Inspirada en el mar
La peruana Elena Larriñaga Markiegi vive en Panamá desde hace seis años, y desde entonces ha empezado a trabajar con los cristales que arroja el mar a las playas, para fabricar originales collares.
VANNIE ARROCHA
‘Playa, brisa y mar. . . ’; aunque quizá la peruana de padres vascos, Elena Larriñaga Markiegi nunca haya escuchado la pieza musical de Osvaldo Ayala, estos tres componentes que el cantante menciona en su canción, son los mismos que emergen de la personalidad de esta nueva diseñadora de joyas exóticas, quien busca abrirse paso de manera ingeniosa desde una isla de Bocas del Toro.
Elena llegó hace seis años a las costas panameñas y las paseó en el bote Naylamp, junto a su compañero.
El encanto que ejerció la isla de Bastimentos, en Bocas del Toro, sobre la pareja fue tal, que decidieron bajarse del Naylamp para vivir en una casa de madera. No tuvieron que renunciar al tuteo con el mar, pues ahora viven en un entorno verde, pero su horizonte sigue siendo una playa y más allá, pero igualmente cerca, está siempre el mar, que le trae a la diseñadora tanto los elementos necesarios como la inspiración para crear collares con vidrios de mar.
> Proceso
Elena dice que desde su natal Perú y durante los años que vivió en España, hacía collares, pero con materiales como la chaquira. Ahora lo que ofrece son creaciones que guardan historia a través del arte conocido como sea glass. Para dominar este proceso de hacer joyería con los vidrios que, a través de los años, el mar en su contexto se ha encargado de refinar y embellecer, Elena ha sido autodidacta. Comenzó recolectando pedazos de vidrio que le atraían y leía sobre sea glass en internet. Sabe reconocer hoy cuáles son los vidrios antiguos por su color y grosor, asegura Elena Markiegi –quien utiliza el apellido de su madre en su faceta como diseñadora–.
Con respecto al proceso, ella acepta que ha ido paso a paso: ‘Empecé con trabajos muy simples, con un solo cristal y un cuerito, luego le añadí tres [cristalesI’ y así sucesivamente.
‘En Bocas, botellas hay, pero millones. Se encuentra mucha diversidad de vidrios y agarran formas muy curiosas’, dice Elena, quien nombró a sus primeras creaciones Ocean Circus, donde los collares se caracterizaban por los detalles de vidrios pulidos combinados con tiras de cuero, denotando a través de los materiales un estilo rústico y sexy.
Actualmente, en su tercera y nueva producción, ha incluido láminas de plata y piedras como la turquesa.
En el show room de la diseñadora Sara Bassan, se exhiben algunas de las creaciones de Markiegi.
> Más que moda
Según Elena, el bagaje que ha tenido en su vida le ayuda a imprimirle más autenticidad y creatividad a sus piezas, pues ha estado abierta a extraerle al mundo sus características a través de sus años vividos en Perú, en España, donde indica que al principio anduvo como gitana, y de los años que vivió en bote en las costas istmeñas.
Para ella, sus collares, más que moda, son piezas únicas con energía especial. ‘Me gusta que la mujer que guste de mis collares se vea sexy, hermosa, pero que también sienta esa energía bien linda que proviene del mar’, asegura. Ella señala que el mismo proceso por el que pasa el vidrio es especial, ‘ha estado años y años dando vueltas por el mar, para desembocar en la tierra otra vez. Yo lo agarro, lo elaboro, hasta que llega a ti, por eso trato de hacer cada creación con corazón, para que llegue con la energía que trae el vidrio de tantos años atrás’, asevera la diseñadora.
Aunque dice que en cada creación trata de dejar su buena vibra, no importa el material sobre el que esté creando, queda sobreentendido que es trabajar los cristales de mar lo que más la satisface en su faceta creadora y también de donde más se alimenta al pensar de dónde pudo venir o a quién pudo pertenecer ese pedazo de vidrio que ahora guarda entre sus manos.
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