Publicado el viernes 2 de noviembre de 2007
  Edición No. 920
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Sociedad
Tiempo de calidad

Con las fiestas patrias, llega un tiempo para estar en familia, ¿es de calidad? No significa dar todo el tiempo que tenemos, o un tiempo sin conflictos.

Lizzie Brostella

LA PRENSA | Archivo

¿Podría alguien decir cuándo la vida se tornó tan acelerada? Sí, está claro que es un cambiar constante. Pienso que son muy positivos los cambios y logros de quienes habitamos la tierra por estos días. Sin embargo, asimilar los cambios no es tarea fácil, y menos a las velocidades a las que estos ocurren. La vida se ha vuelto una carrera de múltiples líneas donde solo se puede ir, tal parece, a grandes velocidades. Esta suerte afecta nuestra vida familiar, social y cultural, trastocando las cosas como las conocemos, en tiempo récord.

No es ningún secreto el que los cambios constantes y rápidos acarreen sentimientos de inseguridad. Las familias de hoy deben enfrentar amplias transformaciones que impone el sistema en el que vivimos, y creo que aún nadie sabe con seguridad qué hacer.

Los valores, por ejemplo, se ven amenazados resquebrajando los cimientos que los sostienen. De esta forma, todo se redefine: tiempo, dinero, educación y valores.

¿Cómo se asimila el cambio? Pues, el tiempo es uno de los bienes más preciados que, de una forma u otra, nos hemos visto en la necesidad de aprender a administrar (y más vale que bien). Para mí, el tiempo en metáfora es como una súper autopista que marca en qué carril de la vida transitas: muy veloz, medio veloz o de tránsito lento.

Los que van en el carril rápido, alias los acelerados, no necesariamente comprenden hacia dónde van o el porqué de la prisa para llegar. Llegan, pero usualmente agotados al final de la jornada. Al llegar se cuestionan, ¿qué hago aquí? Otros se dan cuenta de que en el camino, se les quedó medio equipaje o se les olvidó algo importante. O lo que es peor, se dan cuenta al llegar de que allí no era donde querían ir. Retroceden a regañadientes a empezar, una vez más, la carrera.

Los que van en el carril de tránsito lento, probablemente tienen dificultades que les impiden avanzar un poco más. Estos se enteran de todo, pero no siempre llegan a la meta, lo que los frustra enormemente. Culpan a todos los que van en el vehículo de la lentitud. Su consigna es: ‘Hay que encontrar al culpable’ y en esta búsqueda fútil, dilapidan el tiempo.

Justo en el carril del centro, va el resto. A veces un poco acelerados; a veces un poco lentos. Rezando para que los días sean de 25 horas, creyendo con eso que todo será perfecto. Pero tampoco bastaría; si los días fueran de más horas, hallaríamos más que hacer. Es parte de nuestro masoquismo humano.

> Un tiempo de calidad en familia

El tiempo en familia no es el tiempo que invierte estudiando con sus hijos. Por lo general, este tiempo está matizado de exacerbaciones, críticas y regaños.
LA PRENSA | Archivo

Un gran logro que traen estos cambios es la conciencia en ascenso de los padres en dar lo mejor a sus hijos. Pero cuidado: ¿sabemos qué es lo mejor para nuestros hijos? ¿Quién lo determinó? ¿Nos hemos detenido a planear? ¿O es que vamos en la línea de los acelerados, que no sabemos ni para dónde vamos?

Ser conscientes de que hay que mejorar es bueno, pero en el proceso, planeamos tantas cosas para y por los hijos, que a veces olvidamos la importancia de compartir y relacionarnos como personas.

En la educación de los hijos no hay atajos, ni podemos ir por la vía rápida: los niños necesitan atención, atención, atención, aprobación libre de pasión, amor incondicional, guía paciente, disciplina positiva y un sentido de pertenencia. Si no tomo el tiempo para aprender a relacionarme o a pertenecer a la familia, ¿cuándo lo haré?

No importa en qué carril de la vida a usted le guste viajar, lo cierto es que en el ajetreado ritmo de vida moderno, en muchas ocasiones, no se puede dedicar suficiente tiempo a la familia (o al menos eso pensamos). Sin embargo, hay momentos en la vida en los que podemos hacer mucho y en poco tiempo y, estoy segura, no faltan las ganas para hacerlo. Se avecinan días libres (fiestas patrias y fin de año), hay mucho que podemos hacer para vivir ese tiempo de calidad con los hijos y en familia.

Lo primero que debemos tener en cuenta es que tiempo de calidad en familia no significa dar todo el tiempo que tenemos, o un tiempo sin conflictos. Es casi imposible esperar a que todos estén bien para reunirse; además, no es real. Debemos asistir con nuestra mejor disposición, pero si hay un conflicto, es el mejor escenario para resolverlo. Si no puedo resolver o descargar mis problemas conversando con mi familia, ¿entonces, dónde?

> Cosas que podemos hacer juntos...

• Apagar la televisión, sí, sí, apagarla.
• Desayunar, almorzar o cenar.
• Hacer alguna tarea de la casa.
• Planificar eventos familiares (visitas a museos, a parques, a los bolos, organizar una fiesta para celebrar la vida, hacer una tarde de pasta, de películas, lo que se le ocurra y se disfrute en su familia).
• Jugar (ir a ver un juego, ver un juego por la televisión y comentarlo).
• Hablar y escuchar, sin criticar.
• Planear una reunión familiar (son fabulosas para discutir nuevas reglas y rutinas familiares, las vacaciones o la compra de algo de mayor valor para la familia, es bueno tener al menos una al año).
El tiempo en familia no es el tiempo que invierte estudiando con sus hijos. Por lo general, este tiempo está matizado de exacerbaciones, críticas y regaños. El tiempo de calidad en familia es cualquier tiempo en el que decidimos estar juntos, porque sentimos el agrado de estar los unos con los otros.


 
 
ESTA SEMANA
La mujer sin miedo
Decisión para el futuro
Tiempo de calidad
 
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