Publicado el viernes 2 de marzo de 2007 - Edición No. 885 | Inicio | e-mail | Foros | Favoritos | Buzón | ? |
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BELLEZA

Búsqueda de terror

Querían mejorar su apariencia personal y en el intento casi las hacen trizas los comentarios del estilista, la manicurista, las consejeras de belleza y la nutricionista. ¿Tu historia también es de terror?

Vannie Arrocha

‘Para ser bella hay que ver estrellas’. A las que se les cumple esta frase son dichosas, pues han logrado su objetivo a pesar de las incomodidades que pueden acarrear los tratamientos de belleza; pero hay quienes solo han visto las estrellas y la belleza pasó de largo en su camino.

Verse maravillosamente bien es el objetivo de la mayoría de las mujeres -para unas es la meta de un día, para otras es la meta de todos los días-, pero cuando se disponen a conquistarla o a renovar su look, algunas regresan a sus casas apachurradas, porque la atención que reciben por parte de los expertos del mundo de la estética ha sido poco profesional.

Estas experiencias, aunque en el momento enojan a la máxima potencia, luego sirven para contarlas, hacer bromas y reírse. Las víctimas en busca de la belleza nos contaron sus historias, aunque algunas decidieron reservar su nombre.

Para reír o para llorar

¡Cómo es la vida! Viviana solo quería comprarse un kit de limpieza para la cara, pero tuvo que soportar los comentarios que la demostradora de productos de belleza –con cara de espanto– pronunciaba en detrimento de su cutis.

‘¡Ay no, tú no tomas agua! ¡Qué piel más áspera!’, le dijo la dependienta, lo repitió, y cuando la demostradora empezaba a abrir la boca para decirlo una vez más, Viviana le dijo sin reparo: ‘como me vuelvas a decir algo más sobre el aspecto de mi piel, no compró nada’. Esta joven asegura que se llevó los productos porque fue especialmente a comprarlos, conoce la marca y sabe que funcionan, de lo contrario hubiera dejado a aquella mujer hablando sola en el cubículo.

Por su parte, Xenia Vergara, cuenta que a la hora de comprar tratamientos o maquillaje para el rostro y cuerpo no ha tenido ningún inconveniente. Señala que tampoco les prestaría mucha atención, pues observa que algunas se pintan muy bien, pero que otras lo hacen mal o se les nota el cutis demacrado.

Los inconvenientes los ha tenido cuando, por alguna razón, tiene que visitar otra sala de belleza que no es la que acostumbra. ‘Más que nada me critican el producto que estoy usando y pienso que es porque me quieren vender el que ellos promocionan en su salón. Me dicen: 'ese producto que usas no es bueno, debes usar el que yo estoy vendiendo’', expresa Xenia. La joven comenta que su peor experiencia fue con una estilista que se negó a hacerle su corte habitual, argumentándole que estaba pasado de moda. El estilo que le dejó era aún más antiguo y quedó insatisfecha.

Las malas experiencias no son exclusividad de los salones de belleza ni de las demostradoras de casas de maquillaje. Rosa cuenta que visitó una nutricionista muy cotizada y carísima, pero que salió de su consultorio desmotivada e incluso algo molesta, porque ‘no fui allí para que me repitiera lo que yo sabía: que tengo celulitis, que estoy gorda, por eso fui a su consultorio’, expresa Rosa, quien cree que la táctica de esa nutricionista –para mantener su consultorio con pacientes– es impresionar a las personas con una exposición alarmante de sus problemas. Luego de esa cita, a Rosa no le quedaron deseos de regresar.

Sin embargo, en las otras áreas de belleza ella dice que tiene todo bajo control, porque tiene una estilista y una manicurista fijas que ya conocen sus gustos. ‘La manicurista sabe que me gusta hacerme las uñas francesas y me las he hecho por años, y ahora es que me animo a veces a pintármelas con colores más fuertes. La estilista sabe que no uso flequillo y que no me gusta cortarme mucho el cabello, también conoce cuáles son los colores [de tintesI que me gusta usar’.

Crisly, que por cuestiones de comodidad se atendía en una sala de belleza cerca de su trabajo, ya había entablado una buena relación con el joven que le depilaba las cejas, hasta que de tanto hablar y hablar mientras la atendía, no se percató de que le estaba sacando vellos que no tenía. ‘Luego me puso un producto que era para quitarme lo rojo y la inflamación, según él, pero al contrario, me puso peor, los párpados se me pusieron morados y al día siguiente me amanecieron negros’, cuenta Crisly. Dice que regresó a esa sala de belleza para que le devolvieran su dinero, pero nadie se hizo responsable. Sin embargo, pasado el susto y el disgusto sus compañeras le decían que no tenía que tomarse tan en serio el dicho ‘para ser bella. . . ’.

La otra cara de la moneda

Vanessa estaba en una sala de belleza esperando ser atendida, cuando uno de los estilistas del salón se mofó de una mujer que pasaba por la calle con su melena suelta y reseca. ‘Oiga, venga para acá, que aquí queda el salón de belleza y lo necesita’, cuenta Vanessa que dijo el peluquero. El resto de sus colegas se rieron del ‘chiste’ y a ella le pareció de muy mal gusto; además, pensó que al irse ella de allí también la criticarían.

Para mantener a sus clientes satisfechas y seguras, Roberto Gill, estilista y maquillista de Divas Salón, cuenta que él opta por no tomarse demasiada confianza con sus clientas y que usa palabras sutiles a la hora de recomendar un corte, un tinte o el maquillaje que le vaya bien, o no.

‘Con palabras sutiles tú puedes hacer consciente a la persona de que hay cosas que no van con su personalidad’, expresa Gill, quien también asegura que lo que realmente le agrada es hacer cambios en sus clientas. ‘Explotar los atributos de su físico mediante su cabello o maquillaje y transformarlas a través de un nuevo y buen look es lo que me gusta hacer’, comenta. Sin embargo, dice que es algo que se le hace difícil con las mujeres más conservadoras, ya que debe ir poco a poco para lograr esa transformación.

Como estilista dice que también conoce los detalles que alejan a algunas mujeres de ciertas salas de belleza. ‘Les hacen el color que la clienta no desea, les hacen mechas, les queman el cabello. Además, el ambiente del salón es muy importante, si es bullicioso aleja al cliente’, asegura el estilista.

Por su parte, Karina Jaén, gerente de marca de Clinique, dice que se les inculca a sus asesoras de belleza lo importante que es tener tacto. Por ejemplo, ‘a la persona se le pregunta cuál es su mayor preocupación y debemos ser muy cuidadosas en cómo abordarlas. Luego de que la persona habla, entonces se hacen sugerencias: 'tengo esta crema que previene líneas, manchas, etc’.


 
 
 
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