Publicado el viernes 31 de agosto de 2007 - Edición No. 911 | Inicio | e-mail | Foros | Favoritos | Buzón | ? |
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EL PERSONAJE
Alejandra Vela
El arte es como la gente

La conservadora-restauradora argentina que visita nuestro país nos habla sobre obras de arte y sus semejanzas con las personas: son frágiles y únicas. Esther Arjona

No es la primera vez que Alejandra Vela viene a Panamá. La primera ocasión fue mientras residía en Costa Rica, donde su padre fungía como embajador del Gobierno argentino. El viaje solo fue por un par de días que, según Vela, le ofrecieron solo un pantallazo. Por eso se está tomando su tiempo en esta segunda vuelta.

Vela estará visitando el país por aproximadamente un mes, durante el cual estará dictando charlas sobre conservación y restauración de obras de arte, su fuerte.

Su carrera la empezó muy joven en Argentina, pero su especialización la obtuvo en Baviera, Alemania, donde tuvo la oportunidad de trabajar en un importante proyecto de restauración de la iglesia Das Heilige Kreuz, que data de 1754 y es considerada uno de los monumentos más importantes del barroco alemán.

‘Fue un trabajo muy intenso, muy difícil, que me afianzó muchísimo’, comenta la restauradora, quien ha visitado varios países para empaparse de nuevas técnicas y, sobre todo, criterios. ‘Cada país tiene su criterio, a la hora de intervenir una obra y en el último resultado estético de la obra.

Me encanta profundizar en los pensamientos de todos los países, de la gente, y creo que la sumatoria de todo esto hace que uno trabaje y también pueda, a la hora de intervenir una obra, resolver cuál será la mejor forma o vía de trabajo’, afirma, pues para ella, en su trabajo es de gran importancia elegir dentro de un abanico de opciones la más apropiada para una obra, pues cada obra es única.

‘Las obras son como las personas: únicas. Entonces, cada rotura, cada daño, también es único y no se puede intervenir una obra en una forma de pensamiento mecánico. Cada una de ellas requiere su análisis y propuesta de trabajo especial’.

Conservar, restaurar

Aun cuando se ha establecido la importancia de estas dos disciplinas, la conservación es bastante reciente en cuanto a obras se refiere.

‘Se esperaba que la obra estuviese totalmente degradada o destruida o cayéndose a pedazos y allí recién se la llevaba a un restaurador o se le intervenía’, comenta Vela. ‘Ahora hay un pensamiento más consciente de la importancia de la conservación, de que si se conservan las cosas de una forma mejor también van a durar mucho más en el tiempo y se van a intervenir menos. Es como hablar de ecología’.

Y al igual que en la ecología, la conservación y la restauración son disciplinas que requieren de mucha consciencia y tiempo.

‘Todo lo que uno hace bien toma tiempo. Y esto se aplica tanto para la cocinera como al ama de casa o al hablar con un amigo. Lo que haga uno bien en esta vida, lleva trabajo y una especial dedicación’, asegura.

Por eso un trabajo específico no se puede medir solo por sus dimensiones.

La situación de cada obra es singular: una pintura de caballete estará más expuesta a golpes o a roturas. El lienzo es más delicado que la madera o que el metal; las porcelanas, el vidrio y el cristal, por ejemplo, son más frágiles y están más expuestos al deterioro, pero hay que considerar también el lugar donde la obra esté ubicada, ya sea a la intemperie o en un lugar donde haya constantes cambios de temperatura o en el nivel de humedad.

Por último, se debe considerar también el estilo de la obra y si es parte de una colección.

Hay que evaluar el antes, el ahora y el después.

Clientes

Se pensaría que la fuente de trabajo de un restaurador son los museos y galerías, sin embargo, el espectro es mucho más amplio.

‘La cantidad de trabajo es más de obras que se adquieren en remates y que van a museos. En general están en muy mal estado. Pero en el museo, una vez que se hayan restaurado todas las obras basta hacer una visita periódica cada 2 ó 3 meses pues el ambiente está muy controlado y protegido’.

También están aquellos coleccionistas privados, sin embargo, aquellas personas que tienen algunas piezas en casa dan más que hacer pues suceden muchos accidentes domésticos.

Cuidados

El buen estado de una obra no depende solo del artista o del propietario. Debe existir una buena relación en la que está implicada también la galería de arte, que puede ofrecer al comprador un informe técnico de cómo fue preparado el material y las técnicas que empleó el artista.

‘Algunas galerías lo tienen, pero debe ser muy detallado y no sencillamente decir 'técnica mixta'. De esta forma el trabajo para un resturador será mucho más sencillo’.

