Para sanar cuerpo y alma
La Comunidad Magníficat le brinda el mensaje de Dios a jóvenes que sufren adicción a las drogas o que tienen problemas de baja autoestima.
Daniel Domínguez Z.
‘Silencio, área de oración’. Un letrero con este mensaje indica que el visitante acaba de entrar a otra dimensión, una tocada por la mano de Dios: Comunidad Magníficat, donde Mariana, Katia, Militza, Elida y otras chicas encuentran la sanación.
En Capira, después de pasar unos terrenos dedicados a la ganadería y a la agricultura, luego de atravesar un río que en época de invierno es bravío, y después de recorrer dos kilómetros de una carretera tan accidentada como el suelo lunar, aparece la Comunidad Magníficat.
Es un sitio que da la sensación de estar en el cielo. Tiene una belleza sencilla, una especie de sueño que evoca tranquilidad y posee una carga mágica de lugar idílico con sus árboles enormes, el cantar de las aves y el susurro del viento que se mezcla con el aire fresco. Entre la quietud de la campiña, el padre panameño Francisco Paco Verar guía a la juventud a través de la palabra del Señor, ese eterno bálsamo que todo lo cura.
Las responsabilidades y las metas de encarar son muchas en la Comunidad Magníficat, pero los fondos son escasos. Para que este proyecto avance se presentará el musical Dos mil años después, en el Teatro Nacional, del 16 al 21 de abril.
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Paco Verar tiene 25 años de ejercer el sacerdocio. En Capira se localiza un refugio espiritual donde reina la paz, el amor fraterno y la comprensión.
La Prensa | Eric Batista |
> Hacia la recuperación
Por extraño que parezca, los caminos de la salvación tienen curvas. En 2003, un adicto a la cocaína se acercó al padre para que lo aconsejara, pero más temprano que tarde volvió a caer en las drogas.
Verar llegó a la conclusión de que lo mejor era tenerlo bajo su vigilancia y lo supervisó por seis meses. Después le propuso ingresar a una comunidad de recuperación en Campobasso (Italia), donde el sacerdote iba a coincidir porque continuaría estudios religiosos.
En Italia, y más tarde en Bosnia, Paco Verar ofreció el mismo servicio a chicos de 15 nacionalidades. En marzo de 2007 puso en marcha la Comunidad Magníficat (proviene del latín y puede traducirse como ‘mi alma alaba a Dios’). Pero, ¿dónde instalarse? ‘Toqué muchas puertas y nadie ofreció nada, hasta que llegó una señora que tenía unas tierras en Capira y que estaba anuente a que se desarrollaran para una labor social’.
‘Aquí recibimos a chicas que tienen problemas de inseguridad, depresión, ansiedad. . . Otras vienen por maltrato o adicción’, plantea Verar, quien tiene 25 años de ser sacerdote.
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Mariana es abogada de profesión. |
Katia, de 22 años, oriunda de La Chorrera y estudiante de banca y finanzas, se crió en un clan disfuncional. ‘Mi papá tiene problemas de alcohol. Me crié con maltrato. Había problemas de afectividad en mi casa y crearon en mí muchas heridas. Caí en el alcohol y fumaba’.
Fue en Bosnia donde la argentina Mariana, de 29 años, conoció al padre Verar. ‘Tenía todo en Argentina, pero sentía que nada tenía sentido. Tenía miedo a vivir, a tomar decisiones, a fracasar. Hice un cambio radical y dejé a mis padres y a mi novio’.
Mientras que Katia, que laboraba en una empresa de finanzas, se enteró del proyecto por su hermana, que también está en la Comunidad Magníficat.
Militza, de 28 años y madre de tres niños, ‘tenía adicción a las drogas y traté de buscar una solución, pero nada me funcionaba. En la Comunidad me di cuenta de que mi problema mayor no eran las drogas, sino una baja autoestima’.
> Un viaje interior
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Militza quiere ser diseñadora gráfica. |
El programa dura de uno a tres años. ‘Deben estar aquí sin salir, en recuperación y sanación interior. El tratamiento es el mismo para todas. Nadie está obligada a estar aquí’, indica Paco Verar, quien tiene todos los martes, a las 10:00 a. m. , por Radio María, un espacio para hablar del Señor.
Básicamente el sistema se desarrolla en tres áreas. Se hace énfasis en la vida espiritual a partir de charlas de autoestima, mucha oración, asistencia regular a misa y confesión. Después se trabaja la parte fraternal, un ejercicio que se realiza al convivir con personas de caracteres distintos. Por último, adquieren disciplina al dedicarse a la siembra y cuidados de la huerta, lavan y planchan su ropa, cocinan en colectivo y llevan a cabo actividades artísticas en el taller de vitrales.
Así cada una descubre quién es y qué desea de la vida. ‘Ese autoconocimiento será el arma para sanarse. Lastimosamente el activismo de la sociedad impide a las personas a conocerse a fondo’, explica Verar, que se crió en Río Abajo y Parque Lefevre.
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Katia estudia banca y finanzas. |
‘Al venir a la Comunidad he tenido que abandonarlo todo, especialmente a mis hijos. Acá se vive día a día’, señala Militza, estudiante de diseño gráfico y residente en San Miguelito.
La cosecha ha dado sus frutos. ‘Una señora adicta a los juegos estuvo con nosotros ocho meses y venció la ludopatía.
Una joven estuvo más de un año y salió porque le dije que ya estaba preparada para reinsertarse a la sociedad. Hemos seguido en contacto, porque no hay que abandonarlas’.
Katia prefirió bajar la marcha. ‘Estoy sanando y sé controlar mejor las frustraciones. La experiencia de residir acá ha sido un encuentro personal con Dios y un encuentro conmigo misma’.
