El cáncer que murmura
El cáncer de ovario presenta síntomas confusos que suelen pasarse por alto, haciendo que las pacientes lleguen al médico cuando la enfermedad ha avanzado. Conozca las señales de alerta y escuche a su cuerpo. María Antonia H. de Cardoze
Gabriela* tenía semanas de sentir que no era la misma de siempre. Se sentía una inflamación en el abdomen, tenía gases y una sensación de que algo no estaba bien.
Sin embargo, entre su trabajo, su casa y sus hijos, no tenía tiempo para ir al médico. Además, no estaba segura de a qué médico ir, ¿a su ginecólogo (donde había estado apenas hacía nueve meses y le había hecho su examen anual) o a un internista o gastroenterólogo? Cuando por fin decidió hacer cita con su ginecólogo fue porque algo en su interior le decía que no debía esperar más; ya habían pasado más de tres semanas y continuaba igual.
Al describirle sus síntomas, el médico opinó que lo más probable es que era una irritación del colon o una reacción a algún alimento. Sin embargo, decidió hacerle un examen pélvico para descartar cualquier otra posibilidad. Al hacer el examen, el médico palpó una masa y enseguida se alarmó. ‘Vamos a hacerte un ultrasonido vaginal’, le dijo, ‘y también quiero que vayas al laboratorio para que te hagan un examen de sangre llamado CA 125’.
Gabriela rápidamente pasó a ser parte de una nueva estadística: 1 de cada 57 mujeres será diagnosticada con cáncer de ovario durante su vida.
El cáncer de ovario es la principal causa de muerte entre los cánceres ginecológicos y la quinta causa de muerte de mujeres en Estados Unidos. En Panamá, según el Registro Nacional del Cáncer de 2004, se dan alrededor de 60 casos al año, lo que marca una prevalencia de 3. 8% en la población. Aún así es de los que menos se conoce. Lo llaman el ‘cáncer silencioso’ y la razón es sencilla: los síntomas son vagos, generalmente se confunden con malestares estomacales y, por ende, es un cáncer sumamente difícil de diagnosticar. Como los síntomas son tan sutiles, cuando se diagnostica por lo general está en un estado avanzado, clasificado como etapa 3 ó 4. Menos del 25% de los casos son diagnosticados en etapa 1, es decir, antes de que el cáncer esté fuera del ovario e involucre otros órganos intra abdominales, según el Fondo de Investigación de Cáncer de Ovario (OCRF, por sus siglas en inglés).
Sin embargo, si el cáncer es diagnosticado en esta etapa inicial y tratado debidamente, el pronóstico de supervivencia es de aproximadamente 90%.
> ¿Cuáles son los síntomas?
El cáncer de ovario puede afectar a mujeres de cualquier edad e incluso hay un tipo de este cáncer que afecta a mujeres que no tienen ovarios (cáncer primario peritoneal).
Los síntomas más comunes son:
Malestares gastrointestinales indefinidos pero persistentes, tales como gases, náuseas e indigestión.
Inflamación abdominal, dolor pélvico o abdominal y/o sensación de llenura.
Cambios inexplicables en la evacuación intestinal (constipación o diarrea).
Cambio en el peso, ya sea pérdida o aumento.
Aumento en la frecuencia y/o urgencia urinaria.
Fatiga inusual.
Falta de aire.
Sangrado vaginal y anormal (post menopáusico).
Aumento en la circunferencia abdominal.
Estos síntomas son frecuentes en muchas mujeres, por lo que no alarman, entonces es fácil entender por qué este cáncer puede desarrollarse sin ser diagnosticado a tiempo.
Las estadísticas del OCRF demuestran que si una mujer tiene cuatro o más de estos síntomas recurrentes en un periodo de tiempo continuo, es señal de que debe ir al médico. Las mujeres deben escuchar a su cuerpo, pues quiénes mejor que ellas para saber que algo no está bien.
> ¿Cómo se diagnostica?
Para diagnosticar el cáncer de ovario el primer paso es un examen pélvico (también llamado bimanual) que permite al ginecólogo examinar los ovarios de varios lados. Es importante que todas las mujeres se hagan este examen durante su visita anual al ginecólogo.
En segunda instancia, un ultrasonido transvaginal, que permite ver los ovarios y observar si hay alguna masa o irregularidad en la superficie de los mismos. Este examen no determina la presencia de cáncer, pero sí indica las características que pueden ser motivo de preocupación.
