Publicado el Viernes 07 de marzo de 2008
  Edición No. 938
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Hijos, escuela y dinero


JosÉ S. Canto A.

Esta semana se inicia el año escolar 2008. Para padres, educadores y alumnos de escuelas primarias y media, incluso universitarios, es un momento de alegría en muchos casos; tensión y angustias en otros.

El dinero y los gastos que dicho inicio de año conlleva son, en muchos casos, la fuente de angustias.

Miles de padres han tenido que endeudarse para poder, orgullosamente, enviar a sus hijos a clases. Otros aún luchan por lograrlo, pues los gastos o la inversión que las familias deben hacer en la educación de sus hijos, representan un gran sacrificio.

Los costos de la educación se han disparado y muchos padres desde el año pasado viven sumamente angustiados, pues se les dificulta afrontar los mismos.

Las decisiones de cambio abundan; las escuelas privadas se ven afectadas por la retirada de muchos alumnos y esto a su vez incide en el desempleo de maestros que no son contratados ante la ausencia de grupos que justifiquen su presencia. A su vez, la presión sobre las escuelas públicas aumenta y las infraestructuras no siempre se dan abasto.

No tengo idea de cuánto representa la suma de dinero implícita en el período previo al inicio del año escolar y universitario y el mismo a lo largo del año; pero es seguro, que será una suma importante, pues es un período de gastos e inversiones que abarca amplios sectores. Transporte, uniforme, matrículas, libros, útiles, mochilas, bolsas, meriendas, contratos de internet para que el estudiante no salga y pueda ‘investigar’ en casa, son detalles que cuestan mucho dinero.

Si bien, ya muchos padres han comprado la mayoría de los útiles escolares y pagado un sinfín de requisitos para que sus hijos inicien con buen pie el nuevo año escolar, debo decir, que los gastos, una experiencia que muchos viven cada año, recién empiezan.

Aún faltan libros, arreglos de uniformes, gastos pequeños que si se suman, alcanzan montos importantes. Es también la mejor época para conocer los planes de estudio de sus hijos, tener idea de dónde y cómo andan en las materias, en qué gastan o utilizan el dinero que les damos, quiénes son los ‘amiguitos’ o ‘amigotes’, qué hacen y un largo etcétera.

Pero junto a la enorme inversión, la buena comunicación con los hijos y los maestros, es lo que los padres no debemos perder de vista. La escuela pondrá a prueba los valores que los chicos han aprendido en casa en relación al dinero y a muchos otros retos y por eso, la buena comunicación es un costo ‘bueno’ en que incurriremos.

Ellos se verán inmersos en controversias que medirán el costo y marca de sus mochilas, de las zapatillas de educación física y mil otros detalles y dependiendo del apoyo y formación hogareña, saldrán adelante.

Ayúdeles, converse con ellos sobre el valor del dinero, exhórtelos a ahorrar parte de la mesada que se les da. Ideal será conversar con ellos sobre la mesada y la cantidad que les entregará, en una semana o quincenal, con el aviso de que si se la gastan antes de que usted reciba el próximo pago por su trabajo, pues no tendrán más dinero para ayudarlos.

Invítelos a cuidar los libros, uniformes, los útiles que les compró. A ser cuidadoso con el uso del celular que quizás usted con esfuerzo le ha comprado para facilitar la comunicación con ellos. Explíqueles que para que el presupuesto familiar no se infle con la compra semanal de tarjetas de celular o de teléfonos celulares perdidos se deben establecer reglas claras.

Evalúe la posibilidad de que lleven merienda de la casa antes de que tengan que comer alimentos de dudoso valor nutritivo en sitios que usted no conoce. Esta es una forma importante de ahorro.

Una posible fuente de costos adicionales o gastos podría ser la necesidad de clases especiales para sus hijos si estos llegasen a tener problemas con alguna materia. Presupueste estos imprevistos.

Evalúe si debe o no comprar un seguro de accidentes personales para sus hijos. Algunas escuelas los tienen y algunos propietarios de buses escolares también. Tome las medidas de precaución para avisar en la escuela o al conductor del bus escolar si su hijo sufre alergias o tiene algún problema de salud.

Aquellos padres que tienen niños pequeños que deben llevar a centros infantiles no escapan a la espiral de costos. Mucho menos los padres con hijos en la universidad.

El autor es asesor financiero personal ellasconsulta@prensa.com


 
 
 
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