Publicado el Viernes 09 de mayo de 2008
  Edición No. 946
| Inicio | e-mail | Foros | Favoritos | Buzón | ? |
Secciones  
Sólo para ellas
Sólo para ellos
Ventana abierta
Por la sombrita
Esta semana
Conversación
Finanzas
Belleza
Salud
Lista de Ellas
Diario de mamá
Moda
Evento
De la cocina
Horóscopo
Ediciones anteriores
Suplementos  
Martes Financiero
Pulso de la Nación
Recetario
AprendoWeb
EL PERSONAJE

Luis Eduardo Sagel
Veinte años de risas

Este mes se cumplen 20 años de la existencia de uno de los payasos más famosos de nuestro país. Pin Pin nos cuenta su vida, con y sin maquillaje. Esther M. Arjona

Pin, pin cayó Berlín pon, pon cayó Japón. Justo en el momento en que Luis Eduardo Sagel se preguntaba cómo llamaría a su personaje, lo escuchó en la radio.

Esos días no habían sido fáciles, su primer hijo nació el día siguiente al cierre de los bancos panameños en 1988 y algo había que hacer para comprar la leche y los pañales, pues la aseguradora donde fungía como gerente de mercadeo, sencillamente no le podía pagar.

‘Tiempo de crisis, tiempo de oportunidades’, pensó Sagel, y luego de pensar en algunas opciones se fue por lo seguro. ‘La gente tiene que comer de todas maneras’, recuerda. Primero vendió empanadas preparadas por su suegra, luego preparó unos paquetes de vegetales, frutas y legumbres llamados ‘crisis pack’, y los vendió en barriadas donde la gente no quería salir para no encontrarse con las manifestaciones. Después distribuyó camarones en restaurantes.

Cuando una amiga le pidió que le prestara, para un cumpleaños, un traje de payaso que la aseguradora había utilizado en unas promociones, Sagel le dijo: ‘¿Prestar? Estamos en tiempo de guerra y en tiempo de guerra no se presta ni se regala nada. Se alquila o se vende’.

Ella accedió a alquilarlo, para enfrentarse luego al problema de que nadie se lo quería poner. ‘¿Ese es tu problema? Ya no lo tienes, yo me voy a vestir de payaso, pero eso te va a costar’.

‘Te lo voy a pagar para reírme de ti’, le dijo su amiga. Reflexiona Sagel que el problema de los panameños es que por el temor al qué dirán no se lanzan a hacer cosas.

‘Lo que no me imaginé es que cuando me vistiera de payaso, ese vestido nunca me lo iba a poder quitar’.

Uno de sus vecinos alcanzó a ver a un payaso que estaba metiéndose en el carro de Sagel.

‘Oiga, salga de allí’, escuchó. ‘Hay que ir a buscar los billetes’, le dijo al señor, quien, además de reírse, llamó al resto de los vecinos para que hiciesen lo mismo. De ellos surgió la pregunta ¿Cómo se llama el payaso? La respuesta se la dio el estribillo de la famosa guaracha de Cascarita, llamada El pin pin, que escuchó apenas arrancó el carro.

> Nace Pin Pin

Como ese era el único día en que pretendía hacer eso, se propuso gozar sus 15 minutos de fama cuando en las calles los demás conductores y transeúntes lo saludaban. ‘Total, nadie me va a conocer’.

Llegó a la fiesta, en la que participaron niños y no tan niños. Al final, como una mera formalidad, Sagel dejó saber sus contactos por si alguien estuviese interesado en contratarlo. Pensó que todo terminaría allí.

‘Empezó la gente a llamar y llamar y llamar. Ese mes tuve 25 cumpleaños a 60 dólares’.

Y Sagel tomó ese fenómeno de mercadeo más en serio. ‘Empecé a ver quiénes estaban en el mercado, ver qué hacían, qué me gustaba y qué no, y comencé a armar mi producto Pin Pin. Le di todo un perfil, con 53 ideas de lo que se podía lograr. Al día de hoy hemos logrado el 90% de lo que hay en esa lista’, cuenta.

Incluyó canciones originales, un programa de televisión y hasta un parque de diversiones.

Seis meses después de haber iniciado el proyecto renunció a la compañía de seguros pues ganaba más dinero como payaso; cerraba un mes de trabajo haciendo unas 55 presentaciones.

Luis Sagel tiene 21 años de casado y una familia muy unida. ‘Mis hijos siempre han estado orgullosos de que su papá sea un payaso’. Cortesía

> Vida de payaso

No todos los niños son unos angelitos, y eso lo sabe alguien que se gana la vida entreteniéndolos.

‘A veces he tenido que enseñarles disciplina y ponerles reglas, a pesar de los propios padres. Una vez, un grupo de niños no quería hacer la fila para la piñata, todos querían ir de primero. Les dije que si no hacían la fila iba a reventar la piñata’, recuerda.

No hicieron caso y cuando vieron la piñata rota, se quedaron pasmados.

A la semana siguiente, el grupo de niños celebraba el cumpleaños de otro de sus amiguitos. A la señal de romper la piñata, todos hicieron fila.

Con los adultos, la historia es diferente. Pin Pin recuerda que en una ocasión fue contratado por una gasolinera para repartir pastillas a los clientes que asistieran con sus niños. ‘Me pagaban 100 dólares la hora y en un fin de semana trabajaba nueve’.

