A estudiar: ¡la batalla ha comenzado!
Cuidado con lo que hace, o deja de hacer. Al enseñar a su hijo a estudiar, no envíe el mensaje equivocado. Enséñele buenos y productivos hábitos de estudio. Lizzie Brostella talleremociones@yahoo.es
La batalla más dura que libran los padres de hoy, en cuanto a la escuela se refiere, radica en la organización escolar y el desarrollo de buenos y productivos hábitos de estudio. Carecer de éstos puede hacer que hasta los estudiantes más brillantes pierdan oportunidades de aprendizaje importantes. Las cargas académicas de hoy son más pesadas y hay menos tiempo para aprenderlas.
La típica situación en que el padre o la madre después de lidiar con las obligaciones propias de su trabajo tenga que llegar a casa a hacer la tarea no funciona y desencadena un caos familiar total.
En mi experiencia, la mayoría de los problemas de los chicos en la escuela obedecen a dos causas: falta de conocimiento acerca de cómo estudiar y estrés; y falta de confianza de los niños en sí mismos generada por una ineficaz interacción con los padres.
Nuestro deseo es ‘lo mejor para ellos’, que sean ‘exitosos’, que desarrollen su potencial. Sentimos que debemos enseñarles que aprender es importante y provechoso para sus vidas. Sin embargo, a veces exageramos en ese sentido de protección y nos excedemos (en hacer y ayudar). La protección excesiva es nociva para el buen desarrollo emocional del niño. Como padres debemos aprender que los niños ‘vienen’ naturalmente motivados para aprender. Por ejemplo, un niño está motivado a aprender a caminar. No obstante, frente a ese proceso de aprendizaje, y cualquier otro, el adulto presenta tres conductas típicas:
1. La insegura: usted está temeroso de que se caiga (de que corra, se lastime, se ensucie).
2. La de insuficiencia: usted siente que el niño no es lo suficientemente maduro como para estar caminando.
3. La de seguridad y autoeficacia: usted comprende que caerse es parte de crecer.
Enviar a tan temprana edad mensajes equivocados puede generar inseguridades innecesarias que, de no ser corregidas a tiempo, acompañarán al niño por el resto de su vida.
Los niños son aprendices naturales, sin malicia y sin temor al fracaso. Cuando un niño está aprendiendo a caminar no está preocupado de cómo se verá ante los demás si se cae. Es el adulto quien refleja en él esos temores. Piénselo bien: si un bebé tuviera miedo al fracaso, jamás caminaría. Un niño no conoce la vergüenza del equívoco, piensa que es natural equivocarse para aprender.
>Cada niño, a su ritmo
He descubierto que cuando un niño no quiere hacer las tareas o no está motivado a aprender, por lo general se debe a que los padres o adultos responsables han hecho ‘algo’ que ha inhibido esta motivación natural. No tiene sentido que un niño tema sacarse un 4. 5 en una prueba. Pero ¿qué nota es ‘suficientemente’ buena?
No es sano ni lógico que la madre de un niño de 11 años tenga que dejar lo que está haciendo para ir a estudiar con su hijo ‘porque si no estudio con él no me saca cien’.
Hasta los niños con leves dificultades de aprendizaje pueden desarrollar técnicas de estudio exitosas, por lo cual, esta conducta por parte de los padres no es necesaria. >>>
>>> Los padres parecen no darse cuenta de que están actuando equivocadamente, y por ello, cada día vemos más niños que no saben -ni quieren- estudiar.
Todos queremos tener éxito en alguna medida: un niño tratará de hacer sus tareas adecuadamente, a su nivel, a su límite. ¿Quién dice que la única forma de obtener éxito en la escuela es sacándose un cien? ¿O el hacerlo perfectamente? No es que se apruebe lo mediocre, pero hay que aprender a esperar que el niño dé lo mejor de sí, hasta donde llegue esta medida.
Tenga en cuenta que las medidas de excelencia son individuales; si un niño solo puede leer tres palabras y, tres palabras es lo que lee, créame, está dando lo mejor de sí, constituyéndose de esta forma la medida de excelencia para ese niño.
Cuando un niño da lo mejor de sí, y su madre, padre o maestro no parecen satisfechos, el niño tratará algunas veces más; pero si no mejoran los resultados, dejará de intentarlo porque no cree que su esfuerzo haga una diferencia.
Los niños se frustran con facilidad y se dan por vencidos cuando creen que no pueden aprender. Pierden la emoción de descubrir el mundo, y además piensan ‘¿para qué he de esforzarme si me lo van a facilitar todo de todas formas?’, y un niño que deja de intentar, pierde la oportunidad de aprender exitosamente.
>Un verdadero problema para aprender
Ahora, otra cosa es cuando un niño tiene dificultades para aprender. Para los niños con dificultades de aprendizaje diagnosticadas, el aprendizaje es un reto.
Imagine ir a trabajar cada día y descubrir que no puede hacer su trabajo (aunque haya tratado y se haya esforzado), que no puede hacer nada para dejar su puesto (porque no le dejan salir), que cada día debe llegar a ese escritorio y sentarse allí y esperar a que pase el día. Agregue a eso un jefe exigiendo, y en casa, la familia preguntando: ¿por qué fracasaste en tu trabajo?, ¿por qué no eres como tu hermano? ¿Cómo se sentiría?
Así es el mundo de los niños con dificultades de aprendizaje. Afortunadamente, se desarrollan nuevas técnicas y tendencias educativas para ayudar a estos niños a lograr metas que hasta hace poco eran prácticamente inalcanzables.
Otras razones por las que los niños pierden el interés en los estudios pueden deberse al pobre manejo de temperamentos difíciles, depresión (detonada comúnmente por conflictos familiares), estados de ansiedad (fracasos anteriores o la presión de tener que hacerlo bien), la competencia escolar (el niño sabe que no es el mejor y se desalienta).
Los factores determinantes en la consecución del éxito académico de los chicos es la actitud de los padres frente a los estudios y el manejo de retos en la vida propia y de los niños.
A veces, los padres tienden a tener metas y estándares irreales para los hijos; como dije, desean que los niños sean perfectos. Estas normas irreales tienden a desanimar a los niños que dan la talla ‘normal’, y los inhiben de experimentar el éxito de sus pequeños logros.
Al otro extremo de la cuerda están los padres para quienes no es vital aprender y viven desconectados de la educación de sus hijos. Ambas posiciones son dañinas.
Vivimos épocas de retos muy distintos, nunca había sido tan importante aprender a estudiar ni había sido más importante ‘apropiarse’ del conocimiento. El siglo que les toca vivir a las generaciones que hoy se forman es uno difícil: nuevas carreras, nuevas tendencias, conocimientos obsoletos en menos tiempo, nuevas formas de vida. . .
Antes solía decirse: ‘el mejor legado que podemos dejarte es tu carrera. ’ Hoy, hay que decir: ‘el mejor legado que podemos dejarte es una carrera. Pero como no basta, lo mejor que podemos hacer es enseñarte a aprender y enseñarte a hacer; en otras palabras: a ser aprendiz de la vida, a ser autodidactas’.
Este, queridos papás y mamás, es el reto que nos toca vivir.
La autora es psicóloga y entrenadora personal para padres |