Publicado el Viernes 02 de mayo de 2008
  Edición No. 945
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DIARIO DE MAMA

Baños para mujeres. . .
Julieta de Diego de Fábrega

Quería que el título para este artículo fuera ‘Baños para mujeres diseñados por hombres’, de forma tal que de un solo tiro supieran de qué se trataba. Sin embargo, tengo la sospecha de que no cabe en la caja que tengo asignada para dar nombre a mis artículos y de allí que empiece con esta explicación.

Yo me imagino que a muchas personas del sexo femenino les pasa lo que a mí: entran a un cuarto de baño en un lugar público que tiene afuera un letrerito con un personaje en falda y rapidito descubren que los cubículos podrían ser muy cómodos para la anatomía masculina, pero no tienen absolutamente nada que ver con las necesidades de las damas.

Tengo entonces que concluir que simplemente han sido diseñados por hombres que no tienen la más remota idea de cómo hacer que una mujer se sienta cómoda mientras ejecuta sus necesidades fisiológicas.

Empecemos con las cosas fáciles: El cubículo tiene que poder acomodar a la persona que entra, a un niño y por supuesto a lo que lleva en la mano. Debe ser más amplio aún si la puerta abre hacia adentro haciendo que colocar a todos los personajes antes mencionados (con sus respectivos chécheres dentro del mismo) sea casi imposible. Se me ocurre que la razón para que las puertas abran hacia adentro es para poder hacer el espacio general (o sea donde están los lavamanos y el área de espera) más pequeño, pero amigos, créanme que no funciona. Tiene uno prácticamente que pegarse a la pared como una estampilla para poder volver a abrir la puerta.

Necesitamos un gancho para colgar la cartera y éste no puede ser un artefacto minúsculo que salga de un lugar rarísimo dentro del cubículo. Debe ser un ‘gancho’ de los largos para que quepan cómodamente las tiras de la cartera que a veces son gruesas y en más de una ocasión son varias. Además, si estamos en un centro comercial lo más probable es que tengamos paquetes, así es que también deben caber en el mismo gancho o para que todo sea absolutamente perfecto en un segundo gancho.

Tiene que haber papel higiénico. Por amor de Dios, esto no es negociable, así es que ahí va el mensaje a los administradores de recursos que asignan un rollito por semana a cada cubículo. Entiendo que el papel anda caro pero la higiene personal no tiene precio. Y hablando de higiene, hay otro concepto que no logro entender y lo único que se me ocurre es que puede estar relacionado con la capacidad de los tanques sépticos y es aquel de ‘no tire el papel en el escusado’. Yo siempre había pensado que el servicio sanitario se había inventado para eliminar los olores de papeles cubiertos con desechos biológicos. Parece que me equivoqué.

Si en el lugar hay poca presión de agua pues se podría poner una notita que indicara que no se puede echar todo el rollo de papel al hueco de una sola vez o algo por el estilo, igual bastantes cartitas que deja la gente pegadas en las puertas de los sanitarios con toda clase de instrucciones llenas de faltas de ortografía. Y por la línea del papel higiénico, por favor, que esté colocado en un lugar que sea anatómicamente posible de alcanzar. En algunos cubículos lo ponen justo detrás del servicio sanitario en una posición que requiere que la usuaria sea una contorsionista bien entrenada y con años de experiencia para alcanzarlo. No es justo. Ahí está uno haciendo malabarismos con la cartera, tratando de mantener el balance para no tocar la tapa que está sucia (esto no es culpa de ningún hombre) y para rematar hay que dar vuelta sobre el eje central para alcanzar el cuadrito de papel que queda pegado en el rollito de cartón.

A todos aquellos hombres que han diseñado baños cómodos y fáciles de usar, mis felicitaciones, y a los que no, por favor lleven este instructivo en el bolsillo para el próximo.


 
 
 
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