Publicado el viernes 5 de octubre de 2007
  Edición No. 915
| Inicio | e-mail | Foros | Favoritos | Buzón | ? |
Secciones  
Sólo para ellas
Sólo para ellos
Ventana abierta
Por la sombrita
Esta semana
Conversación
Finanzas
Belleza
Salud
Lista de Ellas
Diario de mamá
Moda
Evento
De la cocina
Horóscopo
Ediciones anteriores
Suplementos  
Martes Financiero
Pulso de la Nación
Recetario
AprendoWeb
POR LA SOMBRITA
¡Cómo odio esos zapatos!

Ampollas, enrojecimiento y peladuras en los talones no solo son síntomas de enfermedad, sino también consecuencia lógica de nuestra mala decisión a la hora de calzar.

Roxana MuÑoz
PUBLICIDAD

Una de las experiencias más sabrosas, ricas y felices de esta vida, es quitarse unos zapatos incómodos, de esos que le hacen a uno pensar —como el malvado Gargamel que aborrecía a los pitufos— ‘¡Ay, cómo odio esos zapatos!’. Ese momento en que una libera los deditos sofocados, los juanetes estrujados, los talones rojos y pelados es ahhhh. . . un alivio.

Huellas dolorosas quedan en nuestra memoria de zapatos que en su momento fueron nuestro suplicio. El dicho ‘peor que una piedra en el zapato’ no es relajo.

• Sandalias fashion para conocer a Mickey: Usted llega al parque de Disney muy coqueta con sus sandalias altas de mil tiritas, y mira con aire de superioridad a las otras turistas. Es obvio que usted es más elegante que esas gringas en chancletas. Cuatro horas y 30 kilómetros de filas después, las tiritas se convierten en látigo en salmuera para sus pies, el talón le duele, le fastidia la musiquita de la Bella Durmiente que sale por los altoparlantes y ya se le quitaron las ganas de la foto con La Sirenita. ¡Cómo odia a Mickey!

• Tacones para caminar en calles empedradas: Cartagena, en Colombia, El Viejo San Juan en Puerto Rico y el Casco Antiguo en Panamá, se parecen por sus calles empedradas. Es fascinante recorrer esas vías, respirar tanta historia, contemplar de dónde venimos. Hasta el día en que a una se le ocurre visitar estos lugares en tacones. Tras unos 45 minutos de caminata, no le va a importar la casa de ningún virrey ni querrá oír más de los esfuerzos por conservar las murallas. Usted siente que el dolor en su dedo chiquito es de siglos. ¡Cómo odia a los españoles que colonizaron a América!

• Zapatillas viejas para ir a una excursión: Llega la invitación para conocer el Parque Nacional Campana con un grupo de aventureros y usted invierte en mochila nueva, repelente, pantalón de faena y bronceador, pero para los pies ni se preocupa. Busca aquellas zapatillas que usó tres veces, pero que hace cinco años no saca del clóset.

Resultado: A las dos horas de estar caminando va a saber lo que es bueno: la venganza de la zapatilla mohosa.

Usted estará gateando por la selva con la suela en la mano. En vano y desesperado intento tratará de amarrársela con los cordones. Entre charcos, lodo, piedras y lomas escuchará al guía decir bien alto: ‘Y por eso es importante tener unas buenas botas para caminar’. ¡Cómo odia a la naturaleza y a los guías que nos llevan a ella!

• Pérfidas botas: Las botas cautivan a las panameñas porque son bellas y porque casi nunca las podemos usar: no son para nuestro clima. A veces cuando compramos algunas pensando en llevarlas a un viaje a Europa o a Buenos Aires, probablemente nos dejen en pena porque se nos ocurre —¡en mala hora!— usarlas para caminatas largas o excursiones.

Somos reincidentes en este sufrimiento. Muchas tuvieron su primera experiencia en los desfiles de fiestas patrias, en la banda o como batuteras. Soñamos toda la noche con lucir esas botas blancas, quizás adornadas con romántica pelusa. Al día siguiente, en medio de la ruta del desfile, nuestros pies dolerán al ritmo del tin tin tin de las marimbas.

¡Cómo odia al creador de las botas! Ni modo que uno odie las fiestas patrias.


 
 
 
Corporación La Prensa - Todos los Derechos Reservados 2007