Publicado el Viernes 11 de abril de 2008
  Edición No. 943
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ESTA SEMANA
Coiba, un pedacito de paraíso

El Parque Nacional Coiba es un lugar rico en recursos y en belleza natural que se debe conocer, admirar, disfrutar y, sobre todo, conservar.

Esther M. Arjona

Con los primeros rayos del sol tomamos un sencillo pero delicioso desayuno. Desde los ventanales del restaurantito se puede observar las embarcaciones flotar sobre las aguas calmadas de Puerto Mutis.

Allí acomodamos el equipaje y dimos inicio a la travesía que nos llevaría a la isla de Coiba.Parece labor sencilla la de los boteros ésta de llevar gente de aquí para allá y de allá para acá. Sin embargo, a medida que avanzamos podemos darnos cuenta de que todo tiene su ciencia y su arte.

Playa Granito de oro. LA PRENSA | Esther Arjona

Mientras más temprano se salga, es probable que menos dure el viaje. Todo dependerá de la brisa que hace que las olas se muevan más.

En el camino se van escuchando historias. Algunos hablan de haber llegado a Coiba en poco más de dos horas, otros han corrido con menos suerte: una travesía en horas de la tarde ha demorado cinco horas. Alguien llegó a decir, ‘a mí me tomó en una ocasión ocho horas’.

Afortunadamente el tiempo estuvo con nosotros, y el sol y un mar calmado nos acompañaron hasta la isla.

Ya cerca, algunos delfines lucieron sus lomos y aletas, mientras que unas cuantas tortugas se sumergían al primer indicio de ser observadas.

El agua reflejaba intensos y hermosos colores que iban desde el turquesa al azul intenso.

Así nos dio la bienvenida Coiba, isla que por casi un siglo sirvió como colonia penal, alejando de esta forma a cuanto curioso quisiera acercarse, guardando para sí toda su belleza y vida.

Las instalaciones de la estación biológica de la Autoridad Nacional del Ambiente (Anam) son sencillas pero acogedoras. Se trata de algunas cabañas destinadas a dar albergue a guardaparques e investigadores que laboran en el área, pero que también acogen a visitantes que acuden a observar sus maravillas naturales.

Y es que la isla de Coiba, acompañada de algunas islas cercanas y alguna extensión de mar, fue declarada en 1991 Parque Nacional, y en 2004 la Unesco la declaró Patrimonio de la Humanidad por sus características únicas .

Pero el área también es un gran atractivo turístico por su belleza natural y por ser considerada una joya para la pesca deportiva. En fin, si imaginamos el paraíso como un hermoso e inmenso lugar, Coiba viene a ser un pedacito de ese paraíso.

El atardecer en Coiba es un espectáculo que no debe perderse.
LA PRENSA | Esther Arjona

En estos momentos Coiba enfrenta grandes retos como reserva natural y como lugar de descanso y disfrute, por ello la invitación del Instituto Panameño de Turismo (Ipat) y de la Anam. Tendríamos tres días para visitarla y conocer sus intimidades. No serían suficientes, pero se hizo la lucha.

‘Coiba es nuestro orgullo más grande, un lugar que podemos mostrar con orgullo al mundo, una joya que ha sido codiciada durante muchos años, pero que ha podido conservar su riqueza natural gracias a su historia’, dice convencida Lourdes López, administradora regional del Ipat en Veraguas. Y es que aunque parezca una contradicción, gracias a que existió un penal en la isla, ésta se ha podido conservar. ‘Sabemos que hay áreas que han sido alteradas, pero independientemente de eso, es un orgullo para nosotros tener un lugar como este’, considera López. ‘Antes solo asociábamos a Coiba con un penal, pero hoy hablar de Coiba es hablar de un paraíso, de un tesoro de Veraguas para el mundo’.

De esto no queda duda. En la primera jornada de nuestra visita conocimos el estero de Boca Grande, donde pudimos observar manglares, una espesa vegetación y mucha paz. Allí pudimos percatarnos de la razón de la visita de las tortugas: allí encontrarían una gran cantidad de medusas, su alimento favorito.

