Alejandro Cantón
Orientador de corazón y de profesión
Después de casi 40 años de trabajar con trastornos de género, el doctor en psicología clínica se jubiló, pero seguirá ofreciendo sus conocimientos a través de un 'blog'.
VANNIE ARROCHA
El doctor en psicología clínica Alejandro Cantón estaba de vacaciones en Los Ángeles, Estados Unidos, este mes, cuando un bajón en su salud lo hizo regresar antes de lo previsto a Panamá. Llegó el pasado viernes en el vuelo de las 11:00 a. m. y accedió a que la entrevista se realizara ese mismo día, al caer la tarde, en su hogar.
Antes de que la puerta de su casa se abriera, se escuchaba un tono alegre que replicaba ‘abuelo Alex, abuelo Alex’; la voz era de Diego, el nieto más pequeño, de dos años, de Cantón.
El doctor decidió iniciar la entrevista en el rincón preferido de su fallecida esposa, Emma Emita Bustos, una salita con vista al pequeño y cuidado jardín.
Décadas de experiencia
Mejor conocido como Alex Cantón, comenzó su carrera como director del Departamento de Psicología del Ifarhu, de 1967 a 1969; inició su consulta en la Caja de Seguro Social (CSS) en 1970 hasta abril del año pasado, cuando se jubiló oficialmente; y cuenta que su carrera la desarrolló en psicología aplicada a la sexología clínica.
Desde sus inicios se dedicó a la atención de personas con trastornos de género, lo que anteriormente se denominaba trastornos sexuales.
Cantón creó en la CSS una terapia de grupo para personas homosexuales en 1975, y enfatiza que su objetivo era ‘guiarlos a vivir con su homosexualidad, la cual no era recibida como elección’. Él indica que al llegar estos hombres a su consultorio decían: ‘Yo soy el homosexual fulano de tal’ y, luego de la terapia, debían decir: 'yo soy fulano de tal y soy gay para el que yo quiero que sepa', lo que indica un cambio positivo en la autoestima, porque lo que determina al individuo es su humanismo’. Él señala que hay mucha diferencia entre estas dos aseveraciones y que no es tan fácil de pronunciar ni de lograr esta actitud para el homosexual.
Según Cantón, la terapia en grupo no se interrumpió hasta abril de 2006.
De su trayectoria profesional también menciona la creación de la Asociación Panameña contra el Sida (Apacsida), y menciona que a principios de la década de 1990 eran vistos con ojos de sospecha los profesionales de la salud que trabajaban con estas personas o se pronunciaban a favor de ellas.
Comenta que su esposa Emita murió el 17 de julio del año pasado, y como ella fue un pilar en muchas facetas de su vida, decidió que no continuaría trabajando ni en consulta privada luego de su muerte.
Después de regresar de unas vacaciones, recibió varias llamadas telefónicas pidiéndole tutoría. Aquí nace la iniciativa de crear un blogspot, principalmente para familiares de homosexuales.
Su deseo de seguir colaborando con sus conocimientos y la experiencia obtenida por el trabajo realizado, más que todo sobre la identidad del homosexual, le llevó a asesorarse tecnológicamente para crear el blog http://terapiacanton. blogspot. com/, en mayo pasado.
‘La idea no es convertirlo en un site de homosexualidad o algo por el estilo, sino simplemente para si alguien quiere algún tipo de información para salir de dudas, para aliviar sus preocupaciones, me escribe y yo le contesto científicamente como hacía en las clínicas, con la única diferencia de que no se le cobra’, dice Cantón, quien está consciente de que aunque sea una buena oportunidad para los familiares de homosexuales, tal vez no llegue a tener éxito por no tener suficientes visitantes ni patrocinadores.
Su apoyo real
Con el mismo bastón que ahora le sirve de soporte, Alex Cantón muestra los ladrillos que pintó en el jardín en honor a Emita, y reconoce que ni su salud ni su talento le permiten hacerlo tan bien como su esposa, pero decidió mantener el jardín igual de bonito porque para ella era muy importante.
Se conocieron cuando tenían 23 y 21 años, Alex y Emita, respectivamente. ‘Emita es prima hermana de mi mejor amigo’, dice Cantón. A los nueve meses de conocerse se casaron y advierte que la causa fue el amor y no otro motivo. ‘Nos casamos vírgenes y no me da pena decirlo’, añade el abuelo de Diego, quien se escapó de los brazos de su padre, Vadim, y fue a acompañar a su abuelo durante un momento de la entrevista.
