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Para los acudientes
Me encantó el artículo ‘Mamá necesito una cartulina’ del 7 de septiembre. Me identifiqué mucho con este artículo y no por ser acudiente, sino por estar del otro lado. Soy propietaria de una sedería en el interior del país y al igual que los acudientes es esencial mantenernos al día en cuanto a los materiales de las manualidades escolares.
Los padres de familia y acudientes no sólo llegan con una lista de materiales, sino también con un signo de interrogación sobre sus cabezas al desconocer qué es lo que realmente están buscando. Disfrutamos ver sus rostros cuando les entregamos lo solicitado, siempre resulta ser lo menos esperado.
Deseamos bendiciones y Flores Frescas para todos esos acudientes que demuestran su amor lanzándose diariamente a la cacería de ganchos mariposa, colas de rata y rabos de micho.
Saludos cordiales y los mejores deseos de éxitos para el personal de Ellas,
Atentamente,
Fátima Cosme
Aguadulce, Coclé
Espantando moscas
Felicidades por tan variado suplemento. No me queda más que unirme al comentario esbozado en este artículo (‘Peor que una mosca en el escritorio’, 28 de septiembre), estas experiencias son en extremo irritantes, pues hay quienes desean realmente justificar su salario con el sudor de su frente, pero hay otros que nacieron para ser un fastidio, y como bien mencionas, la fortuna los acompaña, porque difícilmente son víctimas de alguna reprimenda (justificada de sobra), por alguno de sus superiores.
No sé cómo hacen para salir airosos todos los días de pago, por ejemplo, sin verse afectados por ninguna clase de descuento por tiempo improductivo.
Saludos a todos y éxito,
Querima Pinillo M.
Por los árboles nacionales
Con tanto gusto he leído el artículo titulado ‘Mango con sal’ de Julieta de Diego Fábrega, con quien estoy de acuerdo 100%. Hace rato tenía yo el interés de escribir algo similar, pero la musa no me visita mucho, o nada, y enredada tratando de subsistir en las condiciones que me rodean, que, por cierto, no son las peores que existen, nunca hice tiempo para llevar a cabo esta ‘hazaña’ (para mí). Hay algo que me llamó mucho la atención en este artículo y es la frase que habla de ‘ficus y palmeras de otras latitudes’.
Ese es el punto que ha producido tal deseo de expresar mis comentarios. Yo no comprendo cómo no incluyen en los diseños de los multicentros, árboles nacionales frondosos y de frutos. ¿Será porque significan mayor mantenimiento y, por ende, mayor costo? ¡Qué rico es cuando se puede estacionar el carro debajo de la sombra de un árbol bien mantenido, por supuesto, y qué rico cuando se puede sentir la brisa en lugar de un abrasador sol, que tuesta la piel y uno tiene que correr a esconderse debajo de un ‘árbol de cemento’.
¿De qué forma se pudiese hacer llegar nuestra inquietud, que estoy segura será de la de muchas otras personas, a quienes hacen las leyes y toman las decisiones, sin que eso signifique el proceso terrible de hacer llegar una propuesta de ley a una Asamblea que ‘tiene muchas cosas importantes en las que ocuparse’ y a la que yo, por ejemplo, no tengo acceso, sino es pidiendo una licencia en mi trabajo para poder darle seguimiento a tal proyecto.
Bueno, no les sigo con esta historia, pero la idea es que alguien más piensa como yo y me gustaría que nuestros comentarios no quedaran aquí, como ficus infructuoso, sino como árboles de mango productivos.
Saludos,
Ing. Blanca Solís
Los recuerdos de Julieta Doña Julieta
De Diego de Fábrega: Deseo expresarle que estoy segura de que nadie disfruta más que yo de sus artículos en la revista ‘Ellas’. Antes, cuando estaba suscrita a La Prensa, dejaba su artículo para leerlo hasta el domingo, porque su relato no es para leer de apuro. Y no tiene idea con cuánta ansiedad esperaba a que llegara ese día, para saborear cada palabra, frase u oración de esas que sólo usted suele escribir como si estuviera sosteniendo una conversación con el lector.
Pero como ahora accedo a través de internet, debo leerla los viernes directamente desde mi escritorio y créame este es el día más feliz de la semana. Usted, doña Julieta, representa a través de sus escritos a toda una generación de hombres y mujeres que, pese a haber vivido en dos siglos distintos, con diferentes cambios tecnológicos y, por qué no decirlo, hasta culturales, mantiene vivos esos hermosos momentos que, aún siendo recuerdos, nadie les quita ese lugar importante que merecen en nuestra vidas, y que, cuando veo actuar y escuchar a mis hijos, estoy completamente segura de que la vida para ellos es otra cosa, y me rompo la cabeza por tratar de entenderlo.
Gracias por hacer que nuestros viernes sean alegres y positivos, aunque sea viviendo de recuerdos, nadie como usted.
Eiselys Vásquez |