El tercer paso es el examen de sangre CA-125, que mide el nivel de una sustancia en la sangre que puede incrementarse al estar presente un tumor canceroso. Esta proteína es producida por las células cancerosas del ovario y se eleva en más de 80% en las mujeres con cáncer de ovario avanzado y en 50% en los casos iniciales de la enfermedad. El CA-125 es motivo de mucha controversia, ya que muchos médicos consideran que los resultados pueden ser falsos positivos. En ocasiones, el nivel es elevado debido a inflamaciones u otros factores y, contrariamente, cuando el cáncer está en una etapa incipiente, marca un nivel normal. Por lo tanto, el Instituto Nacional de Cáncer de Estados Unidos no lo recomienda para la población en general si no existen otros síntomas.
Cabe destacar que ninguno de estos exámenes son suficientes para un diagnóstico correcto de cáncer de ovario. Son más efectivos cuando se hacen en combinación. La manera más acertada de confirmar un diagnóstico es por medio de una cirugía y escisión del tumor.
Gabriela, al hacerse el CA-125, marcó 200 (normal es menos de 35) y su ultrasonido vaginal también demostró que había una masa. El ginecólogo la refirió a un cirujano oncólogo para su evaluación y programación de una cirugía. Así lo hizo y se programó la cirugía con la participación de ambos médicos. Antes de la cirugía, a la paciente se le hizo una tomografía del tórax, abdomen y pelvis.
Es importante que la cirugía sea realizada por un oncólogo especialista en este tipo de cáncer. Las estadísticas de OCRF demuestran que los ginecólogos-oncólogos son cinco veces más acertados en remover completamente los tumores en los ovarios y el área alrededor, y que el 80% de las cirugías en pacientes con cáncer de ovario no tienen el mismo éxito cuando son realizadas por un cirujano que no es oncólogo especialista.
En la mayoría de los casos se hace una histerectomía completa, extirpando por completo el útero, ambos ovarios y los ganglios regionales, y se toman citologías y biopsias de todo el interior del abdomen. Para esto el cirujano hace una incisión quirúrgica vertical para tener acceso a los órganos superiores como el epiplón que debe removerse (delantal de grasa, sitio común de metástasis). La remoción quirúrgica de todo o el máximo del tumor es la clave del éxito, aunque esto requiera remover parte del intestino delgado o grueso (colon).
Las posibilidades de sobrevivir a este cáncer son mucho más altas cuando esta cirugía inicial es hecha con la debida precaución para que el área quede totalmente libre de rastros de cáncer.
Durante su cirugía, a Gabriela le sacaron los ovarios y sus médicos se aseguraron de que toda el área alrededor estuviera libre de cáncer. Una vez recuperada de la cirugía, un oncólogo clínico le recomendó el tratamiento de quimioterapia a seguir.
El tratamiento más novedoso en este sentido es la quimioterapia intraperitoneal (excepto en etapa I, donde es intravenosa), que consiste en poner dos tipos de catéteres en el cuerpo: uno para uso intravenoso que se conoce como Portacath, y que consiste en un reservorio unido a un catéter que se coloca debajo de la piel inferior a la clavícula y al que se accede mediante una aguja especial al momento de dar la dosis intravenosa, y otro catéter también unido a un reservorio que se coloca debajo de la piel sobre el reborde de las costillas. Este catéter intraperitoneal se introduce dentro del abdomen para poder introducir las drogas dentro de la cavidad abdominal, que es el sitio de mayor recurrencia del cáncer de ovario. De esta manera se logran concentraciones máximas de la droga en el área de mayor peligro de residuo de células tumorales.
Este método se utiliza desde hace un año, luego de resultados alentadores en el hospital Johns Hopkins. En Panamá solo se ha usado el método de los dos catéteres en una paciente, pues hasta la fecha solo se conocía el uso del Portacath.
En el caso de Gabriela, el tratamiento con quimioterapia duró cuatro meses y actualmente está en remisión. Ella continúa siendo monito-reada por sus médicos cada tres meses y se considera afortunada por haber podido vencer esta enfermedad.
El artículo fue preparado con colaboración del médico oncólogo José M. Fábrega. La madre de la autora falleció a causa de cáncer de ovario hace cuatro años.
El mes de septiembre es dedicado a la concienciación sobre esta enfermedad.
Info
Diagnóstico
El cáncer de ovario podría tener un factor hereditario, principalmente si lo padeció su madre, hermana o hija.
El riesgo también aumenta si hay antecedentes personales o familiares de cáncer de mama o de colon.
El papanicolau sólo diagnostica el cáncer cervical y en cierto grado el del útero. No diagnostica el cáncer de ovario.
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