| ¿Trabajar para quién?
ellasconsulta@prensa. com
JosÉ S. Canto A.
Sabido es que el trabajo tiene importancia capital en la vida de las sociedades y de los individuos. Nos da tono emocional, ayuda a configurar nuestra valía personal, nos hace sentir parte de algo.
Trabajar no es lo mismo que ser empleado. El trabajo asalariado es aquel en el que usted vende su tiempo y sus conocimientos, destrezas, habilidades, actitudes, para que otras personas obtengan beneficios. Trabajar como tal puede ser pintar un cuadro, escribir un texto, limpiar la casa, llevar su propia empresa. Implica la existencia de un plan de vida, metas, la utilización de energía, de conocimientos, de capacidades nuestras que muchas veces nos hacen preguntarnos ¿para quién trabajo realmente?
Algunas personas dirán que trabajan para determinada empresa o persona ajena a su familia, para la familia, los hijos, etc. Lo cierto es que siempre terminamos trabajando para nosotros mismos en términos de que eso que hagamos, bien o mal, repercutirá en nuestras vidas en forma de logros, sentido de pertenencia, poder, satisfacción, salario o bien de insatisfacción, frustración, tedio, enfermedad.
Con nuestro trabajo conseguimos los recursos que posibilitan nuestros logros, nuestros sueños.
Sentir que al final trabajamos para nosotros mismos, nos puede ayudar en el desarrollo de una mentalidad de individuo altamente independiente, responsable de nuestras acciones, dueños de nuestra vida y capaces de empezar una empresa propia.
Al sentirnos dueños de nuestra vida, asumimos compromisos frente a nuestra salud física, nuestro bienestar financiero, nuestra profesión o carrera, las relaciones y el hogar. Esta manera de pensar diferencia a una persona pasiva, sin metas propias, de una persona verdaderamente excelente.
En un interesante escrito del Dr. Camilo Cruz, un excelente consejero personal y empresarial, nos dice que ‘es arriesgado e imprudente creer que, porque contamos con un empleo, tenemos nuestro futuro financiero asegurado. Debemos abandonar la absurda idea de creer que no debemos preocuparnos demasiado por nuestro trabajo o empresa, ya que no estamos trabajando para nosotros mismos. Todo aquel que trabaje para cualquier empresa, debe pensar en sí mismo, no como un empleado de dicha empresa, sino como un empresario o empresaria cuyo cliente principal, en el presente, es su actual empleador’.
Trabajar para otros nos obliga a ser buenos o excelentes en lo que hacemos, pues es una oportunidad de desarrollarnos, de enfrentar retos que nos ayudan a crecer e integrarnos a un mundo en rápido cambio que nos facilitará a futuro grandes logros personales y, sobre todo, nos preparará para asumir ‘nuestro propio negocio personal’.
Jamás debe ser excusa para no ser de los mejores.
A mi juicio, lo correcto es que si siento que mi empleador, sea este una compañía, institución o persona, no hace que me sienta bien en mi trabajo o que yo mismo sienta que ya no puedo trabajar allí o con esta persona, entonces debo irme. De ninguna manera perder el tiempo, mal utilizar recursos, trabajar mal, pues en el fondo nos traicionamos a nosotros mismos y a nuestros valores, hasta podemos enfermarnos.
Llegados ya casi a fines de 2007, conviene preguntarnos ¿qué cambios debo realmente introducir en mi vida? ¿Qué he estado haciendo bien y debo seguir haciendo? ¿Qué cosas podría mejorar en mi trabajo? ¿Por qué aún no he comenzado eso que considero debo iniciar como empresario?
Quizás 2008 sea su año. Podría empezar algo nuevo con los ahorros que tiene. Su sueño de tener algo suyo, de trabajar para usted y lograr todo eso que quizás por trabajar para otros aún no ha logrado.
El autor es asesor financiero personal ellasconsulta@prensa.com |