Publicado el Viernes 23 de mayo de 2008
  Edición No. 949
| Inicio | e-mail | Foros | Favoritos | Buzón | ? |
Secciones  
Sólo para ellas
Sólo para ellos
Ventana abierta
Por la sombrita
Esta semana
Conversación
Finanzas
Belleza
Salud
Lista de Ellas
Diario de mamá
Moda
Evento
De la cocina
Horóscopo
Ediciones anteriores
Suplementos  
Martes Financiero
Pulso de la Nación
Recetario
AprendoWeb
POR LA SOMBRITA

Bajo el sol que pica

Qué rico huele la ropa secada al sol. Qué bueno es empezar a vivir en un día soleado. De todos modos, al astro rey preferimos disfrutarlo desde la sombra.

Roxana Muñoz

Para diferenciar a los panameños de los extranjeros en una playa, fíjese en quiénes huyen del sol.

Mientras argentinos, holandeses, suecos y compañía limitada se tienden descaradamente sobre la arena, los panameños buscan un ranchito, una penca o cualquier sombra para ponerse a salvo. Gorras, sombreros, anteojos, toallas y todo tipo de bloqueadores solares nunca nos sobran.

A quienes nacimos en esta tierra donde a una hora hace sol, luego llueve, después vuelve el sol y capaz de nuevo llueve, nos parece una extravagancia que en otros países gente buena y sana corra en verano a acostarse sobre la hierba del parque sin camisa con tanto gusto como lo hacemos nosotros en una hamaca bajo un palito de mango.

Menos entendemos que en sus restaurantes dispongan afuera, a pleno sol, de sillas y mesas para almorzar, y que los comensales acepten de buena gana esos lugares. Y no es que seamos tan ingratos con respecto a la luz que da vidaa este planeta, el asunto es que la respetamos.

Crecemos escuchando el timbre de voz de abuelas y tías gritándonos: ‘¡chiquillos no tomen sol!’, ‘¿Por qué van descalzos en ese piso caliente?’, ‘Pónganse una gorra’. El sol, según los mayores, hay que dejárselo a las iguanas, gallotes y talingos. En los humanos causa dolor de cabeza, mal de orine y farachos.

A nosotros, tan cerca del ecuador, el sol nos trata duro. Por estos lares a nadie se le ocurre descansar en cualquier banca al medio día, ni meterse a loco y sentarse en un carro que ha sido estacionado sin sombra que le ampare. Y hay días en que el calor nos llega hasta las plantas de los pies.

Los conductores de profesión ven cómo su brazo derecho cada vez se hace más oscuro. Vean, allí hay un nicho por explorar, por mientras, hace unos días vi a un taxista llevar en un brazo derecho algo muy parecido a una pierna de pantalón jean. Pensé que era una nueva moda, pero en el brazo izquierdo no la llevaba. Me dijo que había adaptado esa pieza para protegerse del sol. No es por nada que en el interior los campesinos trabajan con camisa manga larga.

La única temporada en que vemos a personas abusando del sol es en carnavales, eso sí es un verdadero abuso. Y después del gusto, el disgusto. Tras los cuatro días de mojadera la gente regresa a sus casas morada. Sus propias madres apenas los reconocen. Algunos mudan de piel —se despellejan.

Por ser tan expertos en sol nos llevamos uno que otro fiasco. No creemos en nuestro primer viaje a un país frío que la ropa demora semanas en secarse. Pero, si aquí la ropa, generalmente, se seca facilito.

Igual nos agarra por sorpresa visitar una playa de otro país y descubrir que a pesar del sol hace frío, ¡insufrible! Entonces extrañamos nuestro sol que pica.


 
 
 
Corporación La Prensa - Todos los Derechos Reservados 2007