Publicado el Viernes 02 de mayo de 2008
  Edición No. 945
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POR LA SOMBRITA

La novia antipática

Conozco a varios pobrecitos que cuando van del brazo de su novia tiemblan ante la idea de toparse con las compañeras de la oficina, pues semejante encuentro podría desatar otro incidente de la tajada de sandía.

Roxana Muñoz

No siempre puede una salir a la calle de punta en blanco. Hay días en que vas de apuro, con el cabello sin lavar, las sandalitas de siempre y un suéter cualquiera. Con ese atuendo me topé con un antiguo compañero de estudios que iba con su novia. Nos saludamos con alegría e inocencia. Les juro que él no me desvistió con la mirada ni yo le di un beso en la boca, pero por la cara que puso su novia poquito nos faltó para ello. Me despedí rápidamente y me quedé con la sensación de que al viejo amigo se le iba a formar un ‘trepaquesube’ por haber tenido la decencia de saludarme.

Da pena ajena encontrarse con un compañero de trabajo o un vecino en la tienda, que apenas nos puede mirar o saludar con el rabillo del ojo porque de lo contrario le salta al cuello la pareja. Qué feo eso.

Una puede imaginar la miserable vida que lleva ese hombre al lado de una persona así. Esa mujer celosa también debe vivir un infierno de inseguridad y desconfianza. A manera de chiste sangrón, en estas situaciones a veces me pregunto: ¿pero ella cree que su novio es Ricky Martin sin camisa? (casi nunca lo es, y la mujer que se empareja con un ejemplar de esos bien debe saber en lo que se está metiendo: todo el mundo se lo va a mirar).

Estas mujeres al lado de su hombre y en presencia de otras, no hablan, tuercen la boca, se transforman como Hulk. Miran a la dependiente que trata de venderle un club al novio como una quitamaridos.

Esa inseguridad enfermiza que demuestran no tiene nada que ver con lo físico. He visto a muchachas muy bonitas poner cara de doberman apenas su amorcito es saludado por la señora que atendía el quiosco escolar cuando él era un niño.

Quizá habrá hombres que disfruten de ser vigilados de semejante manera como si fueran la joya de la corona, pero a los que no les gusta, piensen bien en qué se están metiendo. La mujer celosa no cambia con el paso de los años, empeora.

Conocí a un señor de 75 años que todavía realizaba asesorías académicas; cada vez que a su casa lo llamaba alguna mujer para consultarlo, la esposa se ponía fúrica: ‘¿usted quién es?’, ‘¿para qué lo quiere?’, ‘¡él no está!’ y tiraba el teléfono.

Sé que luego de esas llamadas el señor tenía que pasar varios minutos calmando a la enfurecida esposa. Ella no le creía ‘el cuento’ de que era una cliente o una estudiante. Estaba segura de que era su nueva amante. No importaba si la que llamaba tenía voz de estudiante de primaria.

Una amiga me decía sobre este caso: ‘pero es que tú no sabes las que él le habrá hecho a esa pobre mujer’.

Puede que sí, hay muchos hombres mujeriegos, pero no creo que esos especímenes cambien por tener a una cancerbera por esposa.

El ser tan celosa solo puede terminar alejando a la persona amada. Qué más quisiera un hombre (si es emocionalmente sano) que tener a una novia de la que todo el mundo diga: ah qué chica más agradable. En vez de tener que escuchar:

—Allí viene fulano con la susodicha, ni le hables si no lo quieres meter en un problema.
—¿Por qué sigue con esa loca?
—Le gusta la mala vida.


 
 
 
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