclasificación, los ‘Black Hawks’ (helicópteros de combate hoy famosos gracias al cine y a las guerras recientes) y dice que éstos son los que cruzan la línea de la sobreprotección para entrar en conductas poco correctas, como hacerles los trabajos escolares.

Me imagino que todos conocen a uno de estos padres/madres. Son aquellos que luego de hacerle el trabajo al hijo y ser calificados con un modesto 4. 2, salen despepitados al colegio a entrevistarse con la maestra para reclamar que la calificación es injusta. Llegan muy educaditos dizque a preguntar qué le faltó al trabajo. Dizque porque quieren que su hijo saque mejor nota la próxima vez. Mentira, mentirosa. Si ese fuera el caso se irían felices a su casa con un par de cositas anotadas en la agenda.

Pero eso no sucede. Tratan de convencer a la pobre maestra (y digo pobre porque la cita no termina hasta que suena el timbre que indica que ella tiene que regresar a clases y que perdió su hora de almuerzo) de todas las maravillas del trabajo. Pero fíjese, le dicen, usted pidió tres ejemplos y él puso cinco. Síííííí, pero no de lo que pedí, sino de otra cosa. Bueno, pero debe darle algo de crédito por el esfuerzo, afirma el progenitor. Sí, por eso le puse 4. 2, contesta la maestra, que ya para ese momento sabe que nada que ella diga o haga va a prevenir que el padre salga de la cita disparado para la dirección del colegio.

¡Qué problema para los directores! Ellos en realidad no asisten a todas las clases que se dictan en el plantel que dirigen, por lo tanto, difícilmente pueden opinar sobre las bondades o maldades del trabajo, así es que no les queda más remedio que llamar a la maestra por el altoparlante, sacrificando al resto de sus alumnos que perderán la clase, para enfrentarla al padre/madre con quien hace apenas segundos tuvo un encuentro cercano de 40 minutos.

Si la nota no sube, ese padre/madre retira el trabajo -que hasta el momento reposaba sobre el escritorio de la directora- con un gesto despectivo, lo dobla de mala manera y apenas sale de la oficina empieza a llamar por celular a otros padres/madres de la promoción para ponerles la queja e indisponer a la maestra. Porque digo, es una tonta que no sabe nada de pedagogía ni de motivación, y además es una intransigente y una cerrada.

Cuando el hijo llega a casa le cuentan el incidente con pelos y señales para que él también odie a la maestra. Y le dicen categóricamente: para el próximo trabajo apuntas absolutamente todo lo que dice la maestra porque esto no se queda así, le vamos a demostrar que tú puedes sacar 5. La palabra clave en esta oración es ‘vamos’.

Se imaginan la felicidad del chiquillo -que entiende muy bien de conjugaciones en plural- que sabe que la semana siguiente lo único que tiene que hacer es darle a su papá/mamá el teléfono del amiguito que saca 5 en todos los trabajos para que establezca comunicación directa con el susodicho y produzcan un trabajo maravilloso.

Yo sólo quiero preguntarles, cuando el chiquillo tenga su primer trabajo, ¿se van a sentar en el escritorio de al lado?


 
 
 
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