Los primeros dos meses en esta nueva estancia es el reto mayúsculo. ‘Se encuentran con una realidad que muchas desconocían’, anota Paco Verar.
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Elida es administradora de empresas turísticas. |
‘Aquí no enfocamos el problema de las drogas directamente, sino lo que lleva al consumo o a la depresión. Aquí no hay psicólogos ni psiquiatras. No desafío a la ciencia, pero así son los programas que existen desde hace 20 años en Italia y Bosnia’.
Mariana, abogada de profesión, recuerda su inicio. ‘Lloraba todos los días porque en Argentina estaba en muchas actividades: trabajo, deportes, estudios. He sentido el cambio, ya no estoy con ansiedad y sé vivir en armonía’.
De eso también sabe Elida, de 33 años y residente en Huerta Sandoval. ‘Uno está acostumbrado a hacer lo que quiere. Muchas lágrimas pasaron. Ahora tengo mucha paz’.
> Prever funciona
Fuera del grupo permanente, en la Comunidad Magníficat se realizan campañas de prevención para una población mensual de hasta 300 asistentes femeninas. ‘Vienen por un fin de semana. Comparten con las que están en el programa de residencia, que son 15, que proceden de Panamá, Argentina, Uruguay y Venezuela’.
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Las chicas aprenden el arte del vitral. |
Elida, licenciada en administración de empresas turísticas, estuvo en un retiro de Semana Santa en 2007 y se quedó. ‘Tenía problemas afectivos. Mis heridas no me dejaban servirle a Dios. No era feliz, estaba triste y vacía’.
En este esquema también se contempla a familias (padres con sus hijos), las que aprenden a lidiar con sus retoños con los testimonios de las chicas. El año pasado recibieron a 200 y quieren hacer un congreso en octubre.
‘A veces los muchachos tienen a los dos papás, no les falta nada, pero igual caen en las drogas. Los padres deben transmitirles disciplina y ponerles reglas de conducta’, indica Verar, que tiene una línea de auxilio (229-3467) .
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El taller San José está abierto a la creatividad y el talento.
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> Hay planes; faltan recursos
‘De las 10 hectáreas no hemos desarrollado ni la mitad. Quisiéramos comenzar con un grupo de varones dentro de tres meses. Necesitamos 100 mil dólares para hacer la casa y equiparla’, comenta Paco Verar.
Los fondos obtenidos con el musical Dos mil años después serán para las instalaciones de los caballeros. ‘Tengo más de 10 solicitudes de muchachos que desean recuperarse y dejarlo todo’.
El religioso sabe que lo ideal sería distanciar lo más posible a hombres y damas, pero no tiene otro lugar salvo el de Capira. ‘Espero que momentáneamente estén cerca. Eso sí, voy a poner orden siempre, marcando las pautas. Seré una especie de ángel guardián’.
> Promesas en espera
La Comunidad Magníficat se hace gracias a la divina providencia, pues no recibe subsidio de la Iglesia católica ni del Estado ni de la empresa privada. ‘No pedimos, es nuestra política. Vivimos de la caridad’.
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‘De las 10 hectáreas no hemos desarrollado ni la mitad. Quisiéramos comenzar con un grupo de varones dentro de tres meses’: padre Paco Verar. La Prensa | Eric Batista.
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El taller de vitrales puede convertirse en el futuro en una manera de obtener dinero. Otra entrada económica es cuando ofrecen sus instalaciones (con capacidad para 80 personas) a colectivos para sus retiros espirituales.
Una persona les regala un saco de arroz al mes y Harinas Panamá les dona un saco de harina para hacer pan. ‘Por lo demás, comemos de lo que la huerta produce, aunque a veces se nos meten vacas de potreros vecinos y nos comen los alimentos.
Tenemos unas gallinas, aunque algunas se las ha comido un tigrillo. A veces no llegan donaciones y comemos varios días lo mismo: arroz y lentejas’.
Tampoco tienen electricidad ni agua potable, aunque desde hace un año han hecho las solicitudes de rigor. ‘Tenemos una planta eléctrica que usamos unas cuatro horas cuando vienen grupos de afuera, no podemos más porque el diésel cuesta mucho. El agua es de un pozo y la pasamos por un filtro. Tampoco hay un puente o un vado que nos permita transitar hacia Capira cuando llueve, aunque nos han dicho que por allí viene. El año pasado tuvimos a una chica enferma y fue difícil llegar a la carretera. Estamos esperando que nos cumplan las promesas. Pero allí vamos, para adelante’.
Teatro
Un mensaje con vigencia
El libreto de Dos mil años después, escrito por salesianos de España, lo encontró el padre Paco Verar en una librería de Turín (Italia). ‘Trata de chicos que por injusticias caen presos y en la cárcel descubren el Evangelio y un mensaje que tiene vigencia hoy’.
Dos mil años después, a presentarse en el Teatro Nacional del 16 al 21 de abril, reúne al director Bruce Quinn, al arreglista musical Tille Valderrama, a la coreógrafa Ana Melissa de de La Guardia, y a actores como Alejandro Lagrotta, Iván Barrios, Ingrid De Ycaza y Juliette Roy. Los boletos cuestan 30, 20 y 10 dólares. Mayor información llamar al 229-3467.
‘Unos estudiantes protestan contra el régimen dictatorial; son los buenos. Los malos son los policías, y los políticos. Esta versión se basa en el supuesto de cómo serían las cosas si Jesús regresara’, comenta Quinn.
Las chicas residentes de la Comunidad Magníficat ‘ayudarán con los cambios de vestuario de los actores. Las vamos a turnar porque queremos que disfruten la obra’, explica la productora Nikki de Roy. |
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