Publicado el viernes 2 de marzo de 2007 - Edición No. 885 | Inicio | e-mail | Foros | Favoritos | Buzón | ? |
Secciones  
Sólo para ellas
Sólo para ellos
Ventana abierta
Por la sombrita
Esta semana
Conversación
Finanzas
Belleza
Salud
Lista de Ellas
Diario de mamá
Moda
Evento
De la cocina
Horóscopo
Ediciones anteriores
Suplementos  
Martes Financiero
Pulso de la Nación
Recetario
AprendoWeb
DIARIO DE MAMA

El personaje de la linterna
Julieta de Diego de Fábrega

Es 9 de febrero y leo la columna de Roxana en la que habla de ‘la otra televisión’, aquella que a muchos nos tocó mirar y que tenía grandes limitaciones tanto tecnológicamente como en lo que a programación se refiere.

Me dan unas ganas terribles de contarle cómo era diez o quince años antes de que ella registrara en su mente que frente a esta caja tan rara uno podía pasar un buen rato hipnotizado, pero desde hace días tengo otro texto revoloteando en la mente y opto por irme por allí porque ya las ideas no permanecen en mi cabeza mucho tiempo.

Resulta que una de estas noches en medio de un desvelo tenaz, propio de la tercera edad y del café que me había tomado a las cuatro de la tarde, quedé viendo una película tontísima que trataba de las aventuras de un acomodador de cine y una dizque actriz que quedaban ‘atrapados’ en un reality show.

La película ni fu, ni fa, pero el personaje que solía acompañarlo a uno a buscar un asiento en las salas de cine con una linterna en mano, me resultó muy familiar. Claro, en los cines de antes siempre había un acomodador/a o varios. Las salas eran enormes y generalmente los asientos estaban acomodados en un bloque central y dos laterales. El bloque central podía tener -qué sé yo- cincuenta o más asientos o sea que llegar al centro del mismo podía ocasionar una cadena de pisotones si alguien no le indicaba a uno el camino.

Por el tamaño de la sala, las lucecitas de las sillas que daban al pasillo -cuando las había- no eran de mucha ayuda y además, la película que se proyectaba en la pantalla no iluminaba todo el teatro como suele suceder hoy en día en los miniteatros. En las salas de cine no sólo se proyectaban películas, también se montaban espectáculos teatrales en vivo, pues contaban con enormes escenarios, cónsonos con el tamaño de la sala.

Era tan importante el acomodador que si estaba ocupado cuando uno llegaba casi era obligatorio esperar en la parte posterior del teatro a que regresara para guiar el camino con su pequeña linterna. Buscar al compañero de aventuras se hacía dificilísimo, pues a diferencia de los teatros modernos a los que uno entra por delante y puede ver los rostros de quienes ya se han sentado, antes se entraba por detrás, o sea que uno sólo veía una enorme colección de nucas.

Así, si algún miembro del grupo decidía comprar algo en la tienda antes de entrar lo mejor era esperarlo junto a la puerta, pues de lo contrario uno corría el riesgo de perderlo para siempre.

Como las opciones de diversión eran limitadas uno solía encontrarse a medio mundo en el cine y era el lugar más apropiado para que aquel muchachito que le gustaba a uno hiciera toda suerte de peripecias para robarse una agarradita de mano.

Joselito, Cantinflas y los personajes animados de Disney eran los reyes de la pantalla por los años sesenta, pero con el advenimiento de la tecnología fueron reemplazados por héroes con ametralladora y peces enormes con tres filas de dientes y memoria de elefante. Y en medio de tanta sangre las comedias picantosas de Mauricio Garcés y Love Story, la película que nos mantuvo cantando where do I begin por años. ¡Qué metamorfosis la de Ryan O´Neal! Hoy en día sólo lo vemos cuando lo arrestan.

Las salas de cine también han cambiado. El silencio respetuoso que se mantenía mientras corría la película ha sido reemplazado por un concierto de ringtones y el cacareo constante de los asistentes que no acabo de entender para qué van si no están interesados en la película. Pero si fueran iguales a las que conocí en mi niñez, hoy no tendría un artículo para escribir.


 
 
 
Corporación La Prensa - Todos los Derechos Reservados 2007