ciencia
Alargar la vida
Los científicos españoles María A. Blasco y Manuel Serrano, respectivos jefes de los Grupos de Telómeros y Telomerasa y de Supresión Tumoral, acompañados de Toren Finkel, del National Institute of Health en Bethesda, han informado que uno de los retos futuros es ‘alargar la vida a los mamíferos mediante modificaciones genéticas conocidas’.
Ello permitirá la validación de dianas terapéuticas antienvejecimiento y el desarrollo de fármacos específicos. Estas dianas han de incluir también las antitumorales, afirmó Blasco, ya que ‘es necesario disminuir la incidencia del cáncer para conseguir un impacto positivo en la longevidad’.
Una serie de observaciones clave pone de manifiesto la existencia de una compleja, pero creciente, convergencia entre el conocimiento actual acerca de la biología del envejecimiento y de los mecanismos subyacentes al cáncer, y ello, pese a que en principio ambos podrían parecer fenómenos no relacionados. Indican los científicos que hablar hoy de una biología común al cáncer y el envejecimiento es posible gracias a la revolución que en 1951 supuso el establecimiento del primer cultivo continuo de células humanas.
Ellas mandan
La máxima popular de que ‘son ellas las que llevan la voz cantante’ es desde ahora científica, pues un estudio de investigadores del Reino Unido y Alemania demuestra que los machos mamíferos tratan de complacer las reglas selectivas que las hembras imponen para reproducirse.
Y no es que ellos intenten seguir por sistema las órdenes de sus compañeras, lo que sucede, explican los expertos, es que los machos son capaces de abandonar su clan si con este gesto pueden cumplir la ‘regla de oro’ femenina que les asegure la reproducción.
Dicha regla es la siguiente: ‘evita a los machos que eran miembros de tu grupo cuando tú naciste y apuesta por aquellos que inmigraron al mismo o nacieron en él después que tú’, enuncian los científicos.
Esto, según los expertos, responde a que las hembras evitan tener que discernir si su pretendiente es pariente cercano o no a la hora de reproducirse tirando por la calle del medio, es decir, eligiendo a aquellos que no estaban en el grupo cuando ellas llegaron al mundo o a los más jóvenes, por haber nacido después.
Nuevo medidor
Según científicos de la Universidad de Texas Southwestern, los kilos de más, especialmente en la barriga, son un buen medidor del riesgo creciente de un problema cardiovascular, mejores aún que la pesa del baño.
Aun cuando el peso de una persona sea normal, los kilos de más en la barriga reflejan un mayor riesgo de acumulación de placas en las arterias y en el corazón, informan los expertos. El estudio señala que cuando se trata de enfermedades cardiovasculares no tiene mayor objeto combatirlas con la reducción de masa corporal en otros sectores. La clave está siempre en las dimensiones de la barriga y eso es lo que debería preocupar a la gente, dicen los científicos. ‘Se trata de una batalla diaria, una batalla en cada comida, pero que vale la pena librar. Aunque sea una pequeña barriga, esta representa un riesgo mayor en comparación con una zona estomacal totalmente lisa’, señala el profesor James Lemos.
La empatía contagia los bostezos
Un estudio con niños autistas elevó la evidencia de que las personas que se identifican mejor con otras son más propensas a contagiarse el bostezo. Investigadores saben desde hace mucho tiempo que un bostezo conduce a otro y así sucesivamente, pero se desconoce qué es lo que genera ese fenómeno. Atsushi Senju, de la Universidad de Londres, estima que algunos creen que se trata simplemente de un reflejo. Otros, en cambio, sugieren que los mismos mecanismos cerebrales que hacen que las personas sientan empatía provocan el bostezo cuando se ve a otros haciendo lo mismo. Hallaron que los niños con autismo bostezaban menos que los otros niños durante la visualización de los videos de personas bostezando. Ambos grupos de niños bostezaron la misma cantidad de veces al mirar el video.
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