Camine. . . si puede
No es solo la pereza la que nos obstaculiza a la hora de ejercitarnos, aunque sea en el barrio; también tienen la culpa los perros escandalosos, la basura mal puesta, los portones mal cerrados y los carros estacionados sobre las aceras..
Roxana MuÑoz
Me ha dado por caminar en las mañanas. El motivo: todo me queda apretado y diciembre se me viene encima con rosca, jamón y ponche. La carne es débil, y no es mejor cuando está flácida.
Este ejercicio es una experiencia buena: aire fresco entra en los pulmones, el corazón se acelera y mediante el sudor se eliminan toxinas. Al final está esa satisfacción del deber cumplido.
A veces, tan pronto como me amarro las zapatillas, siento que tengo como fondo la canción de la serie Misión Imposible. En el camino me encuentro con perros furiosos que me ladran como si nunca me hubieran visto. Tropiezo con portones que la gente deja abiertos porque considera la acera parte de su estacionamiento. Esquivo las heces de aquellos perros faltos de memoria, y me cuido de resbalar con el agua de los patios recién manguereados.
Algunos días me pasa por la cabeza comprarme una de esas máquinas que salen en la televisión o inscribirme en un gimnasio, pero ninguna de esas opciones me ha funcionado antes y no veo cómo va a ser diferente ahora.
Trato de verle el lado amable al asunto. Si sigo con estas caminatas pronto voy a tener reflejos casi tan buenos como los de Pelenchín, el boxeador. Díganme si no: en mi andar necesito estar alerta para ver dónde hay un nuevo agujero producto del robo de otra tapa de alcantarilla o de medidor. Ando con cuidado para no resbalarme con la basura mal puesta o mal recogida en las tinaqueras. Hay partes de la acera que en invierno acumulan limo, como si nadie pasara por allí; bueno, excepto la desquiciada que aquí escribe.
Otras veces pienso que no debería quejarme tanto. Mi comunidad está lejos de tener las peores aceras de Panamá, por lo menos tenemos. En otros barrios —aquí mismito en la ciudad—, hay que caminar en la calle porque las aceras están obstruidas por los carros que no tienen estacionamiento o por las construcciones con palos, arena, cascajo, y se pone mejor cuando llueve.
Como muchas otras urbes, la nuestra está más pensada para los automóviles y los edificios que para los peatones.
Un extranjero me comentaba que al llegar a Panamá le sorprendió ver una ciudad pequeña donde todo el mundo prefería moverse en automóvil, pero luego comprendió el porqué: además de tener un clima muy húmedo con lluvias constantes, casi no contamos con espacios para andar a pie.
Los médicos bien intencionados nos dicen: ‘usted puede hacer ejercicio hasta dando una vueltecita por el barrio’. Dicho así qué fácil suena.
Un paso que urge dar para combatir los tantos problemas que nos regala el llevar una vida sedentaria es arreglar las aceras.
|