Publicado el Viernes 21 de diciembre de 2007
  Edición No. 927
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SOCIEDAD
Las cartas de Papá Noel

Una de las resoluciones más importantes para pedir o desear en época de fin de año, y que a muy pocos se les ocurre, es una mejor vida familiar.

Lizzie Brostella

LATINSTOCK

J. R. R. Tolkien se hizo muy famoso en el mundo cuando su obra El Señor de los Anillos fue llevada a la pantalla grande. Tolkien, creador de la Tierra Media y cuyo estilo es cautivante, deja en sus escritos la sensación de ‘querer más’, aquello que no permite bajar el libro pues es mandatario saber qué pasa en la siguiente página.

Lo que pocos conocían de Tolkien, filólogo extenso en su autoría, es que escribió a sus hijos, entre 1920 y 1943, hermosas cartas en época de Navidad.

Los niños las recibían convencidos de que quien las enviaba era el mismísimo Papá Noel. Este padre se las ingeniaba para dejarlas en el buzón de correos (como si las hubiese traído el cartero) o, alguno que otro año, cuando el clima era muy intenso y no se podía salir, las colocaba sobre la chimenea (cuidando el detalle de ‘ensuciarlas’ con nieve) para que sus hijos las recibieran en la mañana de Navidad.

Las cartas, que empezaron cortas y modestas (comenzó a escribirlas cuando su hijo mayor tenía 3 años), pronto se poblaron de personajes traviesos y generosos que hacían sentir a quien las leyera, que la vida en el Polo Norte era más que fabricar juguetes. En ellas, Papá Noel, además de desearles feliz Navidad, les contaba de sus aventuras y de las peripecias que pasaban por cuenta del Oso Polar del Norte, un travieso ayudante. También les hablaba de lo duro que había sido aquel año y de la fortaleza de trabajar para lograr las metas.

Impregnadas de amor, Tolkien cuidó hasta el último detalle: Hermosos sobres con dibujos, sellos y estampillas del Polo Norte, el resto de la papelería con dibujos alusivos a cada historia; incluso escribía con letra ‘temblorosa’ haciendo referencia al terrible frío de invierno en el polo y con letra grande para que sus hijos, pequeños aún, las pudieran leer.

La iniciativa de Tolkien debe ser un ejemplo a seguir: no tanto por la creatividad de las cartas, pues no todos nacemos con un regalo tal, sino por el mensaje de amor y el legado de vida que éstas dejan a los hijos y a las generaciones por venir.

Los años pasan muy rápido y los hijos crecen sin que se valore que, más adelante, sólo quedan los recuerdos. Y si no se construyen buenos recuerdos, ¿a qué nos aferraremos cuando las cosas ya no estén?

> De resoluciones y más...

Si usted es de los que piensa que en fin de año hay que hacer resoluciones, sin duda le tengo una muy buena. Personalmente, cualquier día del año es un buen momento para dejar atrás alguna ‘maña’ e intentar mejorar. Sin embargo, una de las resoluciones más importantes que pedir o desear en época de fin de año, y que a muy pocos se les ocurre, es una mejor vida familiar.

A veces damos a la familia y la vida familiar por sentadas y obviamos que hay que trabajarlas y también desearle éxitos. Sería muy sano entonces dar gracias por la familia, porque todos pertenecemos a una, y pedir humildad para mejorar, pues siempre hay algo que mejorar.

¿Dónde se puede empezar? En el trato, en el respeto y en el ser agradables, cosas bien sencillas que hacen toda la diferencia en la forma de relacionarnos con nosotros mismos y con los demás. Ser respetuoso y agradable es un hermoso hábito de vida. Por supuesto, al principio no espere que los demás actúen de la misma manera. Pero persevere, porque es contagioso. Al modificar nuestra conducta en el trato familiar, las emociones y percepciones cambian y, poco a poco, todos se van sumando.

Recuerde que esta época es el tiempo para reflexionar en el amor y en el valor familiar, en lo que se tiene y en lo que se ha logrado (en al ámbito personal y familiar). No desacredite sus logros, tenga siempre en cuenta que la dimensión o alcance es única para lo que cada uno logra. Viva consciente de que se tiene lo que se necesita, que ‘querer más’ es relativo y que se puede ser feliz con lo que cada uno posee.

Más que nunca, haga la prueba de los 20 años: ¿valdrá la pena en 20 años sofocarme hoy porque no tengo ese bien material? ¿Condicionaré el amor familiar al logro de metas que en 20 años van a parecer no haber valido la pena?

Lo que más me gustó de la iniciativa de Tolkien fue el legado, la virtud de la esperanza y el mensaje en sus cartas de que hay que trabajar para lograr las metas. En época de Navidad, muchos niños le escriben al Niño Dios o a Papá Noel... Nunca se ha sabido que se reciba respuesta, excepto ahora, por estos niños que recibían un mensaje de amor de la pluma del mismísimo Papá Noel...

Estamos de fiesta, celebramos la paz. No transitemos la época envueltos sólo en el bullicio o en el arrebato del tiempo. Tratemos de sentir como el otro, salirnos de nuestros zapatos y calzar los ajenos. ¿Qué puedo hacer para hacerte la vida más agradable? Tal vez no podamos escribir las hermosas cartas de Tolkien, pero podemos, de seguro, hacer votos por tener una familia unida en el amor y en la esperanza y trabajar arduamente por ello.


 
 
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