No concebimos la vida sin polvos, labial y rubor, porque fueron creados para embellecernos aún más, pero de vez en cuando nos hacen pasar nuestro mal ratito
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Sales corriendo para una entrevista de trabajo. Sientes que todo fue maravilloso hasta que te miras al espejo y ves que pareces un mapache, pues la máscara se te corrió.
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Se han hecho tan chiquitos los estuches de las sombras y el rubor que caben perfectamente hasta en la cartera más pequeña, pero como no queda espacio ni para una esponjita, te los tienes que aplicar con los dedos.
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Estás enamorada perdidamente desde hace cinco años de un color de labial y ahora la casa de belleza decide dejarlo de fabricar.
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Te vuelve loca la quejadera de tu esposo de que demoras mucho maquillándote, pero el día que decides salir a la calle con la cara lavada te dice ‘¿pero, no te vas a poner ni cejas?’.
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Está de moda todo lo que diga gloss, pero cuando te lo pones lo único que consigues es verte como si acabarás de comerte una tortilla frita.
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Compras más de $50 en productos para que te atienda el maquillista estrella de la línea de belleza, y cuando te ves al espejo quieres gritar del espanto porque pareces un travesti.
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Decides ponerte máscara a prueba de agua porque sabes que corres el riesgo de llorar y sudar en la graduación de tu hijo, pero después pasas dos días tratando de quitarlo.
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Te acostumbraste a la nueva tendencia de que el rubor debería ser casi invisible, cuando de pronto regresa la moda de las mejillas sonrojadas, y ahora cada vez que te lo pones, sientes que te ves como un payaso.
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Exploras diferentes líneas de maquillaje y nunca encuentras un tono de base ni de polvo del mismo color de tu piel, y terminas pareciendo una geisha o como si te hubiera tostado el sol.
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Usas delineador a diario, y el día que se te acaba y no puedes ponerte, todo el mundo te pregunta ‘¿qué te paso?, ¿estás enferma?, ¿estuviste llorando?’.
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Pagas un montón de plata al dermatólogo y maquillista para quitarte el barro que te salió justo el día de la foto del quinceaños, y luego el fotógrafo te dice ‘no te preocupes, te lo quito con Photoshop’.
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Bajas del escenario luego de bailar en el conjunto típico de la oficina, y sales corriendo a un cumpleaños con tus hijos y todas las mamás se te quedan mirando como si estuvieras loca porque estás sobremaquillada a las 3:00 p. m.
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Te piden lucir ‘natural’ y tienes que invertir media hora y 15 productos en lograrlo.
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Sudas tanto que el mejor lugar para maquillarte es el carro, porque tiene aire acondicionado, y terminas maquillándote siempre al apuro y frente a espejos bien chiquitos.