En 1981, cuando Emita tenía 35 años, tuvo un accidente cerebrovascular por el que olvidó todos sus estudios. Ella se había graduado de Administración Pública y tuvo que aprender a leer y escribir. Se negó a ir a terapia y aprovechó que Vadim, su segundo hijo, estaba en primer grado, y Pipito, el más chico, estaba aprendiendo a hablar, entonces ‘ella decidió que iba a aprender a hablar y a escribir a través de sus chiquillos’, dice su orgulloso esposo, y añade que ‘sus chiquillos -como todavía les llama- nunca vieron a su madre como discapacitada’.
Menciona que fue difícil la vida familiar, porque ella no podía hablar, había olvidado cómo hacerlo, y sentía que ‘esto pesa mucho’, pero él jamás pensó en colgar los guantes. Emita logró recuperar el habla y cultivar otras habilidades como diseñadora y modista privada de sus tres hijos. Se dedicó al hogar y su esposo la recuerda como el pilar de su vida y su carrera.
Él acepta que su gran apoyo le hace falta, pero que en su familia cada uno tenía responsabilidades y ahora él tiene que hacer su parte y la de Emita, quien era muy de conciliar.
Su libreto para ser papá
Se le preguntó a Cantón que si por su condición de psicólogo se sintió alguna vez presionado a hacer todo bien en la crianza de sus hijos, y aseguró que no y que está seguro de haberse equivocado varias veces.
Acepta que tenía como regla con los chicos, desde temprana edad hasta ahora, el ritual del beso y la terapia del abrazo de oso. Consistía en darse un abrazo apretado cada vez que los iba a recoger a la escuela, delante de todos sus compañeros de clase, lo que en la adolescencia a los chiquillos les resultaba incómodo. Pero recalca que los amigos de sus hijos, donde lo ven, lo saludan de esa manera, con un abrazo de oso.
El ritual del beso se impuso para todos los miembros de la familia Cantón Bustos, tanto entre los esposos como entre los hijos. Por ejemplo, nadie se podía acostar sin ese beso, aunque se hubiese tenido alguna diferencia previa.
Cantón dice que sus hijos eran libres de vestir como querían y que en esta área su cómplice era la madre, pues como ella les cosía la ropa estaba al tanto de la moda. ‘Les hacía los jeans, se los deshilaba’, rememora.
No les permitió conducir antes de los 18 años, ‘porque antes de los 18, los jóvenes no tienen la madurez para reaccionar ante un accidente automovilístico’, opina este padre de tres hijos. Así que se convirtió en chofer de ellos y de paso de sus amigos.
Dice que cuando sus hijos alcanzaron la mayoría de edad, tuvo que hablarles y pedirles que lo ayudaran a aceptar que estaban creciendo, pero que no abusaran, que ‘no se me presentarían aquí a las 2:00 de la mañana sin antes llamarme para decirme que iban a llegar a esa hora’, pues aunque igualmente no dormiría y los esperaría en la escalera, por lo menos sabría a qué hora iban a aparecer por esa puerta.
Pipito, como le dicen a Iván, quien es el más pequeño, dice que sus padres le enseñaron a no tener ningún tipo de favoritismo con nadie, porque sus padres no hicieron eso con ellos. ‘No se hace distinción, porque cada uno [de sus hijosI tiene su peculiaridad’, afirma Cantón padre, refiriéndose a sus normas de crianza. A esto, sus hermanos asienten y agregan su parte. Vadim, con su primogénito en brazos, dice que de su progenitor aprendió a ser un padre cariñoso. Y Akim, el mayor de los tres, dice que lo que más atesora de las enseñanzas que le inculcó su padre es la responsabilidad y el cariño hacia la familia.
En la cocina, lugar favorito de Alex Cantón, el grupo familiar posa para la fotografía. En ese momento llaman a Akim solicitando que vuelva a su trabajo. Se despide tres veces de su padre y sus hermanos antes de retirarse.
Cantón aprovecha la salida de Akim para comentar que su hijo estaba en contra de que él se comprara un automóvil nuevo, por eso Akim le regaló un loro, al que bautizaron Yaris, para que ‘no me quejara, pues ya tenía mi auto’.
Luego de un tiempo de luto, el doctor Cantón está retomando las riendas de lo que ha sido su vida profesional. Él no colgará los guantes, aunque reconoce que tiene otras prioridades en el plano familiar.
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