Después de 'miss', empresaria
Ellas fueron coronadas como reinas de belleza en la década del 90; ahora nos cuentan sobre sus nuevos proyectos y cómo pasaron de ex 'misses' a mujeres emprendedoras.
Jennifer Silvera
María Sofía Velázquez y Marianela Salazar empezaron a trazar su futuro profesional cuando fueron coronadas como reinas de belleza en Señorita Panamá.
En aquel momento no se imaginaban el reconocimiento que el título les daría, más allá de algo momentáneo. Hoy consideran que ese solo fue el punto de partida para convertirse en las mujeres emprendedoras que son.
Tanto una como la otra reconocen que el certamen les dio otra visión de la vida y les enseñó disciplina. Incluso María Sofía confiesa que si volviera a nacer, una de las cosas que le daría miedo que no pasara, sería el concurso, ya que el ser coronada como Señorita Panamá para Miss Universo en 1993, le mostró todas las posibilidades que tenía y desde entonces no ha parado.
Por su parte, Marianela afirma categórica que por un certamen de belleza se puede simplemente pasar o sacarle todo el provecho posible. Reconoce que para ella fue un proyecto de vida y que le dio muchas oportunidades para crecer. Ella fue coronada como Señorita Panamá para Miss Asia Pacific en 1999. Antes de ello, en 1997, concursó en Miss Hawaiian Tropic.
Recientemente y después de haber crecido profesionalmente en diversos ámbitos, ambas se han estrenado como empresarias, sacándole como siempre provecho a todas sus vivencias y poniendo en práctica lo aprendido desde aquella vez que fueron coronadas y sus rostros se hicieron conocidos.
Mamá empresaria
María Sofía dice que la idea de poner su propio negocio y lanzarse a la aventura de ser emprendedora siempre estuvo con ella, sin embargo, la decisión se la ayudó a tomar la persona más especial en su vida: su bebé, que nacerá en unos dos meses. ‘El estar embarazada me ha hecho ver la vida de otra forma, lo que parecía difícil ahora no lo es’, confiesa, y cuenta que un día se levantó pensando en que tenía que hacer su sueño realidad y montar su empresa: una academia de imagen y proyección que lleva su nombre.
Y con bebé a bordo, esta ex reina le dio rienda suelta a esa idea. En un tiempo récord encontró un local en Multicentro y hasta logró que la casa de maquillaje Mac la apoyara. Sumado a la apertura de su nuevo negocio, la ex miss se desempeña durante el día como compradora para la tienda Kenneth Cole, mientras que por la noche y los fines de semana se pone su atuendo de consultora de imagen para damas. Mientras que a muchas mujeres en su estado les da por descansar, a María Sofía le ha dado por producir todo lo que puede, nada más hay que verla cómo se desenvuelve en su academia, caminando de un lado para el otro sin quedarse quieta, es toda vitalidad con sus siete meses de embarazo.
Su propósito con este negocio es enseñar a las mujeres a verse mejor sacándose el mayor provecho. Le es casi innato ver a las mujeres y aconsejarlas sobre lo que les favorece o bien elogiarlas cuando les gusta algo que llevan puesto. Además, en sus tiempos como gerente de una tienda de ropa moderna se le podía ver recorriendo las pasillos del almacén y asesorando a las clientas.
‘Les doy cursos de maquillaje, les enseño qué colores les favorecen, pero sobre todo las ayudo para que se acepten a sí mismas, ya que tú no le puedes pedir a una persona que le dé prioridad a la imagen física cuando a nivel interno hay que reforzar algunas cosas’, enfatiza, y agrega que primero es importante contar con una buena autoestima.
La nueva empresaria dice que además de recibir mujeres de todas las edades para instruirlas en su imagen, también ofrece talleres y seminarios para empresas sobre motivación, manejo de la comunicación, atención al cliente y, por supuesto, de color y maquillaje. ‘Estar dentro de una empresa me enseñó a conocer lo importante que es proyectarse adecuadamente para alcanzar las metas’, puntualiza.
María Sofía siempre ha estado inmersa en el mundo de la moda y ha sido guía de otras mujeres en su desarrollo personal. Por casi 10 años, fue instructora de misses y modelos de la agencia Physical; posteriormente se desenvolvió como compradora para diferentes marcas. Se podría decir que ha tomado un poco de cada momento de su vida para crear su empresa actual.
