Diagnóstico de nuestra lengua
El español debe evolucionar, porque las personas, incluso de una generación a otra, no se expresan igual, sin embargo,
los cambios no pueden ser caprichosos y mucho menos transgredir deliberadamente el idioma.
Vannie Arrocha
El lunes 23 de abril, los hispanohablantes ‘celebran’ el Día del Idioma, el día de la lengua española. La fecha no fue tomada al azar, se conoce como el día en que Miguel de Cervantes Saavedra partió de la tierra.
El idioma que habló, disfrutó, combatió y dominó el padre de la lengua española es muy diferente al que hoy convive entre nosotros, y eso no está mal, porque el español es una lengua viva y, por ende, evoluciona.
Una muestra de su andar a la par de la época se deja ver en los diferentes vocablos técnicos (como escáner, correo electrónico y varios más) que se han adoptado en su diccionario para satisfacer la necesidad actual que demanda con mayor frecuencia la tecnología.
Sin embargo, cuando se pasa de esa línea de sana evolución a transgresión caprichosa o a un total descuido del español estamos devaluando la lengua que permite que más de tres millones de panameños nos comuniquemos y que compartimos con alrededor de 400 millones de hispanohablantes.
Evolución, no transgresión
Para enero se conoció que los estudiantes que habían aplicado para primer ingreso en las dos universidades oficiales de Panamá, demostraron un alto déficit en matemática y español. ‘En la parte de comprensión lectora, los estudiantes mostraron deficiencias hasta de 70%; estos índices muestran una pobre formación en muchos de ellos’, expresó Mirna de Crespo, directora nacional de Educación, en ese momento.
Cuando recibía clases del catedrático del Departamento de Español Félix Figueroa, en un principio, no comprendía por qué se enardecía tanto al contarnos sobre una maestra de primaria que conjugaba mal el verbo haber, pues decía ‘haiga’. Pensaba y decía para mí: ‘bueno, se equivocó’, pero ahora entiendo que esa mala conjugación del verbo haber no quedaba allí, repercute en otros, principalmente por su labor de maestra. Los niños a los que les impartía clases aprenderían el mismo error, el que se va esparciendo y navega entre la gente como agua por un río, al punto de que de tanto escuchar o leer el español perezoso (ese que acorta las palabras, conjuga incorrectamente los verbos o inventa verbos inexistentes), de pronto dudamos y nos preguntamos ¿cuál es la forma correcta?
¿Esa deficiencia en los estudiantes en el español hablado y escrito debe sorprender? Creo que no. Sólo es la cosecha de lo que siembra el colectivo de nuestra sociedad. El uso de ‘haiga’ en vez de ‘haya’ lo he escuchado en televisión, brotar a través de labios de diputados o de directores de alguna institución en debates políticos y sociales. Y en algunos noticieros televisivos podemos escuchar a profesionales conjugar verbos inexistentes en medio de una narración, como enunciados mal construidos usados en titulares: ‘muerto cruzaba la autopista en bicicleta’, o el uso de palabras sin respetar su género o número, que resultan en oraciones incongruentes.
También los profesionales en mercadeo y publicidad son imponentes y soberbios ante el castellano, al cual, la mayoría de las veces, distorsionan de alguna manera apelando a la creatividad. No se preocupan de la ortografía en sus anuncios, lo cómico es que tildan el pronombre personal ‘ti’ a más no poder, mientras que olvidan tildar lo debido.
Y como en este país se percibe que es el inglés el idioma todopoderoso, se usan sus normas de puntuación en vez de usarse las del español, que manda a abrir y cerrar los signos de exclamación e interrogación. Y para ilustrar solo echen memoria al comercial televisivo ‘el punto’, donde solo aparecía el signo de interrogación que cierra, pero como este ejemplo hay muchos más.
Deficiencias y errores comunes
La profesora del Departamento de Español de la Universidad de Panamá y coordinadora del Programa de Educación Continua de la Vicerrectoría de Extensión, Nimia Herrera, quien ha estado involucrada en estudios acerca de la forma de comunicarse de los jóvenes, señala que los estudiantes que ingresan a la universidad tienen varias deficiencias: ‘un vocabulario muy limitado. Su léxico lo comprenden los verbos fáciles, los comodines y la jerga. Por ejemplo: hacer la tarea, hacer el ejercicio; dame esa cosa; tírame esa vaina; tengo hambre’, entre otras.
El panameño, por lo general, acorta las palabras, omite las palabras terminadas en la consonante ‘s’, abusa del uso de gerundios o los mal emplea.
En la semana del 23 al 29 de abril, centenares de murales adornarán las escuelas con imágenes de Cervantes y de libros abiertos (pues desde 1996, la Unesco declaró la celebración del Día Mundial del Libro), pero en los murales de las calles los panameños en edad de formación verán que hay otro español perezoso que está de moda y, tal vez, se inclinarán por ese, lo que permea lo que pueda enseñarse en la escuela.
Una gran valla publicitaria de una emisora colocada en la vía Ricardo J. Alfaro pasa por alto las normas elementales de puntuación de la gramática normativa, al separar el verbo de su predicado. Mientras que los locales comerciales, para connotar fascinación o atractivo por su oferta, prefieren usar un nombre anglosajón, ¿será que el español les suena a chusma? ¿Acaso estamos despreciando nuestro idioma?
No tenemos por qué, en el IV Congreso Internacional de la Lengua Española, donde se homenajeó la prolífica vida literaria de Gabriel García Márquez, y que tuvo como título ‘Presente y futuro de la lengua española: Unidad en la diversidad’, se declaró que el español es la lengua con más expansión en el mundo; que 14 millones están aprendiendo a hablarlo y que como es una lengua cultivada por países tanto en el viejo como nuevo continente, es constantemente enriquecida.
Mirada foránea
Los regionalismos son pintorescos, caracterizan a una persona de su lugar de procedencia. Pero lo que tienen en su contra es que podemos no ser bien entendidos por otros hispanohablantes. Por ejemplo, el periodista y escritor Daniel Samper, quien también participó en la clausura del IV Congreso Internacional de la Lengua Española –realizado en Cartagena de Indias, Colombia– estuvo en Panamá unos días antes y lo vi atraído por pescar errores gramaticales, ortográficos, en fin, idiomáticos, en los anuncios que, ubicados en la calle, venden desde ‘coco rayado’ (lo correcto es rallado) como en los que promocionan un préstamo bancario; este último le incómodo más que cualquiera, pues está construido desde un lenguaje meramente coloquial, de nuestro lenguaje cotidiano. En ‘Yo tú le pido un préstamo personal. . . ’, no se usó la oración subordinada condicional (‘si yo fuera tú’), lo que hace el enunciado algo incomprensible para los que no están familiarizados con nuestro regionalismo.
¿Sería bueno practicar un mejor español? Opino que sí.
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