De allí partimos hacia los pozos termales, donde a través de un proyecto de la Agencia de Cooperación Española se construyeron unas piscinas. Su temperatura es elevada, pero sin el mantenimiento adecuado no se pueden disfrutar.

‘Se quiere hacer de los pozos termales un atractivo turístico de la isla, para lo cual se requerirá hacer concesiones’, establece Moisés Castillo, director del Parque Nacional Coiba.

‘Lo ideal no sería privatizar ningún lugar de la isla, dejarlo todo abierto, pero para crear fondos que garanticen la operatividad del parque es necesario que éstas sean administrados por una entidad privada’.

Nos encontramos cerca del área de lo que fue el penal central. Trozos de maquinaria se encuentran cubiertos por la naturaleza y algunos rastros de ganado suelto se hacen visibles.

Los monos aulladores observan a los visitantes de los senderos.

‘Ellos erosionan mucho porque viajan en manada, cuando llueve, la suciedad que arrastra, el lodo que arrastra la lluvia impacta los corales’, explica Castillo sobre el ganado. ‘Otro problema es que van devastando la vegetación y van abriendo más caminos. Se teme que crezca la población y que acaben con la vegetación’.

Al llegar a las instalaciones del antiguo penal es difícil imaginar cómo sería la vida de los privados de libertad en un lugar que, a pesar de su belleza, para ellos era un infierno.

‘Coiba es un lugar al que puedes venir mil veces y ver cosas diferentes: flora, fauna, riqueza marina, riqueza insular, y su historia; no podemos obviar el área del penal, ya que gracias a él tenemos hoy lo que tenemos’, dice López.

En la actualidad las celdas están vacías y las oficinas abandonadas, sin embargo, los grafitis en las paredes y los barrotes oxidados hablan del pasado, de tiempos que no volverán.

Llega el atardecer, y con él, colores dorados en el cielo y en el agua.

Luego de la cena no demoramos en dormir. El cansancio por el trajín del día no nos perdona.

> Una nueva jornada

Un regalo llega pasadas las 6:00 de la mañana del día siguiente: un amanecer espectacular como preámbulo a un delicioso desayuno.

El recorrido del día da inicio en el sendero de los monos. A pesar de su nombre, no tuvimos la suerte de observarlos. Hay que seguir sus reglas y guardar silencio; a ellos les gusta mantener su privacidad.

Lanchas de la fundación MarViva y de Anam patrullan la zona.

De allí, dimos un pequeño salto al islote llamado Granito de oro, una de las playas más populares y hermosas del conjunto de islas.

Sus aguas son transparentes; desde el bote se puede observar la vida marina en su esplendor y el silencio es invaluable. Un chapuzón es de rigor, de allí se sale renovado.

Visitamos también las playas de la isla Ranchería, también conocida como Coibita y algunas áreas cercanas.

Pasado el mediodía el reto sería recorrer un sendero que nos llevaría al mirador de la estación biológica en Cerro Gambute. La subida fue extenuante, sin embargo, el panorama que se puede observar desde arriba lo vale. Durante el descenso, un premio. Algunos monos aulladores se dejaron ver y nos llamaron la atención con sus sonidos.

Queda algo de tiempo en la tarde para conversar con nuestros anfitriones y aprovechamos esa oportunidad.

‘Al nombrarse mediante ley parque nacional, Coiba se convierte en área protegida y es un valor agregado el hecho de que ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad, en ese sentido, y regido por el consejo directivo del Parque Nacional Coiba se está trabajando el plan de manejo del parque’, informa López.

La riqueza de la flora y fauna que hay en esta región tiene que darse a conocer para que vengan los visitantes, pero deben venir de una forma ordenada, que permita que las cosas se hagan permitiendo la sostenibilidad, que lo que yo vi hoy lo puedan ver otros más adelante y lo puedan venir a ver en igual o mejores condiciones. Si no, estaríamos haciendo las cosas mal’, asegura.

