20 locuras de Nochevieja
La fiesta para recibir el nuevo año nos da permiso para actuar de formas en que en el resto de los 11 meses no tendría sentido.
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- Gritamos ¡feliz año! a gente que apenas conocemos.
- Comemos 12 uvas y creemos que en esas semillas encontraremos la suerte.
- Barremos la casa a las 12:00 medianoche.
- Usamos ropa interior amarilla.
- Creemos que tan pronto llegue 2008 podremos deshacernos de todas esas malas mañas que nos han acompañado desde hace rato.
- Llamamos a medianoche a gente que hace rato no vemos.
- Cantamos a grito pelado: ‘Yo no olvido el Año Viejo porque me ha dejao cosas muy buenas’. . .
- Nos bañarmos con canela en raja.
- Llamamos, también a la medianoche, a la autora de nuestros días. Total, desde que nacimos ella duerme con un ojo abierto y otro cerrado.
- Lloramos junto al vecino —ese con el que peleamos el resto del año— por el año que se va.
- Nos vamos a última hora al revulú de la Avenida Central para comprar ropa nueva.
- Llenamos la mesa con comida, aunque no nos gusten las manzanas y no podemos tomar ponche por la intolerancia a la lactosa.
- Grabamos todos los recuentos musicales que van a pasar por televisión.
- Quemamos un muñeco de trapo, mejor si es de un político.
- Esperamos despiertos el Año Nuevo, aunque nos estemos cayendo de sueño y de aburrimiento.
- Prometemos que recibiremos 2009 en Time Square.
- Ponemos incienso en la casa aunque el vecino grite: ‘¡brujería!’.
- Juramos —con un pedazo de jamón en una mano y uno de rosca en la otra— que el año que viene vamos a perder 10 libras.
- Damos gracias a nuestro Dios por todo lo que nos ha dado, aunque no estaría de más que nos haga soñar con los cuatro números de la lotería.
- Escribimos la misma lista de propósito de todos los años.
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