El novio de la amiga
Con razones fundamentadas o no, las mujeres a veces desaprobamos a los novios de nuestras amigas. Metemos nuestra cuchara donde no nos llaman y nos mortificamos por gusto.
Roxana Muñoz
‘¿Qué le habrá visto a ese tipo?’. ‘¿No se da cuenta de que no le conviene?’. ‘Ella se merece algo mejor’. . .
Palabras más, palabras menos, así se quejan —además de las mamás— las amigas de las novias.
Hay miles de razones y peros para no aprobar un novio ajeno. Las más obvias:
1. Mira con lujuria a toda falda que pasa.
2. Está en la lista de los más buscados de la policía.
3. Su ex lo llama todos los días y él todavía la lleva al trabajo.
4. Es mago: ahora lo ves, ahora no lo ves (se pierde por días, semanas, y luego vuelve como si nada).
Otras razones pueden ser: nuestra amiga es una lumbrera y a él solo le faltan las orejas de burro, o ella es sumamente amable y él es ‘atrevido, malo y feo’, como decía Renato en aquel reggae.
Por supuesto que es una tontería mortificarse por el novio de la amiga, pero así somos los seres humanos, nos encanta la preocupación.
Claro que es más sencillo decir ‘allá ellos, que se van a tener que aguantar el uno a otro’. Pero no, insistimos en meter nuestra cuchara.
Presentar el novio a las amigas produce en la garganta ¡glup! la misma sensación que esa pirueta de circo en la que un motorizado atraviesa a toda velocidad un aro de fuego.
Una sabe que las amigas lo van a someter a prueba, que lo mirarán con lupa, con espejo y foco de dermatólogo.
¿Lo viste? ¿Qué te pareció? Con suerte dirán algo así como: ‘no está mal’, ‘se ve buena gente’ y con ello a la novia le vuelve el alma al cuerpo. Ojo, que tampoco puede una propasarse en elogios y decir algo que parezca que una quiere hincarle el diente al susodicho.
El amor es ciego, tuerto o se hace el que no quiere ver. A veces no queda más que aguantarse las ganas de opinar porque, curiosamente, entre más uno se oponga a esas relaciones que a nosotros nos parecen disparejas (madres y padres, aprendan esta lección) más se va a empecinar la persona en ella, e incluso puede que se le meta en la cabeza que el mundo está en contra de su inmenso amor y tiene que defenderlo a capa y espada, como en las telenovelas.
Tal vez lo mejor que podemos hacer por esa amiga que uno quiere tanto, es dejar que siga con su amor (en fin, todos tienen derecho a equivocarse) y desear de todo corazón que seamos nosotras las equivocadas. Ha pasado que el tipo por quien nadie daba un real resulta ser una verdadera joya y hasta termina el resto envidiando a la amiga que sí supo ver lo que valía el muchacho.
Pero, si luego toca que nuestra amiga, hermana, prima, venga a llorarnos y a contarnos sus penas de amor, pues recibámosla con los brazos abiertos, helado de chocolate y una pila de pañuelitos desechables.
Y aunque lo pensemos una y otra vez, que no se nos salga: ‘Te lo dije’. |