Publicado el Viernes 23 de mayo de 2008
  Edición No. 949
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DIARIO DE MAMA

Quien más lo necesita
Julieta de Diego de Fábrega

Este fin de semana que pasó estaba viendo una película en televisión, o más bien un pedazo de una película, que es lo que generalmente suelo hacer, pues poco coincido con los principios, y escuché a uno de los personajes de la historia decir ‘quienes son más difíciles de amar, generalmente son quienes más lo necesitan’.

Me pareció una frase interesante y, aunque seguí viendo la película, me pasé más tiempo dándole vueltas a este comentario en mi cabeza que tratando de entender por dónde iba la secuencia de eventos en el filme.

En algún momento de ocio en el resto del fin de semana me puse a buscar en la web quién era el autor de esta cita tan profunda, pero me fue imposible encontrarlo. Lo que sí encontré en el camino fue un montón de blogs en los que la gente comentaba sobre un reguero de circunstancias en sus vidas a las cuales esta frase se aplicaba. De hecho, yo andaba más o menos por esa onda, recordando instancias en que había querido desde el fondo de mi corazón odiar a alguien porque esta persona había hecho todo lo posible para que yo la odiara.

Yo me imagino que ustedes conocen a gente así, insensible, egoísta, malcriada, medio inútil, con ínfulas de genio, en fin, personas insoportables. El tan solo estar en presencia de ellas nos hace sentir incómodos pues se despiertan en el corazón todos esos sentimientos que desde chiquitos nos han dicho que son malos y ameritan una confesión. Sin embargo, cuando uno hace un esfuerzo por ver más allá de lo obvio se da cuenta de que no son más que personas solas, tristes, inseguras y con una necesidad enorme de ser amadas.

¿Cómo conjugamos ambas cosas? ¿Cómo hacemos para darle amor a una persona que parece decirnos ‘no lo quiero’? ¿Cómo logramos quererla a pesar de sí misma? Les digo que no tengo la respuesta. Estas son preguntas sobre las cuales uno tiene que deliberar por largo tiempo, si no por toda la vida.

A esta confusión debemos sumar que muchas veces estas personas que despiertan en nosotros sentimientos que no nos gusta ‘sentir’, valga la redundancia, pueden ser sumamente cercanas en términos afectivos. En los blogs, por ejemplo, encontré comentarios de un hijo que luchaba por ‘querer’ a su madre que le había hecho la vida de cuadritos. Uno podía sentir la desesperación a través de las palabras, se podía percibir el amor a pesar de todo y la imposibilidad de manifestarlo abiertamente. Debe ser horrible estar atrapado en una situación como esta.

Igual que hijos, encontré hermanos, compañeros de trabajo, ‘amigos’ (esta es una de las situaciones más complicadillas porque las otras no las escogemos), hermanos de los amigos, en fin, todos tenemos una persona que detestamos, pero que en el fondo amamos y quisiéramos que se dejara querer a las buenas.

Me pregunto si por el carácter de estos personajes convendrá empezarlos a amar ‘a las malas’ y tener paciencia a ver si se acostumbran y un día cualquiera se deshacen de la barrera que se han puesto para protegerse del amor del mundo, y no sólo se dejan querer, sino que empiezan a devolver un poco de ese amor que las personas a su alrededor generosamente les regalan.

Es complicado el asunto, yo digo que es una de esas situaciones que nos hace dar gracias a Dios por los psicólogos, pues se requiere de mucho esfuerzo y orientación para querer a alguien a pesar de sí mismo, pues al final la verdad que prevalece es que, aunque suene feo, uno es responsable por quererse a sí mismo, por respetarse, es imposible pedir que otros quieran lo que uno odia.

Tan sencillo como eso. Así, volviendo a las preguntas iniciales de cómo hacerle para querer a estas personas, yo digo que hay que empezar por lograr que se miren al espejo y empiecen a descubrir las cosas buenas que albergan en su corazón. Una vez que se empiecen a aceptar, entonces empezarán a aceptar el amor de terceros.


 
 
 
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