Pantimedias a la baja
En un departamento de ropa interior casi choco con un estante que contenía unas prendas consideradas por mí extintas. Sí, todavía se venden medias para mujer.
Roxana Muñoz
Buena es la niñez. Lástima que uno la desperdicie suspirando por crecer, porque nadie nos mande y por poder ir adonde uno quiera.
La realidad nos da un pescozón: Tres cuartas partes de la vida la vamos a pasar deseando no crecer más.
¿Ir adonde uno quiera? ¡Ja! ¿con qué plata?
¿Qué nadie nos mande? Para eso están los jefes y hasta el jefe tiene el suyo.
Mi niñez la desperdicié suspirando por usar pantimedias. ¡Qué matadora se ve una mujer poniéndose un par transparente en la televisión! ¡Qué bonitas se les veían a mis maestras! Llevarlas, decía yo, equivalía a ser toda una mujer elegante y bella.
Desengaño. Las pantimedias resultaron otro espejismo de la vida adulta.
Sí, le dan un toque de soberbia elegancia a las piernas, pero son esclavizantes.
Empecé a usarlas para trabajar. Me las ponía con mucho cuidado para no dañarlas con mis uñas. Luego debía ingeniármelas para subir al autobús o al taxi y salvarme de un tornillo viejo o del tacón mal puesto de otra que también tuviera medias. Al llover, y vaya si llueve en este país, se ensuciaban.
Encontrar el color adecuado no era fácil. Varias veces terminé con un par muy claro o uno muy oscuro. Compraba veladas, de las otras huía porque me recordaban a las que usaba una profesora de secundaria para las várices.
Como soy de estatura pequeña siempre me quedaban grandes. Se me caían como bolsitas a media pierna, y me daba cuenta de su vergonzoso estado en la puerta de la oficina del personaje que iba a entrevistar.
Algunas profesoras en la universidad decían que era una indecencia usar faldas sin ellas.
Indecencia, descubriría yo, es gastarse la mitad del sueldo en medias, porque no duran nada.
Al lavarlas hay que hacerlo con más cuidado del que pone una mamá primeriza para bañar a su recién nacido. De todos modos se rompen.
¿Mencioné que en este calor panameño son una tortura?
Una de las chicas del salón de belleza me confesó que hace muchos años trabajó en una oficina donde le exigían llevar medias. Gastaba tanto en ellas que en el almacén le llegaron a hacer descuento. Si en la mañana se le rompían tenía que correr a comprar antes de ir al trabajo. Llegaba tarde. Cuando empezó en el negocio de la peluquería, una de las cosas que más le alegró fue librarse de esa compradera de medias.
Pasaron de moda y casi todas nos libramos de su uso. Ni siquiera recuperaron auge cuando las faldas volvieron a ser populares.
Aún así, no niego que las piernas femeninas se ven muy seductoras con unas buenas pantimedias. |