Actualidad
A convertirse en Santa Claus
Mantener la fantasía en los niños obliga a los padres a tener la responsabilidad de escoger los obsequios para sus hijos.
Esther M. Arjona
 |
MCT/Direct |
Santa no existe, al menos, de eso nos han convencido todas las jugueterías que anuncian los precios de cada uno de los juguetes de temporada.
Tampoco existe para esos padres que llevan a sus hijos a las jugueterías a escoger sus propios regalos. Se ha perdido la fantasía y la sorpresa.
"Es bonito mantener la fantasía en los niños, el elemento sorpresa, todo lo que gira en torno a la espera, a la expectativa de qué traerá Santa esta Navidad", asegura la psicóloga Celeste González.
Y es que la presión del consumismo es cada vez más fuerte. Los padres llevan a sus hijos a elegir sus propios juegos, y la Navidad se está convirtiendo en un día cualquiera, pero con más juegos de los que usualmente les compran.
"Papá o mamá siempre llevan juegos a casa, el niño escoge, ellos pagan, pero esta vez hay derecho a elegir más porque se trata de Navidad", dice la psicóloga.
Pero es cuestión de forzar la existencia del personaje de traje rojo y barbas blancas. "Cada papá decide si va a mantener la fantasía de Santa Claus, o del Niño Dios, o sencillamente de que hay un premio por el esfuerzo de todo el año, pero es responsabilidad del padre elegir qué debe esperar el niño".
Más importante que esto es el valor que tiene la fantasía por sí misma y el resultado de la sorpresa que puede tener el niño la mañana de Navidad.
"Usualmente si se ha sabido mantener a los chicos sin concederles todos los deseos apenas abren la boca, es posible sorprenderlos adecuadamente, afirma González.
El elemento sorpresa, según González, se está perdiendo, porque los padres tienden a ser muy complacientes y cada vez se les hace más difícil sorprender a sus hijos, y ante esa frustración, es preferible para ellos que los hijos escojan y ellos paguen.
"Se ha perdido eso de 'yo elijo para mi hijo', porque ya pocas cosas causan sorpresa", afirma.
La fantasía en el niño es ilimitada y es un mundo donde él goza, un mundo normal para él. Decir que nada existe es seguirle la corriente al consumismo.
Otra razón por la cual los padres no deben rehuir de la responsabilidad de seleccionar sus obsequios es la importante función que tienen los juguetes en el desarrollo de los niños.
"Son instrumentos para desarrollar ciertas habilidades cognitivas y la creatividad. El juego estimula el desarrollo físico, algunos facilitan el desarrollo social, aprenden a seguir reglas, aprenden a ganar y perder, a manejar la frustración, a compartir con la familia", comenta la psicóloga. Por eso, esto no es algo que debe tomarse a la ligera, sobre todo con la gran cantidad de juegos que pueden generar algunos problemas, como el aislamiento y la falta de ejercicio físico.
Y es que es una realidad que los padres tienen miedo a fallarle al niño y no complacerlo con la elección de sus obsequios. Para no fallar hay que dedicar tiempo a la tarea, compartir con ellos, saber qué les gusta y qué necesitan. Y no es necesario preguntarles.
"Hay formas de tantear qué es lo que ellos quieren. Las cartitas de Navidad no se inventaron por gusto", responde González.
No es necesario llevarlos a la juguetería para salir con las manos vacías porque eso se los llevará Santa.
"Los niños no son tontos, a estas alturas es muy difícil hacer que esta fantasía pase de primero o segundo grado". Mas no significa que todo termine allí.
"Casi siempre la fantasía termina cuando un niño le dice a tu hijo 'Santa no existe', pero en la mayoría de los casos no es traumático, hay maneras de decirle a los hijos que Santa es una fantasía, es lo que nos imaginamos y en él puede existir todo lo bonito y la bondad que tú quieras que haya en el mundo. Santa no existe como una persona real, pero toda vez que quieras regalar algo bueno de ti para el mundo, es como si tú estuvieras siendo Santa. Él existe en cada uno de nosotros cada vez que damos lo mejor que tenemos a otra persona".
Santa Claus, o el Niño Dios, o los Reyes Magos, no tienen por qué desaparecer, todavía en algunos hogares donde los hijos ya son adolescentes o incluso adultos se hacen cartas a Santa. La fantasía es buena siempre y cuando sepamos que es fantasía.
Todos conocemos la realidad, pero la fantasía continúa. ¿Por qué acabarla?
|