20 personas a las que es mejor olvidar
Aunque la vida nos permite entrar en contacto con personas maravillosas, uno se empecina en recordar a aquellas que nos dejaron un mal sabor en la boca. Al hacerlo les damos más importancia de la que se merecen.
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Los ocho taxistas que esta mañana nos dijeron ‘no voy’.
- Aquella dependiente del almacén que nos trató como si le estuviéramos pidiendo un favor.
- El conductor desconsiderado que asomó su cabeza para gritarnos: ¡muévete! mientras cruzábamos la calle.
- El mecánico que nos hizo gastar cientos de dólares en una pieza y después resultó que el daño era otro.
- Ese ex novio que deseaba cambiarnos el peso, el pelo, las amigas y hasta la profesión.
- Aquella chica a la que usted le declaró su amor y ella, en tono de burla, se lo contó a todos sus amigos.
- El ex esposo que siempre fue un tacaño, pero que a su actual novia le compra de todo.
- El amigo que enamoró a la muchacha que a usted le gustaba, para al final engañarla con otra.
- La prima que cada vez que nos ve pregunta con malicia ¿y ya conseguiste trabajo?
- Los parientes que siempre piden favores, pero para nuestro cumpleaños ni llaman.
- La profesora que nos humilló por escribir mal una palabra.
- Ese amigo que nos pidió ser fiador y cuando perdió su empleo nunca más lo vimos.
- Aquellos compañeros que nos hicieron la vida de cuadritos en nuestro primer trabajo.
- El conocido que nos convenció de participar en una sociedad y luego resultó ser una estafa.
- La amiga a la que usted le confiaba todo, sin saber que ella se lo contaba a los demás.
- La vecina que sospecha que usted se está separando de su esposo y todos los día le pregunta por él.
- Los colegas que dejaron de hablarle tan pronto usted empezó a tener éxito.
- El supervisor que prefirió darle el puesto a su sobrino que a usted, quien tiene años de experiencia.
- El amigo que le dejó de hablar tan pronto usted se negó a participar en un negocio ilícito con él.
- Cualquier persona que alguna vez nos haya hecho sentir menos por nuestro origen, apariencia o por nuestra forma de ser, no merece nuestros pensamientos.
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