Uno de los puntos de mayor consenso en talleres y en consultas públicas ha sido, de acuerdo con López, la regulación de la capacidad de carga del parque. ‘Cuando llega mucha gente se genera también mucha basura y se pueden escapar muchas cosas de las manos, echando a perder el recurso que se tiene’.

Los manglares son otra riqueza del parque.

Castillo coincide con López en que el mayor reto para el parque es establecer su plan de manejo. ‘El reto es tener ya el producto final, que se cumpla a cabalidad y que lo veamos de buena manera, teniendo como norte la conservación de la isla, un desarrollo turístico sostenible, que se usen los recursos pero sin degradarlos’.

Para Castillo no solo el turismo puede llegar a ser una amenaza. También hay que prestarle atención al manejo de la pesca.

‘Debemos asegurarnos de que los pescadores artesanales conozcan y valoren lo que tienen, que no lo exploten, y creo que ellos se han dado cuenta de eso porque ya en otros lugares, por la explotación los recursos, se han visto limitados’.

El trabajo con las comunidades vecinas es clave, tanto para el buen desarrollo del turismo como para la conservación.

‘En la Anam muchas veces nos ven como un ente represor y nosotros tratamos de explicarles a los usuarios, ya sea de turismo o de pesca, el porqué de las cosas, por qué se restringen y por qué se dan de esta forma, y es porque queremos tener esta isla para toda la vida, para que las futuras generaciones la disfruten al igual que nosotros’, insiste Castillo.

En el caso del turismo, López también tiene sus experiencias. ‘Es difícil trabajar con las comunidades cuando éstas no están organizadas; se han hecho jornadas de sensibilización turística pues la idea es que que las personas vengan a conocer Coiba, pero que el desarrollo de esa actividad se refleje en las costas y, por supuesto, en las comunidades. En esos moradores que toda una vida vivieron en la orilla de una playa y que nunca pensaron que esas playas iban a ser tan codiciadas’.

El pasado de Coiba como penal, garantizó su presente como parque nacional y patrimonio de la humanidad.

> Cómo desarrollar y conservar

Al ser Coiba un parque nacional, no es permitida la explotación turística en su territorio, sin embargo, se considera por parte de la Anam establecer concesiones especiales que garanticen su sostenibilidad.

‘Una alternativa es establecer un par de áreas de desarrollo de bajo impacto, de unas 20 camas’, sostiene Castillo.

Por su parte, el Ipat ha generado lo que se llama una zona de amortiguamiento, para no sobrecargar el área del parque; en este caso, la zona 10 de desarrollo turístico.

Se trata del desarrollo de la costa en las áreas de Soná, Montijo, Río de Jesús y Mariato.

‘Que las inversiones se den en la costa, garantizará que la población se vea beneficiada, independientemente de que la inversión sea nacional o extranjera, que la gente pueda entrar al parque, disfrutar de él, con todas las reglamentaciones que debe cumplir y que salga. Esto permite que no se vaya a sobrecargar la región’, detalla López.

Queda mucho por hilar y se espera que pronto se establezcan las condiciones que permitan en el futuro disfrutar de una Coiba conservada, pero más desarrollada, con atractivos turísticos bien establecidos y con sus recursos naturales sanos y fuertes.

[parque
Visite Coiba
- Para visitar la isla se debe contar con la autorización de la Anam en las oficinas del parque. El único hospedaje disponible son las cabañas de la estación biológica.

- Las reservaciones deben hacerse con tiempo pues la capacidad de hospedaje es limitada

- Existen tarifas para nacionales y extranjeros tanto por la entrada al parque, el uso de las instalaciones, hospedaje y anclaje de la embarcación.

- El servicio de alquiler de botes se contacta en alguno de los puertos cercanos; considere el pago por el alquiler más el costo del combustible.

- Debe llevar todo lo que vaya a consumir pues en la isla no hay comidas ni bebidas para la venta.

- No piense en un viaje de menos de tres días si desea conocer los atractivos de la isla y lugares aledaños.

- Los visitantes deben regirse por el reglamento del parque.


 
 
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