El artista también debe estar consciente de su responsabilidad y utilizar materiales que permitan que la obra no se deteriore con tanta facilidad. Entre estos: papeles y cartones libres de ácidos.

La forma como la obra es enmarcada también debe ser vigilada pues deben evitarse al máximo colas (pegamentos) con un ph elevado que genera la aparición de hongos, sobre todo si la obra está enmarcada con vidrio.

El siguiente paso es verificar las condiciones del lugar donde se van a exponer estas obras. ‘Debe ser un lugar donde la luz no llegue directamente pues los rayos infrarrojos y ultravioletas son muy dañinos. Si no, acondicionar las ventanas con filmes que filtran estos rayos y protegen las obras’, asegura la restauradora.

Un elemento decisivo en la salud de una obra son los niveles de humedad.

‘A la obra lo que le hace daño son los cambios drásticos de clima. Si siempre esa obra, desde el momento de su existencia está expuesta a una alta humedad, el gran peligro es llevarla a un clima seco. Allí es donde inmediatamente se trastorna, se muere, se resquebraja’. El ejemplo que mejor ilustra esta situación es el de un sarcófago egipcio que es abierto miles de años después. Una momia que hasta el momento se había conservado, se deshace en el instante en que sus condiciones ambientales fueron bruscamente cambiadas: luz, temperatura, nivel de humedad.

‘Si las colecciones están en una temperatura estable no va a pasar nada, solo hay que tener cuidado con los hongos. Lo que hay que evitar es el cambio, apagar y encender el aire, hasta para nuestro organismo es mejor. Lo que me hace mal a mí le hace mal al otro y a los objetos, pues son igualmente susceptibles al medio ambiente. Las obras tienen materiales orgánicos como nosotros’, indica Vela.

También hay que evaluar el tránsito que tendrá el área y si la obra va a estar al alcance de niños.

Detalles simples como asegurar el cable del cual colgará la obra y evitar hilos de nailon que con el tiempo se debilitan, pueden alargar considerablemente la vida de una obra.

Verifique el estado de las paredes de las cuales colgará sus cuadros pues puede haber filtraciones de humedad o una fuente de calor. Puede aislar las obras con un foamboard.

Por último, evite colocar obras en toilettes donde hay duchas o en cocinas donde se va a concentrar grasa y vapor.

Arte efímero

‘El arte es el arte y puede ser un arte absolutamente efímero’, insiste Vela.

No por ello una obra va a perder su valor ni esto va a ser una razón para dejar de adquirir una obra.

‘Recuerdo haber visto en el Metropolitan una retrospectiva de Mondrian. Sus últimas obras son una variación de sus conocidas geométricas pero pegadas con cinta de enmascarar. El artista plasmaba claramente su mensaje: ahora todo es descartable, el papel, la comida, hasta las ilusiones. Las personas estamos en un mundo lamentablemente de descarte y él hizo esta obra maravillosa, también con materiales efímeros. Si me preguntan ¿conviene comprar esa obra?, bueno, no tanto, pero es un Mondrian, es su intención y allí está su mensaje. Un artista es un artista. Lo primero es el arte y es el artista. Lo segundo, ya se verá una forma de conservar la obra’.

Una obra puede ser realizada en papel, en cartón, en materiales frágiles, pero puede tener una gran durabilidad en el tiempo si es bien conservada.

Añade a esto Vela que ‘la fragilidad es relativa. Tenemos papeles de 300 años. No se puede precisar sobre los materiales, todo depende de dónde están expuestos. Las cavernas donde hay dibujos rupestres solo pueden ser visitadas 2 veces al año y por un máximo de 20 personas porque la respiración de más personas cambiaría el nivel de monóxido de carbono, y cambiaría la humedad relativa, que haría que se desprendan las pinturas’.

Alejandra Vela cuenta todo esto con una gran fascinación. La misma que le hizo pasar de filología inglesa a la restauración.

‘Siempre quería estudiar todo, química, física, y me iba desde un lado al otro hasta que descubrí que esto (la restauración) tiene de todo:

química, física, historia, técnicas pictóricas, abarca todo’.

Son muchas opciones las que se presentan en el momento de resolver un caso específico. No hay una forma absoluta de trabajar, cada persona tiene su sello, si bien uno tiene que ser anónimo en la restauración, cuenta Vela.

Por ello, dice, ‘el mejor piropo para mí es que digan 'esta obra no parece restaurada’.

Y es que una restauración no debe verse como una invasión a la obra, pues su objetivo es el de reparar algún daño sin distorsionar el trabajo del artista.

‘Una obra mal restaurada pierde su valor, en tanto, una bien restaurada gana valor’, concluye.


 
 
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