Eso no lo sabía un hombre que en un carro desvencijado, al ver al payaso se acercó a su hijo y le dijo: ‘¿Ves hijo, por qué te digo que estudies?, para que cuando crezcas no tengas que andar de payaso’.

Pin Pin le dijo al niño: ‘Tu papá tiene razón, tienes que estudiar mucho para que puedas comprarte un carro y una casa muy bonita. . . ’.

El padre quedó sin palabras.

Y es que es muy común pensar que los payasos son personas sin profesión que sobreviven de hacer reír a los demás, a costa de ellos mismos.

Creció la fama, en año y medio todo Panamá sabía quién era Pin Pin. Sin embargo, le tomó cinco años entrar en la televisión.

Televisora Nacional le dio la oportunidad y su espacio incluso le hizo mella a un dúo de payasos que estaban muy bien posicionados en la escena local: Pepina y Tortón.

‘Yo pensaba que este era un gran negocio, ya había logrado dinero y fama, todo a base de trabajo, porque cuando me metí en esto tiré a ganar’, comenta Sagel. Lo que no había contemplado es que alguien más arriba tenía otros planes.

Sagel dirige las empresas Dreams Inc. , Financial & Business Corp. y Promotora Colonial. La Prensa | Eric Batista

> El jefe y Pin Pin

‘Todos tenemos una misión en la vida, un propósito que cumplir’, afirma Sagel, ‘y me di cuenta de esto un día que me dirigía a un cumpleaños’.

Cuenta que una fuerza que no entendía de dónde venía le sacudió. ‘Haz una oración en esta casa’, escuchó en el elevador que lo llevaba a la fiesta. ‘¿Qué pasa?’ se preguntó. ‘No puedo hacer esto, la gente va a pensar que estoy loco o que soy un fanático religioso’.

Cuando llegó a la fiesta su confusión fue mayor; se trataba de una fiesta de despedida que se le hacía a un niño enfermo que debía someterse a una delicada operación con muy pocas probabilidades de éxito.

Decidió hacer aquello que se le había encomendado. Los presentes participaron de la oración y a la semana siguiente Pin Pin se enteró de que todo había salido bien.

‘Alexander está vivo el día de hoy y es el primero en llamar por teléfono todos los sábados a mi programa de radio’, asegura.

‘Allí me convencí de que Pin Pin no era un negocio, sino una misión’, dice, contando que vivió una lucha interna, pues si bien sentía un llamado de Dios, ‘el Jefe’, como él lo llama, su mente le decía que mejor no hablara de él en televisión, o en los cumpleaños porque ‘lamentablemente cuando uno habla de Dios la gente empieza a sentirse incómoda’.

‘Este negocio no era mío como yo pensaba, era de Dios, y así como él me lo dio, para darme una lección, me lo quitó. Ese fue el error más grande de mi vida’, dice.

> Vacas flacas

Sagel era fiador de un préstamo bancario cuyo titular falleció. Al no darle seguimiento al asunto, de lo próximo que se enteró fue del embargo que lo dejó prácticamente sin un centavo.

‘Quedamos limpios, nos cerraron las puertas los bancos, las televisoras, todo el mundo nos cerró las puertas, porque lastimosamente hay tres cosas que huelen mal: el pescado, el muerto y el limpio’, asegura.

Cuenta que estuvo a punto de renunciar a todo, pero Pin Pin seguía permitiéndole pagar la comida del día y la educación de sus hijos. Cuando menos lo esperaba, recibía una llamada para contratar al payaso.

Poco a poco fueron pasando los tiempos de las vacas flacas. ‘Dios me lo dio todo de vuelta, pero tengo que decir que él me lo ha dado’, establece. ‘Ahora tenemos dinero, una empresa próspera’.

Y es que Sagel, sin disfraz de payaso, está desarrollando proyectos inmobiliarios desde una moderna y amplia oficina en un edificio de lujo del área de negocios de la ciudad.

‘Vamos a cambiar el concepto de barriada, vamos a levantar el nivel socioeconómico y cultural, inicialmente del panameño y más adelante de otros países del área’.

Estos sueños corporativos están muy relacionados con el camino que iniciara Pin Pin. ‘Me di cuenta por qué tuve que pasar por la escasez, y por todos los lugares donde ha ido Pin Pin para entender las necesidades de los demás. . . Pude encontrar el propósito que Dios tenía en mi vida y encontré que la esencia de Dios está dentro de nosotros, no en la religión’. Por eso, no teme que consideren que está loco cuando le escuchan hablar de esa forma.

[hoy
Pin Pin
‘Me quito el saco y la corbata y me voy a hacer cumpleaños gratis, gracias a Dios ya no dependo de ellos para comer, pero que los hago con todo el amor, con todo el cariño’, dice Luis Sagel.

Pin Pin maneja una campaña de valores que lleva a cabo en escuelas de todo el país. Además de eso, mantiene un espacio radial semanal y continúa haciendo presentaciones privadas, muchas de ellas a hijos de los niños a cuyos cumpleaños asistió hace muchos años.

‘Estos han sido mis 20 años más felices’, asegura Sagel.


 
 
ESTA SEMANA
Veinte años de risas
Al mejor postor
Nuestras manos salvan vidas
 
Corporación La Prensa - Todos los Derechos Reservados 2007