Dependiente de profesión
La salud, seguridad y derechos laborales y humanos de las mujeres que trabajan como vendedoras en comercios era un asunto inadvertido. En marzo, a raíz de una concienciación que se hizo en tiendas de Calidonia por las direcciones de dos ministerios públicos, el tema se abordó.
VANNIE ARROCHA
Micaela de Mendoza es la actual gerente de Mansión Danté. Cuando inició labores en esta empresa, hace 21 años, fue en calidad de vendedora. ‘Vieron mi desempeño y me dejaron entrar a un equipo de gerencia hace 14 años y desde hace siete años soy la gerente de Mansión. Los gerentes de Danté vienen de abajo, es decir, saben todo el trabajo que se tiene que hacer’, afirma.
Así como hay mujeres como Mendoza, que han encontrado un camino de éxito a partir del oficio de dependiente, hay otras que ejercen esa labor bajo condiciones que van en contra de su salud, derechos laborales, incluso de sus derechos humanos, explica el director nacional de Inspección del Ministerio de Trabajo y Desarrollo Laboral (Mitradel), Carlos Salazar.
Convivir entre artículos nuevos, escuchando la música de moda para atraer clientes, no pareciera un trabajo demandante. Sin embargo, el 8 de marzo, como parte de la celebración del Día Internacional de la Mujer, la Dirección Nacional de Inspección del Mitradel, en conjunto con el Ministerio de Desarrollo Social (Mides) hicieron una jornada de concienciación sobre la salud y seguridad de las vendedoras en todos los locales comerciales de Calidonia.
Según Salazar, a los administrativos y empleadores de los comercios no les gustó el recorrido efectuado por sus locales. Señala que no mostraron mucho interés en aplicar las normas sugeridas, dentro de las cuales se les advertía del riesgo para la salud de las empleadas al trabajar largas jornadas de pie, sin intervalos de descanso. Explica que esto acarrea dolores de espalda, inflamación en las piernas, problemas de circulación sanguínea, llagas en los pies y cansancio muscular, secuelas cotejadas en las recomendaciones de salud y seguridad que establece la Organización Internacional del Trabajo.
‘Ellos tienen la mentalidad de que la mujer debe permanecer de pie todo el tiempo, esa es la cultura de ellos, algo que es absurdo e inhumano’, dice el director nacional de inspección sobre la actitud de los empleadores en los comercios visitados.
Estas jornadas de inspección vigilan que se cumplan los artículos 282 y 283, del libro segundo que habla sobre Riesgos Profesionales del Título Primero sobre Higiene y Seguridad en el Trabajo, del Código de Trabajo panameño.
Salazar menciona que ‘lo saludable es que [las empleadasI se sienten 10 a 15 minutos cada dos horas. Y no que se mantengan 10, 12, 14 ó 16 horas de pie, como sucede para la época del Día de la Madre y Navidad’.
La presidenta de la Sociedad Panameña de Salud Pública, la doctora Nancy Guzmán, reafirma lo expresado por Salazar y menciona otros problemas de salud de las vendedoras, como el poco consumo de agua, el estrés y las comidas a deshoras. ‘La falta de agua no permite que órganos como el cerebro, riñón y corazón, por ejemplo, reciban suficiente oxígeno, por tanto, cuando existe un nivel de deshidratación leve, puede provocar dolor de cabeza, falta de concentración, mareos y hasta calambres. Una persona en este estado es poco productiva’, argumenta Guzmán, y añade que también el hecho de retener la orina, por no contar con permisos frecuentes para ir al baño, ocasiona infecciones urinarias, y que el no tener un horario fijo para comer puede terminar en una gastritis.
‘Todo esto, aunado a estar pendiente de los clientes y sus exigencias, más el permanente estado de alerta que se les exige para evitar los hurtos, las convierte en blanco fácil de episodios eventuales de mal humor’, señala la doctora.
> El revisado de todos los días
Al cierre de muchos almacenes, los empleados entran uno a uno a un vestidor, donde el supervisor les pide quitarse la ropa para hacerles un revisado y comprobar así que no se llevan nada de la tienda.
En algunos comercios incluso hacen este procedimiento cuando las dependientes salen a su hora de almuerzo, informa una administrativa de una tienda por departamentos en Albrook Mall. Menciona que en la parte trasera de la tienda, a donde sólo tienen acceso los empleados, hay un mural con los rostros de quienes han hurtado algún objeto del almacén.
Carlos Salazar, del Mitradel, dice que el empleador puede pedir revisar diariamente la cartera o maletín de sus empleados antes de retirarse del lugar de trabajo. Pero no registrar a la persona per se. ‘Hay algunas denuncias que no hemos podido corroborar, pero que tenemos en planificación investigar, es que, en algunos almacenes (voy a omitir los nombres), obligan a los muchachos a bajarse los pantalones para ver si no llevan nada en sus calzoncillos. Eso es denigrante en extremo’, considera Salazar.
La propietaria de la boutique Next, Peggy Ortiz, cuenta que se siente satisfecha y contenta cuando sus clientas la encuentran en la calle y le felicitan por el ambiente y buen trato que ofrecen sus vendedoras. Ortiz dice que es del pensamiento de que al crear un buen ambiente de trabajo para sus empleadas todo marcha mejor y que así como exige también debe ofrecer.
No obstante, acepta que revisa las carteras de sus dependientes al concluir su jornada, pero explica que esta política la adoptó a raíz de un acto deshonesto de una antigua empleada. Aunque dice que no le gusta hacerlo.
¿Registrar al empleado es legal o no? La abogada Mónica Benson recomienda tomar como referencia dos artículos del Código de Trabajo ‘el 127, que 'prohíbe a los trabajadores tomar de los talleres, fábricas o de sus dependencias, materiales, artículos de programación informática, útiles de trabajo. . . '. Y el 128 que señala que son obligaciones de los empleadores 'guardar a los trabajadores la debida consideración, absteniéndose de maltratos de palabra o de obra y de cometer en su contra actos que pudieran afectar su dignidad’.
La abogada opina que si bien por un lado el empleador tiene derecho a salvaguardar los bienes de la empresa, también queda claro que el trabajador no puede ser sometido a tratos humillantes.
Pese a que exigir quitarse la ropa o instalar cámaras en vestidores se considera un acto de humillación, la vendedora de un almacén en Calidonia no expresó descontento ante la revisión diaria a la que es sometida.
El director del Centro de Investigaciones de la Universidad de Panamá, el sociólogo Marco Antonio Gandásegui, indica que los empleados se dejan abusar, porque temen perder su empleo.
‘En Panamá especialmente, [el trato haciaI la trabajadora mujer en el comercio es muy denigrante. No se desarrolla una situación de confianza entre el empleador y el empleado’, explica. Según este sociólogo, esta muestra de desconfianza tiene conexión con la política de contratos de tres o seis meses, pues el poco tiempo de relación laboral no permite que tanto el empleador como el empleado se conozcan y forjen un vínculo de confianza.
El sociólogo concluye que el pasar un revisado personal incide en una baja autoestima, porque es como que ‘al final de la jornada el empleador dijera 'sospecho que eres un ladrón, por lo tanto, te voy a revisar'. En esas condiciones el empleado no puede rendir todo lo que es capaz’.
Las jornadas del Mitradel continuarán a partir de esta semana, cuando se iniciarán las inspecciones en la capital y luego en todo el país. Salazar asegura que a los comercios que hayan hecho caso omiso a las sugerencias de salud para las vendedoras, se les multará hasta con un máximo de 500 balboas.
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