Esta futura mamá afirma que no está interesada en mercadear modelos. ‘A mí me interesa la mujer que quiere verse bella caminando por el pasillo del supermercado, la que quiere estar divina para salir a cenar con su esposo, la que desea llegar regia a una entrevista de trabajo o la que quiere lucir más profesional en la oficina’, aclara.
A pesar de que la ex miss parece incansable y con mucha energía, confiesa que está algo pausada por su estado, ya que tiene planes de expandir el negocio brindando sus servicios en el interior del país e incluso abrirse campo en Centroamérica dando consultoría de imagen. ‘Pienso que en Panamá, a nivel de imagen empresarial, estamos muy bien’, dice.
María Sofía confiesa que para ella este negocio es lo más gratificante que hay, ya que se siente bien cuando asesora a una persona para que mejore su imagen; a partir de allí la ve florecer e incluso es testigo de cómo todo esto influye positivamente en su estado de ánimo. ‘Cuando uno se siente bien, uno quiere que todo el mundo se vea bien, esto tiene mucho que ver con la seguridad’, afirma categórica.
Socias, hermanas y ex 'misses'
Red String Café es el nombre con el que Marianela Salazar bautizó su negocio; se trata de una librería café con libros sobre la filosofía de la cábala. ‘Hace dos años y medio aproximadamente estuve en el centro que imparte estudios sobre la cábala en Los Ángeles, California, en ese lugar había un bookstore cafe muy acogedor, me encantó y desde ese momento tenía la ilusión de tener un sitio que irradiara la energía que yo había sentido en aquel lugar’.
En principio, cuenta Marianela que arrendaron el local -del actual café- para hacer un centro de estudio sobre esta filosofía, pero finalmente lo pusieron en otro lugar y al tener este rentado se le presentó la oportunidad de abrir la librería, que no es más que un sitio en donde las personas pueden llegar, leer y disfrutar de buena comida en un ambiente que mezcla un toque hogareño y acogedor con los beneficios de un restaurante.
La ex reina confiesa que cuando empezó a montar el negocio, no sabía en qué se estaba metiendo; sin embargo, en su mente siempre tuvo la idea de tener algo propio y lo logró cuando menos lo esperaba.
‘Tuve la dicha de contar con el asesoramiento de gente exitosa en el negocio de los restaurantes; por un lado, el dueño de Beirut me aconsejó, y por el otro, mi amiga Ayalet, quien tiene el restaurante Darna. Ambos me apoyaron mucho’, revela. ‘Ayalet es mi ángel de la guarda, sin ningún interés me abrió su carta de proveedores y se salía de su restaurante para ayudarme’.
Pero además de sus colegas, hubo otra persona que creyó en ella desde el principio: su hermana Malena Bethancourt, quien también fue Señorita Panamá, pero para Miss Mundo en 1991. ‘Cuando le expliqué el negocio me dijo 'yo te voy a ayudar, quiero que tu sueño se haga realidad' y se montó conmigo en este tren’, cuenta orgullosa, y explica que su esposo la ha apoyado y también es socio.
Marianela reconoce que tener una empresa de este tipo es un negocio sacrificado, más aún cuando se es perfeccionista, como reconoce serlo. ‘Cuando empecé a montar el negocio tuve que decir adiós a mis otros trabajos, como el de maestra de ceremonias, la televisión, el modelaje, en pocas palabras, me dediqué a esto al 100%’. Revela que al principio era cajera, abría a las 8:00 a. m. y cerraba el local de madrugada.
Actualmente, las aguas han vuelto poco a poco a su lugar, ya que la ex miss dice que después de casi ocho meses ha ido encontrado un personal idóneo y ha podido ir delegando trabajo, por lo que ya está nuevamente retomando sus actividades e incluso ahora es una de las presentadoras del programa de televisión de la revista Selecta.
Al igual que María Sofía, no para y ni bien se han comenzado a normalizar las cosas, ya tiene en mente algunos proyectos nuevos y todavía le queda tiempo para hacer vidrieras de almacenes, porque confiesa que le encanta crear y que la moda le apasiona.
‘Hace cinco años no veía cerca el hecho de tener mi propio negocio, no creía que estaría preparada para ello y debo confesar que no me di cuenta de cómo me hice una empresaria’, reflexiona.
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