Para esto sí quiero fortuna
Cuando el Vaticano incluyó entre los nuevos pecados el narcotráfico y la contaminación ambiental, faltó agregar el hacer ruido a los vecinos.
Roxana Muñoz
Siempre he opinado que el dinero en exceso solo trae complicaciones, manzanillos y hasta salazón, como le pasa a los Kennedy. Además, como no tengo, qué otra cosa esperan que diga.
Pero a veces ocurre algo que sacude mis convicciones y me hace pensar: ‘para esto sí quisiera tener fortuna’.
Hace una semana leí en la BBC. com que unos científicos están desarrollando un manto de invisibilidad acústica.
Si la nota se hubiera titulado: ‘Científicos trabajan en manto de invisibilidad acústica’, ni frío ni calor que me daba, y paso de largo. Pero el titular era: ‘No más vecinos ruidosos’.
Estos científicos —benditos sean— aseguran que su invento protegería nuestros sagrados hogares del ruido del que vive al lado. (Vecina mía, esto no es con usted, que va derechito al cielo de los buenos vecinos, más vacío que el de los que no dicen palabras sucias).
Tras justo y necesario paréntesis para cepillar a mi vecina —ustedes comprenderán— continúo diciendo que mi mayor temor es mudarme cerca de gente escandalosa.
Hace muchos años viví junto a las personas más bulleras de Panamá, y se los demuestro cuando quieran.
El viernes a las 6:00 de la tarde encendían la radio a todo meter y no la apagaban hasta el domingo a las 10:00 de la noche. Por culpa de ellos odio al Buki, detesto a Leonardo Favio (Hoy corté una flor y llovía, llovía. . . ) y me paralizo cada vez que escucho: ‘Ana María, dime qué sientes cuando me paro así de frente. . . ’. No más escribirlo, se me sube la presión.
Que Dios me perdone, pero me alegraba cuando se les dañaba el componente o se les rayaban esos discos que me hacían escuchar hasta el cansancio. Prefería, mil veces, que se fuera la luz. Yo tenía que estudiar con vela, pero por lo menos había silencio ¡amado silencio!
En ocasiones el vecino del otro lado se ponía tan furioso por semejante escándalo que a manera de contraataque ponía a todo volumen música de Yin Carrizo, Dorindo Cárdenas y Ceferino Nieto.
Cuando los fanáticos de Leonardo Favio no estaban en casa, algún otro vecino tenía la idea maravillosa de cortar su césped/ herbazal los domingos a las 6:00 a. m.
Y si no había Buki ni máquina de césped estaban las mamás gritando: Junieerrrrrrrr. . . Yariiiiiiiiiiiii.
Vivir con gente ruidosa es peor que protagonizar la película Durmiendo con el enemigo. Por lo menos Julia Roberts se pudo arrojar al mar, fingirse ahogada y escapar del esposo maniaco. Pero cómo se zafa uno de los bulleros, a menos que venda la casa, y bulleros hay en todas partes. Le paso un dato: jamás le pida a un escandaloso bajar el volumen a su música porque lo subirá por pura maldad.
Qué pena me da no tener el dinero de Bill Gates para ponerme ya mismo en contacto con esos investigadores y ver cuánto hace falta para que el manto de protección acústica esté lo antes posible al alcance de todos.
|